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Los protagonistas de una revuelta vecinal que comienza a dar frutos

La asociación Calles Dignas ha unido a los vecinos de Pignatelli en su lucha por lograr un barrio más seguro y acogedor.

El presidente de Calles Dignas, Carlos Blanco, junto a otros miembros del colectivo, en Pignatelli.
El presidente de Calles Dignas, Carlos Blanco, junto a otros miembros del colectivo, en Pignatelli.
José Miguel Marco

"Un día, la farmacéutica me dijo que éramos muchos lo que nos quejábamos de la situación del barrio cuando hablábamos con ella. Me pidió permiso para dar mi teléfono a otros vecinos y ponernos así en contacto". Con este relato, Carlos Blanco, presidente de Calles Dignas, recuerda el germen de una asociación que ha logrado situar sus reivindicaciones entre las prioridades de los políticos. En concreto, piden medidas para revitalizar el sector Pignatelli, frenar la delincuencia y mejorar la limpieza y la convivencia de sus calles.

Las primeras reuniones comenzaron hace dos años, pero el brote de delincuencia del verano de 2019 y la continua degradación urbanística les hizo dar entonces un paso más para constituirse como asociación. "Cada uno nos repartimos en diferentes áreas en función de nuestras habilidades", comenta Blanco, que detalla que "no se ha cerrado la puerta a nadie, solo se ha exigido educación".

"Para mí fue como una tabla de salvación", confirma Carmen Pérez, vecina de Agustina de Aragón desde 2013. "Vivir aquí es un lujo, a dos minutos del centro, sin necesidad de coche", comenta para lamentar, a continuación, la situación social y urbanística del barrio. "Al principio pensaba que estaba sola, pero cuando me puse en contacto con el resto de vecinos vi que podíamos hacer algo", dice.

Yolanda Galindo tampoco dudó a la hora de participar en el movimiento vecinal que ha puesto el foco en el sector Pignatelli. Al fin y al cabo, ella es nativa de sus calles. "Mis padres, de 73 y 67 años, han vivido aquí toda la vida y yo me quedé", comenta. "Cuando era pequeña esto era como un pueblo, mis vecinos son como mi familia, pero ahora todo el mundo se ha ido", lamenta.

"Cuando era pequeña esto era como un pueblo, mis vecinos son como mi familia, pero ahora todo el mundo se ha ido"

"La asociación nos ha permitido conocer a gente fantástica, recuperar una relación como las de antes", corrobora el presidente de la entidad. Su labor, en cualquier caso, sigue adelante. Tras lograr la atención mediática y política, y mejoras como la próxima instalación de cámaras de vigilancia, el refuerzo de la presencia policial o el programa de rehabilitación ARRU, siguen reclamando mayor limpieza, la regeneración urbanística de sus calles y equipamientos con los que atraer a nuevos vecinos.

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