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"Se alquila piso... Abstenerse estudiantes"

Las reticencias a tener universitarios como inquilinos tienden a desaparecer ante la incertidumbre del sector inmobiliario. Los estudiantes son "clientes rentables", a pesar de esporádicos episodios de destrozos cacareados en las redes sociales.

ALQUILERES PARA ESTUDIANTES / UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA / 30/08/2011 / FOTO : OLIVER DUCH [[[HA ARCHIVO]]]
Uno de los tablones para anuncios del campus de San Francisco.
Oliver Duch

Ante el inminente y atípico regreso a las aulas, cientos de universitarios han emprendido ya la búsqueda de un piso de alquiler. Se calcula que son más de 6.500 los alumnos que cada año llegan procedentes de otras comunidades o países para estudiar un grado en Zaragoza, y lo más habitual es que se alojen en pisos de alquiler, aunque la oferta se amplía con colegios mayores y residencias. Antiguamente en muchos carteles en los portales de las viviendas se añadía la coletilla ‘abstenerse estudiantes’, pero esta tiende a desaparecer ante la actual incertidumbre del mercado y porque “los universitarios son un cliente rentable”, explican los expertos del sector inmobiliario.

Generosas fianzas o avales de los progenitores son algunas de las fórmulas para que el propietario pueda estar tranquilo y se asegure de que los jóvenes no van (poco menos que) a destrozar la vivienda. De hecho, los estudiantes “son un colectivo con alta garantía de pago” y hay pisos, sobre todo en la zona de Romareda y Universidad, ‘ad hoc’ para ellos. “Buscan una tipología muy concreta y que estén siempre amueblados. Se sitúan en la zona de la Hípica, Bretón, Corona de Aragón y, en general, próximos al eje de tranvía que comunica los dos campus”, explican en Fincas Pinilla. Comentan que estas semanas de agosto el mercado está más parado, pero el alquiler de pisos a estudiantes es la gran ‘esperanza blanca’ en los próximos meses. 

El precio medio de la habitación varía entre los 180 euros y los más de 300, y lo general es que sean 3 o 4 estudiantes los que compartan gastos y vivienda. El inicio del curso académico puede dar alas a un sector en el que también se percibe la incertidumbre de la crisis sanitaria y sus derivadas. Por ejemplo, el hecho de que este año hayan subido las notas de corte provocará que haya más movilidad de estudiantes entre Comunidades Autónomas, lo que puede azuzar también un mercado del alquiler aún timorato por la pandemia. Muchos alumnos están pendientes de las sucesivas cribas para ver qué carrera acaban haciendo, por lo que la habitual demanda de alquileres puede retrasarse unas pocas semanas más, consecuencia de que también tuvieran que posponerse las pruebas de acceso a la Universidad, tal y como apuntaba recientemente el presidente del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria (Coapi) en Aragón, Fernando Baena.

Sobre el ‘abstenerse estudiantes’, explican los agentes de la propiedad que tal exigencia se debe a que los caseros prefieren “una fuente de ingresos más estable, generalmente, procedente de familias”. Los estudiantes apenas aguantan unos meses en el piso y ciertos propietarios se asustan también de lo que puedan hacer tres o cuatro chavales adolescentes, sobre todo, cuando ven exagerados hilos de Twitter con imágenes de barrabasadas estudiantiles y de cómo algunas viviendas acaban pareciendo campos de batalla. Lo más habitual, sin embargo, no son grandes destrozos sino que los daños se limiten a alguna que otra raya en el parqué (que los estudiantes disimulan con alfombras aunque sea agosto), una persiana desencajada o un horno microondas fastidiado por el exceso de uso.

En los contratos se indican los derechos y deberes del inquilino y, como es natural, se pone negro sobre blanco que el casero reparará lo “imprescindible para tener unas condiciones óptimas de habitabilidad” (salvo “roturas provocadas por malos usos”). Por su parte, el arrendador “no podrá llevar a cabo actividades molestas, ilegales, nocivas o peligrosas” (ojo estos días con las piscinas hinchables en las terrazas). Por cierto, los propietarios no pueden hacer ‘visitas sorpresas’ porque en la mayoría de contratos se indica que el casero sólo podrá entrar si tiene permiso del inquilino para no violar la privacidad de los estudiantes. Para evitar malentendidos conviene que se defina también la cuantía y la finalidad de la fianza, que no debe ser otra sino la de “garantizar que el arrendatario devolverá el objeto arrendado en las mismas condiciones que tenía en el momento de ser firmado el contrato".

Este curso tan singular también se están adoptando medidas especiales en otros regímenes de alojamiento como pueden ser las residencias de estudiantes. A finales de junio el Boletín Oficial de Aragón publicó la convocatoria de plazas para las dos residencias de estudiantes que gestiona directamente el Instituto Aragonés de la Juventud (las residencias de Ramón y Cajal de Zaragoza y La Almunia) y este curso “por la necesidad de adoptar medidas sanitarias que solo permitirán alojar a una persona por habitación”. “Este año, todas las habitaciones serán en modalidad individual y se establecerán protocolos para la gestión de las zonas comunes y el comedor”, señala el director gerente del IAJ, Adrián Gimeno.

De vuelta a los pisos de alquiler, son cada vez más los alumnos que recurren a las redes sociales para buscar techo, dejando atrás los tablones del campus, el rastreo por las agencias o el tradicional pero infalible ‘patearse’ las calles del entorno de la facultad. Así se evitarían algunas trampas como que en varias webs se anuncian pisos para estudiantes en Zaragoza “a escasos metros del Pilar”, zona en la que no hay centros académicos pero sí da confianza a quienes vienen de fuera. Los más avezados recurren a las páginas del Cipaj, a los portales inmobiliarios o a la bolsa de alojamientos que gestiona la propia Universidad, a la que se suman los pisos de un programa especial de Zaragoza Vivienda.

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