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Rafael Monteil, enterrador de Torrero: "Lo más duro es ver que solo tres personas despiden al finado"

Rafa Monteil forma parte de la brigada municipal del Cementerio de Torrero desde hace tres años y medio. Desde que se desató la crisis sanitaria del coronavirus, hay días que su trabajo se ha duplicado.

Rafael Monteil, de las brigadas municipales del Cementerio de Torrero, con parte de las lápidas retiradas en el mes de marzo.
Rafael Monteil, de las brigadas municipales del Cementerio de Torrero, con parte de las lápidas retiradas en el mes de marzo.
Oliver Duch

En el Cementerio de Torrero apenas se percibe actividad. Pocos viajeros en los autobuses que llegan hasta los primeros panteones y solamente una persona en la puerta del tanatorio, donde de normal suele haber varios corrillos de fumadores o familiares que buscan un respiro del interior. No es que no haya menos servicios, al contrario, se han incrementado. Lo confirma Rafa Monteil, miembro de la plantilla de la brigada municipal de este camposanto desde hace algo más de tres años.

¿Qué sensación le transmite el cementerio estos días?

Es más triste porque no viene nadie. Bueno, alguien se escapa porque se acercan cumpleaños o aniversarios, pero no merece la pena arriesgarse a una sanción. La Policía Local patrulla también por aquí para que las normas se cumplan.

¿Se ha incrementado su trabajo?

Antes realizábamos unos 10 o 12 servicios al día, ¡14 como máximo! Sin embargo, ahora tenemos picos de 18, 20 y 22. Esos números son solo de los que se entierran, hay otros que se incineran. De hecho, el Ayuntamiento ha aumentado la plantilla, han venido nueve compañeros más para reforzar los turnos. Ya nos avisaron de que si había un repunte tal vez nos tendríamos que ampliar la jornada de forma puntual.

¿Cómo afronta este contexto?

Están siendo días muy tristes. Trabajar en un cementerio es triste, pero ahora más en esta situación. Ese sentimiento aumenta porque se han muerto solos, no les han podido velar y los enterramos casi sin nadie.

¿Ha enterrado a alguien sin acompañantes?

Sí. Durante la primera semana de confinamiento los de Covid-19 eran sin nadie. Pero, antes de esta situación ya había enterrado a gente sin familiares.

¿Cómo es esa sensación?

Es diferente porque antes venían de una ceremonia. Ahora te involucras más porque ves que se va una persona y no tienen aquí a nadie que le despida. Pero no te puedes sacar el trabajo de aquí.

¿En quién se apoya?

En mi familia. Cuando llego está mi mujer y mis dos criaturas confinadas que me embolican la cabeza. También entre los compañeros hablamos mucho porque intento no llevarme nada a casa. Los compañeros somos como un paño de lágrimas. Al principio me fijaba en las fechas, pero después lo mecanizas. Es diferente cuando te toca enterrar a un niño, esa semana estás derrotado para el resto de los días. Ahora te enteras menos de quién es el finado porque solo viene tres familiares.

"Entre los compañeros hablamos mucho porque intento no llevarme nada a casa. Los compañeros somos como un paño de lágrimas"

¿Eso es más impresionante?

Lo más duro es ver que solo tres personas despiden al finado, pero también impresionan las medidas de protección que hay que tomar.

¿Cómo ha cambiado el protocolo?

Cuando es de Covid-19 nos protegemos con unos monos blancos y delimitamos a la familia para que no se acerque a nuestra zona de trabajo. También desinfectamos la caja, aunque ya viene esterilizada del tanatorio. Cuando acabamos el entierro, nos desinfectamos nosotros también, nos quitamos los EPIS, guantes y lo tiramos todo a un contenedor. Los entierros de coronavirus con familia son a las 7.00 para que no coincidan unos acompañantes con otros ya que pueden portar el virus y ser asintómaticos.

¿Ha cambiado mucho su labor?

Lo único que ha variado es que ya no ayudamos a sacar las flores, no las podemos tocar tras el último protocolo. Solo manipulamos la caja o la urna de cenizas si se quiere meter al nicho. Desde que irrumpió el coronavirus enterramos más cadáveres que cenizas.

"Salgo a aplaudir todos los días. Lo hago por los sanitarios, pero también por mis compañeros y por mí. Y por todos los profesionales que están en primera línea, como el personal de las  funerarias"

¿Se vive diferente el entierro de una persona que ha fallecido por coronavirus?

Un poco más de miedo se tiene, pero soy de los que opina que te puedes contagiar en el trabajo, en el supermercado o al bajar al buzón. Nos dan más miedo los familiares o los funerarios que han estado en contacto directo con ellos.

¿Que les dicen los familiares del difunto?

La verdad es que no hablamos mucho con ellos. Solo conversamos sobre la lápida que nos llevamos nosotros. La pueden recuperar a partir de quince días tras el fin del estado de alarma. Otros servicios son sin familiares en la actualidad, como las exhumaciones.

¿Ha percibido una evolución desde que estalló la crisis sanitaria?

Ahora nos hemos dividido en tres turnos que trabajamos de lunes a domingo para evitar coincidir y no contagiarnos. A nosotros no nos ha afectado mucho, porque fuimos el primer turno que empezó a enterrar con el protocolo de Sanidad. Todos los días se desinfecta la nave, pero el domingo más a fondo, así el lunes entra otro grupo nuevo.

Desinfección de la nave de la brigada municipal del Cementerio de Torrero.
Desinfección de la nave de la brigada municipal del Cementerio de Torrero.
Oliver Duch

¿Se siente partícipe de los aplausos de las ventanas?

Salgo a aplaudir todos los días. Lo hago por los sanitarios que están en primera línea, pero también por mis compañeros y por mí. Y por todos esos profesionales que están también en primera línea, como el personal de las funerarias.

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