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15 años de cárcel por abusar a diario de su hijastra durante toda su adolescencia en Zaragoza

La Audiencia Provincial lo condena solo por la denuncia de la joven, pero dos de sus hermanas corroboraron en el juicio que también sufrieron abusos y agresiones que no denunciaron. 

El fallo de la Audiencia Provincial de Zaragoza puede ser recurrido en un plazo de 20 días ante el Tribunal Superior de Justicia de Aragón.
La Audiencia condena al acusado a quince años de prisión. 
Pixabay

La Audiencia de Zaragoza acaba de condenar a Antonio H. G., de 56 años, a pasar los próximos quince en prisión por arruinar parte de la infancia y toda su adolescencia a una de sus tres hijastras, a la que sometió a abusos y agresiones sexuales prácticamente a diario. 

Durante el juicio, la Fiscalía pidió que el castigo fuera mucho mayor: casi 42 años de cárcel, ya que sostenía que las tres hermanas habían sido víctimas del perverso y lascivo comportamiento del procesado.

Sin embargo, y a pesar de que las tres corroboraron en el juicio el calvario al que fueron sometidas por este hombre –al que solo se identifica en esta información con nombre de pila e iniciales para proteger la identidad de las víctimas–, la Sección Primera solo ha podido condenar al acusado por los hechos que denunció la más pequeña. 

Porque las otras jóvenes prefirieron pasar página y rehacer su vida y nunca llegaron a denunciar a su padrastro. Y al tratarse de delitos contra la libertad y la indemnidad sexual, como recuerda en su sentencia el presidente de la Audiencia Provincial de Zaragoza, Alfonso Ballestín, era requisito indispensable que las agraviadas –que ya habían cumplido la mayoría de edad cuando se supo de las violaciones– acusasen para poder condenar.

Según el apartado de hechos probados, Antonio H. G. inició una relación sentimental con la madre de las tres hermanas en 2002, fruto de la cual nació un hijo varón. Los seis estuvieron viviendo juntos sin problemas en un piso de Zaragoza y el encausado tenía "una posición similar a la paterno-filial" respecto a las niñas.

Al no cumplirse el requisito de procedibilidad –es decir, no mediar denuncia previa–, la Audiencia no puede entrar a analizar los casos de las dos hermanas mayores. Sin embargo, al referirse a la pequeña, concreta que los abusos comenzaron cuando esta tenía tan solo diez años y ya no habrían de cesar hasta que cumplió los quince. Basándose en el relato de la víctima, el tribunal llega a hablar de varias fases distintas, a medida que la chica se iba haciendo mayor.

Según los magistrados, en un primer momento, el procesado "empezó a tocarle prácticamente a diario los pechos y la vagina (a la chica), o a decirle que le tocara a él sus genitales".

A pesar de la negativa expresa de la menor, el hombre siempre conseguía su propósito. Para doblegar la voluntad de la víctima, su padrastro recurría a la violencia o profería amenazas de muerte, respecto a ella o hacia su madre, a la que prohibió contarle nada de lo que hacía.

No conforme con ello, a medida que la menor empezó a desarrollarse físicamente, los abusos se transformaron en violaciones, ya que el acusado empezó a hacerle también penetraciones bucales. 

Tanto en la fase de instrucción como durante el juicio, la denunciante habló también de una ocasión en la que su padrastro intentó penetrarla vaginalmente. Pero esta reconoció que no sabe si llegó a conseguirlo porque ella sangró y el agresor se detuvo.

A la pregunta de cómo consiguió el acusado abusar durante tanto tiempo de las niñas sin que su madre se enterara, estas explicaron que el hombre aprovechaba siempre los momentos en que su mujer estaba dormida o fuera de casa. Y como recoge el tribunal en su sentencia, el ahora condenado tenía sus propias estrategias para evitar ser descubierto: "Se sentaba desnudo en el sofá del cuarto de estar con la chica al lado y se tapaba con una manta para evitar que su pareja, en caso de que se levantara de la cama, pudiera verlo sin ropa junto a ella".

Durante su declaración, el hombre lo negó todo y dijo que la denuncia obedecía a un "complot" de las tres hermanas, porque no las dejaba salir hasta tarde.Sin embargo, la Audiencia no aprecia motivo espurio alguno y recuerda que ni siquiera dos de las chicas han querido denunciar.

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