Zaragoza

alergias

Errores frecuentes que se deben evitar para prevenir reacciones alérgicas en colegios y comedores

Ocho de cada diez reacciones alérgicas en niños se producen en el colegio, donde no todos los profesionales poseen los mismos conocimientos. Aepnaa impartirá este sábado en Zaragoza la I Jornada formativa para profesores en Aragón, titulada 'Escolarización segura del niño con alergia a alimentos y/o al látex'.

Imagen de archivo de un comedor escolar de Zaragoza.
P. F.

A veces por desconocimiento y otras muchas por miedo, los colegios pueden enfrentar situaciones complicadas debido a "errores humanos" que se producen en la cadena alimentaria y que pueden poner en peligro la vida de los niños con este tipo de alergias. Así lo indica Ana Murillo, delegada en Aragón de la Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex (Aepnaa), que este sábado impartirá en Zaragoza la primera jornada formativa dirigida a profesores, estudiantes de magisterio, cocineros, monitores... y todos aquellos profesionales del ámbito educativo que en algún momento de su jornada están en contacto con niños alérgicos.

"En un colegio hay muchas personas alrededor de estos críos, pero no todos tienen los mismos conocimientos. Dirigimos las jornadas a ellos, para darles más seguridad, sin ser alarmistas, y para que con la información que adquieran sepan manejar las situaciones y pierdan el miedo a actuar ante casos graves. Los docentes no son personal sanitario, pero cualquier ciudadano está obligado a reaccionar en un momento de vida o muerte", subraya Ana Murillo, madre de dos niños con alergia alimentaria.

Según indican desde esta asociación, hay muchas familias que han tenido problemas con el profesorado en sus centros "por miedo a no saber qué hacer o hacerlo mal" en casos de anafilaxia. "Algunos colegios tienen adrenalina ya y saben qué hacer, pero en la mayoría de los centros es el niño el que la tiene que llevar y aquí se produce el choque. Algunos profesores, debido al desconocimiento o al miedo que genera la situación, se niegan a ponerle la adrenalina al niño en un momento dado, y en cinco minutos o menos te va la vida ante este tipo de casos. Queremos enseñarles a hacerlo y concienciar de que si cometen un error, no pasa nada. Los efectos secundarios que tiene la adrenalina son menores que los del ibuprofeno que hay en el mercado. Es mucho mejor ponerla que no ponerla", reiteran las familias.

Según datos de la Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex (Aepnaa), ocho de cada diez reacciones en niños se producen en el colegio. La doctora Cristina Blasco, de la unidad de alergología pediátrica del Hospital Infantil de Zaragoza, alerta del "retraso" que hay "en el reconocimiento de las reacciones más graves, lo cual se asocia a un acontecimiento fatal. "El éxito del tratamiento depende del reconocimiento temprano de los síntomas y de administrar, si lo precisa, el tratamiento de adrenalina. Para ello, hay que intentar que los educadores conozcan bien a estos niños -sobre todo a aquellos que presentar factores de riesgo añadidos, como el asma- y estar preparados previamente", indica esta pediatra. Estos son, según los expertos, algunos de los errores más frecuentes que se deben evitar en colegios y comedores escolares para prevenir complicaciones.

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"Es mejor actuar que no hacer nada"

Tanto las familias como los profesionales sanitarios coinciden en que ante un episodio de anafilaxia es mejor actuar que no hacer nada. "A los padres -señala Murillo- cuando nos prescriben adrenalina se nos enseña en los centros de salud; y pasamos a ser los encargados de explicar al entorno cómo se pone". El procedimiento, aseguran, es muy "sencillo", y pasa por el uso de autoinyectores, una especie de "bolígrafos" que permiten suministrar la adrenalina al niño ejerciendo una pequeña presión en el muslo. "Va por encima de la ropa y no hay que quitarles la prenda ni nada", matizan. Por su parte, la alergóloga Cristina Blasco resalta la importancia de aplicar estos tratamientos en el menor tiempo posible. "Cuando hay un compromiso vital, hay que poner la adrenalina porque es el único tratamiento que actúa en cuestión de minutos. El retraso en su administración hace que después sea mas difícil revertirlo", asegura esta médica, que para ayudar a vencer el miedo a esta práctica informa de que las dosis que llevan estos tratamientos no son comparables en absoluto a las que se ven en las películas. "Ni es la misma vía de administración -aquí es intramuscular en lugar de endovenosa-, ni va en las mismas cantidades", apostilla.

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"No mezclar utensilios"

Las reacciones alérgicas a alimentos se producen en muchas ocasiones por contaminaciones cruzadas, o lo que es lo mismo, cuando se mezclan utensilios como los cubiertos e indirectamente acaba llegando el alérgeno al plato del niño equivocado. "Son errores humanos que pueden ocurrir si la gente no está bien informada. Por eso, además de tener bien identificado a cada niño, hace falta una buena higiene de los utensilios y también es importante la limpieza en las aulas", subrayan las familias. En este sentido, se aconseja al equipo directivo de los centros que no se deje entrar comida de fuera, y que cada niño se tome su almuerzo controlado siempre por los profesores para evitar que se mezcle la comida. "En los comedores hay que estar muy atento porque al fin y al cabo son niños, y en un momento dado uno puede tirarle comida al otro, que le salte algún alimento o picar del de al lado. Es importante sobre todo estar al loro de lo que hacen los más pequeñitos, que son menos conscientes del problema", añade Murillo, quien recomienda también al personal de cocina "elaborar primero la comida de la persona alérgica", y no al revés.

Centenares de personas pasan la noche en colegios y centros cívicos de Cataluña.
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"Evitar (o controlar) los alimentos del exterior"

Aunque de primeras pueda parecer excesivamente prohibitivo, hay colegios que por el bien de estos niños ya restringen la entrada de alimentos del exterior o la programación de actividades tales como merendolas, chocolatadas y otras celebraciones similares que impliquen la entrada de alimentos a los centros educativos. Guillermo López, padre de un niño con alergia alimentaria, es director de un centro educativo en Madrid que aplica esta medida, y defiende la importancia de que exista en los centros un protocolo de actuación para prevenir estos posibles fallos humanos. "Hay que tratar de evitar que pasen alimentos de la calle que no estén controlados, porque no sabes dónde se han hecho o adónde van a ir a parar. Pueden llegar a las manos de un niño alérgico sin que nadie lo sepa. Todo tipo de celebraciones extraescolares, excursiones, etc. hay que tenerlas muy controladas. El problema de dónde parte todo es que no hay nada legislado a este respecto que diga lo que hay que hacer. Es a libertad de los centros", lamenta este docente.

Un pasacalles con chocolate durante las fiestas del Pilar en Miralbueno.
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"Adaptar las actividades para que todos puedan disfrutar"

Hay colegios que trabajan por proyectos, y en algunos puede volverse incluso tradición la celebración de cumpleaños, chocolatadas o fiestas como la 'castañada', sin tener en cuenta que puede haber niños alérgicos a la proteína de la leche o a alimentos como los frutos secos. "En ningún sitio se dice que no se pueda hacer eso, es el equipo directivo el que da el visto bueno y muchas veces a esos niños y niñas nadie los tiene en cuenta", asegura López, quien añade que cuando esto ocurre, es el niño alérgico el que ese día "no viene al cole" o no asiste a una actividad determinada, como pueda ser una excursión a una fábrica de galletas donde todo se elabora a base de huevo y leche. "Los excluimos para que no tengan ningún problema, pero en realidad todos los niños tienen derecho a la educación y a no ser excluidos de actividades por el mero hecho de tener una alergia alimenticia", sentencia.

Dos niños hacen juntos los deberes.
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"Facilitar el acceso del niño a las actividades del currículum; no marginarlo"

Para no apartar siempre a estos niños del resto, algo que en un futuro, y según advierten los psicólogos, también puede hacer mella en ellos, lo mejor es establecer diferentes protocolos y siempre que se pueda adaptar las actividades para que todos puedan disfrutarlas de la misma manera. "Igual que a un niño que viene con muletas porque se ha hecho un esguince o al que va en silla de ruedas se le adaptan los accesos, con las alergias debería ser lo mismo. Hay que facilitar el acceso del niño a las actividades del currículum; no marginarlo", insiste López, quien pone como ejemplo un caso vivido en su colegio en relación a un niño de cuatro años que es alérgico a la leche por contacto. Según cuenta, en el centro educativo que dirige existen diferentes protocolos, y uno de ellos marca cómo y dónde se desayuna en el tiempo de recreo en función de las alergias que existen en él. "Cuando ese niño entró en tres añitos, que te marcan hacer desayunos saludables, en su clase, previa explicación a las familias, solo se permitió en el desayuno la fruta, porque no podemos exponer a su alcance nada que lleve leche hasta que los niños sean un poquito más mayores y estén concienciados para que el niño multialérgico distinga qué puede comer y qué no", explica este docente. Implantar esa norma argumentada -asegura- costó lo suyo. "Tuvimos que hacerles entender en diferentes reuniones que el desayuno del recreo no es una comida principal sino un tentempié para llegar a la comida de las 14.00, y al final -con el paso de los meses- los papás vinieron a darnos la razón y las gracias, porque de manera indirecta sus hijos han empezado a comer fruta, cosa que en casa antes no hacían", concluye López, quien se muestra satisfecho de asistir como ponente a estas primeras jornadas que se celebran en Zaragoza para aportar con su testimonio otro "granito de arena" a esta causa. 

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