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Descartan que el acusado de violar a una anciana en Tamarite sea menor de edad

Las pruebas biológicas del Instituto de Medicina Legal le atribuyen más de 20 años, pese a los datos anotados en su pasaporte.

Imagen de archivo de la fachada del Instituto de Medicina Legal de Aragón, en Zaragoza.
Imagen de archivo del Instituto de Medicina Legal de Aragón, en Zaragoza.
Guillermo Mestre

Las pruebas biológicas realizadas al joven acusado de violar a una anciana de 94 años en Tamarite de Litera el pasado mes de enero concluyen que es mayor de edad, contradiciendo los datos de su pasaporte, según el cual tenía 17 años en el momento de ocurrir los hechos.

Según el reconocimiento al que ha sido sometido en el Instituto de Medicina Legal de Aragón, su edad es superior a los 20 años. Los especialistas analizaron la madurez sexual, realizaron radiografías de sus huesos y también examinaron la dentadura para estimar la horquilla de edad.

La Guardia Civil informó en su día que el detenido por la agresión sexual (actualmente está en prisión) era un varón de 24 años nacido en Gambia que entró irregularmente en el país, tal y como indicaba el NIE (Número de Identidad de Extranjero) y otros documentos localizados en un primer momento. Sin embargo, luego apareció un pasaporte donde figuraba como fecha de nacimiento el 23 de enero de 2003, de forma que cuando ocurrieron los hechos tendría 17 años, a una semana de alcanzar la mayoría de edad. Los agentes han certificado la autenticidad del papel y de las marcas de agua, pero no pueden verificar si los datos son reales, por la dificultad de indagar en los registros de su país.

La jueza del caso debe determinar ahora si continúa con la instrucción ordinaria o la pasa a la jurisdicción de menores, una vez que las partes personadas presenten sus alegaciones. La diferencia es importante a la hora de aplicar el castigo. Los delitos de los que se le acusan podrían costarle más de 15 años de prisión, si finalmente se le juzga como mayor de edad, ya que la pena estaría agravada por la especial vulnerabilidad de la víctima, una mujer nonagenaria.

El acusado llevaba un año y medio en España. Las fuerzas de seguridad siempre lo consideraron mayor de edad y de hecho esta fue la razón para que lo expulsaran de la institución que lo tutelaba en Cataluña, donde ingresó aduciendo que era menor.

Aunque faltan por entregar los resultados de algunas de las pruebas enviadas a los laboratorios de criminalística de la Guardia Civil, ya se ha identificado como suya una huella ensangrentada de una palma de la mano. El agresor se cortó al romper la ventana para entrar de noche en la casa, cuando la anciana dormía, y dejó un rastro de sangre.

El procesado negó la autoría de los hechos, e incluso su presencia en la vivienda de la víctima, pero la jueza ordenó su ingreso en prisión a la vista de los indicios que había contra él y considerando el alto riesgo de fuga, al no tener arraigo social, y el de reiteración del delito. Está acusado de agresión sexual y allanamiento de morada, ya que entró por la fuerza al domicilio de la mujer, rompiendo una ventana, y la atacó en su habitación

Entre las pruebas incriminatorias estaban las heridas en las manos, compatibles con la fractura del cristal, según determinó el examen forense practicado en un primer momento en el juzgado de Monzón. En el registro del piso que el arrestado ocupaba junto a otras personas, los agentes hallaron ropas ensangrentadas, así como un anorak rojo descrito por la víctima.

Además, en un portal cercano y en el parabrisas de un coche, se encontraron dos pequeñas notas de índole sexual invitando a mantener relaciones, con un número de teléfono. Según fuentes del caso, no es el móvil que portaba cuando fue detenido pero sí lo había podido usar él. El análisis grafológico de los papeles lo apuntaba a él, y en su piso, que compartía con otros jóvenes (había llegado a Tamarite procedente de Lérida hacía pocos días) aparecieron más notas iguales. A esto se suman las huellas dactilares en el domicilio de la víctima. 

La abogada de la acusación anunció, en el inicio de la instrucción, que pediría una prueba preconstituida, la toma de declaración a la anciana, que ya ha cumplido 95 años, teniendo en cuenta su avanzada edad y la posible demora de varios años del juicio.

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