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La llegada de 700 militares al Sancho Ramírez: un revulsivo económico y social

Empresarios y Consistorio ultiman un informe de la oferta de pisos y servicios de Huesca. Los vecinos piden el centro de salud y una escuela infantil.

Una máquina trabaja en la zona anexionada al cuartel, destinada a los vehículos y talleres.
Una máquina trabaja en la zona anexionada al cuartel, destinada a los vehículos y talleres.
Rafael Gobantes

El Ministerio de Defensa ha decidido organizar el próximo 30 de mayo en Huesca el desfile del Día de las Fuerzas Armadas, como un reconocimiento a la ciudad por la "inmejorable acogida" se está prestando al plan de traslado del Cuartel General de la División Castillejos al acuartelamiento Sancho Ramírez. Este se iniciará en junio con la llegada de 300 de los 700 militares que a finales de 2020 estarán trabajando en esta plaza.

El agradecimiento es mutuo. Los oscenses, que lucharon por impedir su cierre a finales de 2016, celebran la inversión de 15 millones en obras que se está realizando en el recinto y confían en que el desembarco de este contingente suponga un revulsivo para la ciudad. Hace cuatro años, el impacto económico anual de la actividad del cuartel Sancho Ramírez se estimó en unos 8 millones de euros anuales. Entonces eran más de 250 trabajadores y ahora serán casi tres veces más.

En el barrio del Perpetuo Socorro, donde se ubica el acuartelamiento, esperan que muchos de los militares se queden a vivir en esta zona de la ciudad y que la llegada de nuevos pobladores suponga también la de servicios tan reivindicados como el centro de salud y la escuela infantil.

Licitación de obra pública

Pero el efecto de la reapertura del cuartel se nota desde hace meses. La gerente de la Federación de Asociaciones de la Construcción (FAC), Manuela Pastor, señala que las obras de ampliación del recinto, adjudicadas a empresas altoaragonesas en su mayoría, tienen mucho que ver en que la licitación pública "se haya duplicado en la provincia, pasando de 110 millones de euros en 2018 a 229 el año pasado, con contratos de la administración estatal, autonómica y local".

Donde todavía no se observa movimiento es en el sector inmobiliario. "Los militares llegarán, se acomodarán, elegirán una u otra zona de la ciudad...", comenta la gerente de la FAC. "Los promotores siguen construyendo, sobre todo en el polígono 41, y quedan viviendas nuevas en el centro, además del suelo de las harineras, donde se edificarán 1.300 pisos", añade Pastor.

El optimismo es también palpable entre los empresarios. El presidente de CEOS-Cepyme Huesca, Fernando Luna, indica que el objetivo es que los militares que lleguen "se queden a vivir en Huesca con sus familias". "Para ello, tenemos que disponer de una oferta de vivienda y servicios importante", apostilla.

La organización empresarial y el Ayuntamiento están preparando un informe que presente las ventajas que supone la elección de la capital oscense como lugar de residencia "ante la competencia que significa la proximidad de Zaragoza", señala Luna. "Las sectoriales también se están preparando para la llegada de los militares, que será una bombona de oxígeno importante para la economía de la ciudad", añade.

En el Perpetuo Socorro las primeras expectativas pasan porque se llenen las viviendas situadas frente al cuartel, que se fueron quedando vacías con la reducción de efectivos a lo largo de los años. En 1994, el Sancho Ramírez contaba con 700 militares. La modernización de estos 36 pisos es una de las obras cometidas durante el año por parte de Defensa, como la de la residencia militar del paseo de Ramón y Cajal, con 22 plazas para mandos

Purificación Broto, portavoz de la Asociación de Vecinos del barrio (ahora en proceso de renovación de cargos), considera que la llegada de nuevos vecinos debe conllevar la de los servicios comprometidos hace años. "Hace falta el nuevo centro de salud para que lo relativo a Sanidad esté cubierto y una escuela infantil de hasta tres años", explica. "Esta atenderá también la demanda de la ciudad, ya que el cuartel tendrá guardería propia (44 plazas)", añade Broto.

En el barrio continúan viviendo bastantes de los militares que trabajaban en el Sancho Ramírez cuando se cerró. "Tienen aquí sus pisos y cuando los mandaron a Zaragoza iban y venían", indica la portavoz vecinal.

La presencia de los soldados era algo habitual en la zona. Macu Lanuza recuerda "las meriendas de los sargentos" en el bar que tenían sus padres en la calle Valencia. Ella y su marido regentan la frutería T&M El Encanto del Barrio, en la misma calle, y augura que la presencia de los militares "será positiva". "Los que estaban aquí compraban en el barrio y también llevamos suministros al cuartel", dice.

Jesús Abiol, de la empresa Muebles Raussa, asegura que "la ilusión se tiene siempre, pero vamos a esperar a ver la realidad". Su establecimiento, en la calle Zacarías Martínez, no vive del barrio, pero "que haya más gente en Huesca siempre será bueno para todos", apostilla.

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