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Aragón mira en la distancia cómo el COI
se queda sin opciones para 2030

Vancouver es la última de las candidatas en caerse de la carrera por organizar los Juegos Olímpicos de invierno mientras el Pirineo lamenta la clara oportunidad perdida.

Alejandro Blanco, presidente del COE, certificó en junio el fin de la candidatura conjunta
Alejandro Blanco, presidente del COE, certificó en junio el fin de la candidatura conjunta
Enrique Cidoncha

El presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, se apeó el pasado 1 de junio de su coche oficial a las puertas de un centro deportivo para refugiados de Getafe. Allí le esperaba su homólogo español, Alejandro Blanco, con la mejor sonrisa que pudo dibujar pero sin una solución para el entuerto que él mismo había provocado. La candidatura pirenaica para los Juegos de Invierno de 2030 hacía aguas por la falta de entendimiento entre Aragón y Cataluña para el reparto de pruebas, con una indisimulada parcialidad del COE en favor de la Generalitat. Pero aún así, con prácticamente todas las naves quemadas, el máximo dirigente del olimpismo pedía a las partes un último esfuerzo. Porque como desveló en aquella visita un alto cargo del COI, "si se presentan, se lo llevan".

Cinco meses después, el tiempo parece darle la razón. La elección de la sede de los Juegos de Invierno de 2030 se ha convertido en una carrera de obstáculos que ha puesto muy difícil al COI tomar una decisión. La fuerte inversión requerida en este tipo de eventos, con un retorno incierto en un contexto de crisis, sumado a determinadas presiones internas contrarias a su celebración explican en parte la escasez de candidatos. Pero también influyen otros factores.

El primer contratiempo fue el caso español. Para el COI, la candidatura conjunta era ideal, por enviar un mensaje de colaboración política y social, y por llevar por primera vez los Juegos al Pirineo catalán y aragonés. Pero en realidad, la propuesta nunca contó con un clima de confianza, y ante el inmovilismo del Govern para ceder en el reparto de pruebas, Blanco certificó el 22 de junio, al menos por ahora, el fin del sueño olímpico.

La terna final quedaba compuesta por Sapporo (Japón), Salt Lake City (Estados Unidos) y Vancouver (Canadá). Pero esta última se acaba de caer. La propuesta canadiense dio a luz tras largas negociaciones y un complejo acuerdo de colaboración entre las administraciones locales y las agrupaciones indígenas de la zona. El objetivo era volver a celebrar la cita olímpica dos décadas después de ser sede de los Juegos en 2010. Pero finalmente el proyecto se ha ido al traste.

El Gobierno de la Columbia Británica ha anunciado que no apoyará la candidatura por su alto coste, superior a los 1.200 millones de dólares. "Es el momento equivocado para un gasto extraordinario", reconoció la ministra de Deportes, Lisa Beare, en la prensa local.

Dos finalistas con problemas

Lejos de despejar incógnitas, la retirada de Vancouver solo agudiza los problemas del COI, porque los dos finalistas distan mucho de ser lo ideales. Por un lado, la candidatura japonesa, en principio favorita, se ha visto manchada por un caso de corrupción. Haruyuki Takahashi, exmiembro del comité organizador de los Juegos de Tokio 2020, ha sido acusado de estar en el centro de una trama encargada de recibir sobornos a cambio de tratos favorables a los patrocinadores.

Como consecuencia, el COI, con Bach a la cabeza, ha suspendido cualquier contacto con la candidatura japonesa, cancelando hasta en dos ocasiones visitas oficiales por "motivos de agenda".

Por su parte, Salt Lake City se postula a regañadientes. La intención del Comité Olímpico Estadounidense era postularse para 2034, puesto que Los Ángeles será el escenario de los Juegos de verano de 2028. Organizar tan solo dos años después otra cita de estas características en el mismo país penaliza, entre otros aspectos, la rentabilidad de los patrocinios.

De esta forma, la opción norteamericana sigue viva, pero sus responsables han mostrado su preferencia por 2034. Es el mismo horizonte que se han fijado otros países con instalaciones invernales, como Alemania, y el nuevo objetivo establecido por Aragón para recuperar el sueño olímpico.

Tras la crispada ruptura de la candidatura conjunta con Cataluña, el presidente autonómico, Javier Lambán, decidió dar tiempo para curar las heridas y ver cuál es el nuevo mapa político tras las dos citas con las urnas del próximo año. A partir de entonces, y tras impulsar un plan específico para el sector de la nieve, como recordó esta semana en el Debate del Estado de la Comunidad, el líder socialista apuesta por una propuesta que involucre a todo el Pirineo, incluida Navarra, para 2034.

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