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En La Botillería los vinos de la familia Marcellán se catan con bocados singulares

Esta tienda de Ejea de los Caballeros se abrió en 2006 para dar salida a la producción vitivinícola que hasta unos años antes se hacía para consumo en casa.

Cristina Marcellán, al frente de La Botillería
Cristina Marcellán, al frente de La Botillería
Heraldo.es

Lo que para los Marcellán era una tradición familiar, la de elaborar sus propios vinos para el consumo en casa, se convirtió, con los años, en un negocio. Desde 2003, sus elaboraciones se pueden comprar en el mercado y desde 2006, también catar en su tienda de productos de la tierra y gourmet. Ésta es La Botillería, un espacio donde, además de vender sus vinos, también se ubica la bodega de crianza, en el sótano. Además, el lugar es una antigua casona en Ejea de los Caballeros (C/ Joaquín Costa, 32), cuyo uso anterior había sido el de cochera de autobuses. Así, a pesar de su diseño moderno, se conserva su estética original de estilo más bien industrial.

La cabeza visible del negocio es Cristina Marcellán quien, cuando estaba terminando el Bachiller y animada por el ingeniero que preparó sus viñedos, decidió estudiar enología. “Hice prácticas en alguna bodega pero prácticamente toda mi experiencia la tengo aquí. Al principio fue duro, porque era un mundo totalmente desconocido pero, al menos por mi experiencia, entre los enólogos nos ayudamos”, explica. Su andadura en este terreno empezó poco después de la puesta en marcha de la producción de vino. La familia tenía unas tierras con las que no sabían muy bien qué hacer y decidieron plantar viñedo. Era el año 1999 y su primer vino, que entonces se llamaba Señoría Cinco Villas, salió a la venta en 2003. Actualmente tiene ocho hectáreas de viña y su producción alcanza las 25.000 ó 30.000 botellas anuales. “Seguimos siendo una bodega modesta pero toda la uva que trabajamos es propia. Así podemos garantizar la calidad del producto”, puntualiza.

Exterior de La Botillería en Ejea.
Exterior de La Botillería en Ejea.
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Como valor diferencial, su plantación se ha trabajado desde los inicios en agricultura ecológica. Algo que aunque ahora se concibe como un valor añadido, antiguamente y, sobre todo entre los clientes de mayor edad, se tomaba como un factor para desconfiar. Por suerte, esto ha cambiado y, aunque Cristina reconoce que el mundo del vino es complicado porque es un mercado muy amplio con mucha oferta, su bodega va creciendo y aumentando en ventas. Argumento es su marca actual y, la mayoría de sus vinos son garnacha. Una vez embotellados, se venden en la tienda física y también online, a través de la web de La Botillería, donde también hay una selección del resto de productos que se comercializan allí. Al mismo tiempo, venden a restaurantes y a distribuidores de otras ciudades. “También exportamos pero con la pandemia se ha parado un poco. Ahora estamos retomándolo”, explica.

La atención personalizada es uno de sus valores principales por lo que en La Botillería también reciben muchos encargos personalizados. “Preparamos cestas para regalo o para Navidad, y siempre nos adaptamos a las necesidades de nuestros clientes”. De hecho, la campaña navideña es su época fuerte, ya que se especializan en detalles en los que la presentación y el producto de primera calidad son claves. “Intentamos ser competitivos en precio y que la presentación sea exquisita. Queremos que quien reciba un regalo de La Botillería reciba algo sorprendente”, apunta Cristina.

La oportunidad que surgió de la crisis de la pandemia

A raíz de la pandemia, en La Botillería ahora también hay un espacio destinado a cafetería. Es el ejemplo más claro de cómo, a veces, de las crisis surgen oportunidades. “Dentro del multiespacio teníamos unas salas muy amplias que se alquilaban y donde se organizaban eventos, tanto personales como de empresa o institucionales. Con la pandemia todo esto se vio muy reducido y decidimos que para tener el espacio cerrado lo íbamos a abrir como cafetería”. La prueba salió bien y sus desayunos saludables triunfan por las mañanas. Por las tardes dan meriendas y, además, todos los productos que se venden en la tienda se pueden degustar en la sala. “Estamos muy contentas porque el público ha respondido muy bien”, asegura Cristina, refiriéndose a ella y a las dos empleadas, una a media jornada y otra completa, que trabajan con ella en La Botillería.

El equipo de este negocio familiar lo completa un bodeguero, que es quien se encarga de las labores de campo y de bodega. En época de vendimia, se contrata a las cuadrillas para que se ocupen de un proceso que es totalmente manual. “Suele ser siempre el mismo grupo de personas, que también trabajan con nosotros en la época de poda”. Pero nada de lo que ha pasado en estos más de 20 años de andadura hubiera sido posible sin Antonio Marcellán. “Mi padre está jubilado pero me echa una mano y es quien todos los días va al campo y lo supervisa todo”.

El catálogo de productos, así como el espacio de cafetería de La Botillería y la tienda online se pueden visitar en la web de esta modesta pero decidida bodega detrás de la que solo puede haber una familia de emprendedores como son los Marcellán.

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