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El mayor percance en los 164 años de un icono

La fuente con su emblemática estatua se remonta a 1858 y sustituyó a la que en el siglo XVI abastecía a la ciudad con el agua que llegaba del Acueducto de los Arcos.

Varios soldados posan junto al Torico el 26 de febrero de 1938.
Varios soldados posan junto al Torico el 26 de febrero de 1938.
Francisco Martínez Gascón/Heraldo

Desde 1858, en sus 164 años, el Torico bajó al pavimento varias veces, pero sin sufrir deterioro alguno. Los adalides de Alfonso II, al conquistar la fortaleza de Teruel en 1171, encontraron un bravo novillo a quien iba siguiendo desde el firmamento una estrella muy brillante. Un novillo y una estrella fueron las señales que marcaron el sitio donde habían de establecer la nueva población, que ha visto su símbolo venido a tierra. La columna partida por la mitad como consecuencia de las labores de retirada, el pasado día 19, de las sogas, -algunas tensadas en demasía- de las 23 localidades que participaron en el XVIII Congreso Nacional de Toro de Cuerda.

Este querido emblema y máximo signo representativo turolense no tiene valor material -lo supera y sobrepasa lo afectivo-, pues la riada de turolenses que se acercan en estos días a buscarlo en su columna se emocionan y lagrimean al sentir la plaza vacía. No contemplar el Torico en lo alto de su columna inunda de tristeza. Se genera una sensación de pobreza ornamental, pero se consuelan al no haberse producido ninguna desgracia personal.

Entre el espacio de la calle de Santa María y la Pescadería (Mariano Muñoz Nougués), tras levantar el Acueducto Pierres Vedel y llegar desde la Peña el Macho al área de los Arcos, el agua llega a la nueva fuente de la Plaza Mayor o del Mercado (hoy del Torico) en el año 1558. Su perfecto y completo funcionamiento, según el Libro Verde de la ciudad, no será satisfactorio hasta el año 1583, ya muerto Pierres Vedel.

El Torico, tras la restauración de 2003.
El Torico, tras la restauración de 2003.
Antonio García/Bykofoto

Es la fuente y el agua que se asientan, por primera vez en la ciudad, en el culto al toro. Se mantenía sobre cuatro columnas, arrancando de su basa una hermosa taza labrada con cuatro cabezas de toros entre ellas, que arrojaban por las bocas o caños el agua que subía por una columna salomónica. Se cubría la taza con dos semiesferas.

En 1858, se trasladará la fuente a su actual emplazamiento, en el centro de la plaza, porque impedía el tránsito de los carruajes, y servirá para aportar agua a los turolenses hasta el año 1931, cuando se empezó a canalizar el agua a las casas. Se levantará una columna de siete metros, acanalada con un pequeño toro sobre la cima, cuya escultura se atribuye al zaragozano Ponciano Ponzano (1813-1877), miembro de la Academia de Artes. Cuatro pequeñas estrellas situadas en cada punto cardinal de la parte superior de la columna la decoran. El Torico se acomodaría, en una estructura rectangular, en piedra-mármol, de 35 cm de largo, por 20 cm de ancho. Desde la cola a su boca, mide 45 cm; su anchura es de 12 cm. La altura de la base hasta los pitones, es de 37 cm, mientras que hasta el morrillo, hay 28 cm, con un peso de 54,5 kilos.

En los años cercanos a la construcción modernista de la Casa del Torico por Pablo Monguió (1912), la columna, para su iluminación, fue acompañada por una farola modernista, en una estructura de forja, obra del herrero Matías Abad. Esta farola sería sustituida por un artístico candelabro que soportaba un foco, engarzado en la propia columna, para iluminar la estructura.

El Torico, en 1909.
El Torico, en 1909.
Jaime Fernández/IET

El 15 de diciembre de 1937 nevaba copiosamente. A 18 grados bajo cero, comenzó el ataque republicano a la ciudad. Aunque la batalla parecía inclinarse hacia el bando que ejercía la ofensiva, el 22 de febrero de 1938 Teruel quedaba finalmente en manos del ejército franquista, tras uno de los combates más cruentos de la Guerra Civil. El Torico aguantó bombardeos y cañonazos hasta que una violenta explosión lo hizo caer al suelo, desplazándolo unos metros. La columna que sujetaba la escultura se rajó y tuvieron que colocar varias vigas de madera a modo de apuntalamiento.

El año 1969, siendo alcalde Cosme Gómez, el Torico a mitad del mes de abril fue bajado de la columna y expuesto durante sesenta días en la Sala Noble Ayuntamiento para poder restaurar y renovar la columna, de cuya tarea se ocupó el marmolista Florencio Linares Blasco. Se reparó el vaso de la fuente y se sustituyeron las cuatro salidas de agua antiguas por unas pequeñas cabezas de toro, realizadas por el escultor valenciano Bonacho. El día 19 de junio de ese año 1969 se repuso el Torico en su columna. Curiosa coincidencia histórica del día con la caída reciente. En ese momento se cambió de orientación, pasando a encarar su mirada hacia el Tozal, en lugar de hacia la calle Nueva, tal como había sido colocada tras finalizar la Guerra Civil

En 2003 se volvió a bajar, el 30 de junio. El 4 de julio, cinco días después se encontraba erguido sobre una base nueva, en piedra de Villlaba, porque se había observado una grieta en la original. Sería Mármoles Llorens el restaurador. En febrero de 2018, quedaron deterioradas dos de sus pequeños cuernos de una de las cuatro cabezas, tras haberse partido por actos vandálicos o al escalar para celebrar los triunfos deportivos, siendo rápidamente restaurados.

El material con el que se construyó el Torico siempre ha generado dudas. Documentos del siglo XIX hablan de bronce. El escritor, poeta y notario turolense Jerónimo Lafuente, el año 1996, en su libro ‘El Torico de la Plaza’ y en el poema ‘Por mi pueblo’ expone en un verso: «Este Torico de bronce, adorno de nuestra plaza». Y repite: «A ese Torico de bronce, le debes Teruel tu fama». Son afirmaciones coetáneas, pero la realidad es que hoy, tras la caída reciente, se ha comprobado que se trata de hierro fundido, tal como recogía un informe del Museo de Teruel en el año 1994.

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