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cultura

Guillermo Fatás aborda la figura de José de Calasanz en un nuevo 'podcast'

La serie de Heraldo.es dedicada a la vida y la obra de grandes personalidades históricas de Aragón se detiene en este nuevo capítulo en el 'educador del pobre'.

Sacerdote católico, pedagogo y fundador de la primera escuela cristiana popular de Europa

“Cuando uno entra a San Pedro del Vaticano, si es aragonés, reparará a la derecha del baldaquino de Bernini en una gran estatua de un paisano: es San José de Calasanz. Así comienza Guillermo Fatás, doctor en Historia y profesor emérito de la Universidad de Zaragoza, un nuevo capítulo de la serie en la que repasa la vida y obra de grandes personalidades históricas de Aragón.

En esta ocasión le llega el turno a José de Calasanz Gastón, del que Fatás cuenta que era hijo de un hidalgo pobre y que nació en la localidad oscense de Peralta de la Sal. En la estatua del Vaticano, obra de Innocenzo Spinazzi, se ve al santo con dos chavales a los que señala algo en un libro: les está enseñando a leer, escribir y hacer cuentas. No en vano, Calasanz es considerado el fundador de la primera escuela pública gratuita en la Europa moderna. Sostiene Fatás que, de no haber sido canonizado por la Iglesia católica, el aragonés llevaría mucha más fama entre los no creyentes, pues se dedicó muy precozmente al ejercicio de la enseñanza por piedad, trabajando con los niños más desfavorecidos de los empobrecidos barrios más allá del Tíber que muchos preferían evitar. No solo abogó por la educación gratuita, sino también, graduada, poniendo de relieve lo complicado que era entonces no solo romper con los privilegios de clase sino también concebir la enseñanza por niveles.

José de Calasanz, según se explica en el ameno audio de unos cinco minutos, fue un hombre fuerte, tenaz, valiente (opinó sobre condenas de la Inquisición) y con mucha determinación. Además, vivió 92 años, muy lejos de la media de vida normal en la Europa del siglo XVII. El insólito ‘educador del pobre’ murió en 1648 y fue beatificado en 1748. Lo curioso es que la estatua de Spinazzi, que sirvió de inspiración a Antonio Torres para hacer otra en la fachada del Pilar, está labrada antes de que fuera santo. Calasanz, que no escribió libros pero tiene bastantes cartas, defendió el conocimiento del latín junto al uso de la lengua común para que el niño pudiera comprender bien la instrucción. Hoy, once órdenes calasancias se inspiran en sus principios. 

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