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El pueblo de Aragón que intimida con su mirada

El territorio aragonés es una amalgama de curiosidades y enclaves patrimoniales. Sorprendentes son las oportunidades en este lugar, ideal para una escapada.

El pueblo de Aragón que intimida con su mirada
El pueblo de Aragón que intimida con su mirada
Laura Uranga

En Aragón se destapan pueblos que suenan a famosas melodías, otros de obligada visita aunque su nombre recomiende lo contrario, con ecos de Nino Bravo, que esconden la vida y la muerte en sus rocas y hasta donde Montserrat Caballé compraba el aceite. Por sus peculiares nombres, sus rutas imperdibles o curiosidades populares, en el territorio aragonés cada municipio escribe su propio gancho, su atractivo al turismo. Las provincias de Zaragoza, Huesca y Teruel son una amalgama de historias y enclaves que contar.

Entre la fronteras turolenses se encuentra el pueblo que intimida con su mirada. Puede sonar oscuro pero es todo luz. Cerca de la línea divisoria con la provincia de Guadalajara, en la vertiente norte de la sierra Menera, comarca del Jiloca, se ubica esta localidad de poco más de 300 habitantes. Popular por su nombre, el pueblecito en cuestión goza de un destacado patrimonio histórico, natural y cultural. Además, aparte de la influencia económica del municipio próximo de Calamocha -a unos 30 kilómetros-, tiene muchas cosas que ofrecer.

Se trata del pueblecito de Ojos Negros, al que también pertenece el barrio de Sierra Menera, situado a unos cinco kilómetros. Uno de los símbolos del municipio turolense es el molino harinero. Junto al de Malanquilla, es el de más envergadura entre los restaurados en Aragón. De tradición minera, en el centro podemos encontrar el curioso economato de La Compañía y el edificio del antiguo casino, además de la locomotora Orconera, que se expone en la plaza.

En el pueblo, cerca de la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar, se hallan restos de la muralla romana y del Castillo, datado en la época de la Reconquista. Además, dentro del término municipal de Ojos Negros, se descubren las Salinas del Rey, una explotación ligada al pasado celtíbero y musulmán de la zona. Para visitar Ojos Negros, no hay que olvidarse de sus negocios. Goza de un albergue y de los servicios de Casa Añil, una coqueta casa rural ideal para hacer noche en la escapada. Entre otros alicientes, destacan las esculturas del artista local fallecido en 2008 Felipe Martínez Garcés, conocido como 'El Kpis' o el pastor de Ojos Negros.

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