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Heraldo del Campo

integración cooperativa

La unión cooperativa se llama Gallicum

Las cooperativas de Zuera y de San Mateo de Gállego se han fusionado en una sola entidad con la que mejorar el servicio a los socios y, sobre todo, dar respuesta a un mercado global que exige dimensión.

El agricultor zufariense Toño Romé, ante la sede de Gallicum en las instalaciones de Zuera.
El agricultor zufariense Toño Romé, ante la sede de Gallicum en las instalaciones de Zuera.
T. R.

Gallicum era, según señalan los historiadores, el asentamiento romano situado en las cercanías del actual casco urbano de la localidad zufariense, llamado así por el cercano río Gállego. Ahora es también el nombre de la nueva cooperativa surgida de la unión de San Licer de Zuera y San Mateo Apóstol de San Mateo de Gállego.

De distinto tamaño pero con cultivos similares (ambas son cerealistas y forrajeras), ambas entidades han entendido la necesidad de que este tipo de empresas tiene que ganar dimensión y buscar sinergias para abaratar costes al tiempo que amplían servicios, pero, sobre todo, para dar respuesta a un mercado cada vez más globalizado, competitivo y exigente.

No ha sido un proceso rápido. Comenzó hace unos ocho años con unos contactos incipientes que surgieron tras unas jornadas organizadas por el sindicato agrario UAGA de los que también formaban parte otras de las cooperativas, aunque finalmente solo continuaron el proceso las que ahora se han dado la mano para crear la nueva entidad.

La caída de Arento primero, grupo agroalimentario aragonés al que pertenecían ambas entidades, y después una pandemia que en los momentos más duros paralizó prácticamente por completo la vida económica y social del país y ha ralentizado durante meses la relaciones personales (y cualquier tipo de reunión) pusieron freno a la integración. Pero tan adverso escenario no consiguió, sin embargo, enfriar las voluntades de los responsables de las cooperativas de San Licer (con Fernando Marcén en la presidencia) y San Mateo (pilotada por Jorge Poc), que culminaban el proceso de fusión el pasado mes de agosto.

Había nacido Gallicum Sociedad Cooperativa Aragonesa, en la que ha tomado las riendas, por decisión de la asamblea general celebrada hace unas semanas, el agricultor zufariense Toño Romé.

Ambas cooperativas tienen a sus espaldas más de un siglo de vida, pero han sabido adaptarse a los nuevos tiempos sumando inversiones que les permiten disponer de secadero para su cereal, deshidratadora para su alfalfa, gasolineras para sus socios o tiendas en las que suministrar insumos a los agricultores de la zona, todo ello sin descartar la apuesta por la investigación y la innovación que se ha plasmado en ensayos con los que probar el futuro de nuevos cultivos en la zona.

Su nuevo paso -mirando especialmente al mercado- se ha materializado en una sola cooperativa que suma unos 800 socios -no todos son agricultores en activo- y cuya facturación se elevará hasta los 20 millones de euros anuales.

La semilla de Gallicum se sembró en un encuentro entre cooperativas en el que participaron aquellas que se encuentran en los municipios situados en el curso bajo del río Gállego. Fue entones, y han pasado unos ocho años, cuando sus responsables comenzaron a hablar de una posible integración entre todas ellas.

Pero fueron la zufiarense San Licer y San Mateo Apostol de San Mateo de Gállego las que decidieron continuar el camino emprendido para convertirse en una sola entidad. "Es una fusión entre dos partes que han querido estar juntas", señala el recién elegido presidente de Gallicum, Toño Romé, que detalla que esta integración cooperativa responde a dos objetivos. Uno: disponer de un mayor volumen y poder hacer frente mejor a los mercados, tanto para la compra de insumos como para la venta de productos. Dos: dar servicios a los agricultores, ya sean los propios de la explotación como los directos de la compra y venta de productos, así como facilitar asesoramiento y atender las obligaciones burocráticas y transferir el conocimiento de las investigaciones realizadas tanto en nuevos cultivos, en nuevas variedades...

"San Mateo tenía la necesidad de contar con esta oferta de servicios de la que no disponía y a San Licer le venía muy bien, como es lógico, crecer en volumen para hacer frente a este neoliberalismo que tenemos", detalla Romé. Señala, además, su presidente que a pesar de los baches encontrados por el camino ambas cooperativas decidieron seguir adelante con el proceso porque "era una fusión natural, ya que sus producciones están muy mezcladas y también algunos de sus agricultores".

La sede, en Zuera

Su sede central está en la cooperativa de Zuera, cuyos orígenes se remontan a 1912, y que se ha convertido en una moderna empresa que ocupa 35.000 metros cuadrados en el polígono El Campillo de la localidad zaragozana. Dedicada a la producción de cereal y alfalfa, sus instalaciones cuentan con oficinas y salón de actos, albergan una fábrica de piensos, una deshidratadora de alfalfa, un secadero de cereales y un parque de maquinaria de alquiler para los socios. La sociedad dispone de una tienda de 400 metros cuadrados abierta al público en general y una gasolinera.

La cooperativa de San Mateo, de menor tamaño pero también con una larga historia cuyo germen hay que buscarlo allá cuando el siglo XX comenzaba a dar sus primeros pasos, se dedica también a la producción cerealista y forrajera. Con esta fusión se desliga de la cooperativa ganadera con la que ha caminado en el último medio siglo y avanzará ahora, ya como parte de Gallicum, convertida en un almacén de estocaje de insumos y de recogida de producto.

La caída de Arento y la covid

No todo en este proceso de integración ha sido un camino de rosas. Si la unión cooperativa se dilató en un primer momento por las decisiones que unas y otras cooperativas tomaban conforme avanzaba el proyecto, las entidades que todavía mantenían la iniciativa en pie tuvieron que hacer frente a obstáculos nada fáciles.

Ambas cooperativas se vieron afectadas por el "último bache del cooperativismo aragonés", como Romé define la caída del grupo agroalimentario Arento. Explica el nuevo presidente de Gallicum que la sociedad agraria de Zuera, de cuyo consejo rector formaba parte, estuvo intentando "hasta el último momento" que el grupo cooperativo saliera a flote.

Incluso tuvieron que sufrir que Caja Rural de Aragón, máximo acreedor de Arento, señalara a esta cooperativa, así como a la de San Mateo, entre aquellas que, según la demanda presentada por la entidad, habían realizado "prácticas sospechosas" -se les acusaba de haber emitido facturas falsas-. "Afortunadamente, la justicia ha dejado claro que no hubo ninguna práctica ilegal", insiste Romé.

Por eso, la crisis de Arento cayó como un jarro de agua fría que casi congeló el proceso iniciado entre Zuera y San Mateo. Un obstáculo que pudieron salvar porque "como cooperativa, desde el minuto menos uno habíamos mantenido informados a todos los socios", por lo que, "aunque pudieron surgir algunas inquietudes" lo cierto es que, insiste, de lo que nunca hubo dudas fue de la integración "porque era favorable para todos".

Romé reconoce que el nombre ha planteado algunas reticencias, pero finalmente no ha sido ningún problema llegar al consenso por el que se ha acabado adoptando la denominación con la que los romanos conocían al río que baña las tierras de las que se nutren las cooperativas de la zona. "Es cierto que se trata de entidades de distintos tamaños, pero muy similares, por lo que creemos que este era un nombre de futuro para lo que pueda surgir el día de mañana", destaca Romé, que abre así la puerta a la entrada en este proyecto de integración a aquellas cooperativas vecinas que quieran compartir iniciativa.

No van más allá. No piensa Gallicum en convertirse en el germen de un grupo cooperativo regional porque, de momento, su planteamiento tiene carácter local, comarcal. Pero, eso sí, no descarta futuras colaboraciones con las distintas cooperativas que pueblan el medio rural aragonés.

"Nosotros siempre estamos abiertos a colaborar con quien podamos hacerlo, porque si tenemos necesidades comunes o que nos convienen por distintos motivos, ¿por qué no hemos de hacerlo juntos?", explica. Y añade que "de lo que se trata es de cooperar, no solo entre agricultores sino también entre entidades similares".

Como prueba de ello recuerda que precisamente por eso su cooperativa participó durante muchos años en un grupo como Arento y, por eso, es socia desde hace más de una década de Iberalfa, además de formar parte de proyectos de innovación e investigación, por ejemplo, a través de la Red Arax, "que puedan interesar a los agricultores de la zona".

Juntos desde agosto

Gallicum se convertía en una cooperativa en el mes de agosto, en plena campaña de recogida de cereal de invierno. Un campaña que Toño Romé califica de "regular" en lo que a producción se refiere, ya que las cosechadoras recogieron en esta zona en torno a un 30% menos que el pasado año. La otra cara de la moneda la protagonizaron unos precios "extraordinarios" de los cereales que siguen subiendo como si el alza no tuviera fin.

Una campaña con la que cuentan con el grupo AN, como ya sucedió el pasado año cuando la caída de Arento añadió incertidumbre a la comercialización ante la posibilidad de que el mercado entendiera la situación como una debilidad que les hiciera más susceptibles. En ese escenario, tuvieron, como tendrán también este año, la mano del grupo navarro, que garantizó las ventas "desde el minuto cero y a un precio muy bueno para los productores y la cooperativa", explica Romé.

Ahora los agricultores socios de esta nueva entidad (Zuera aporta unos 600 y San Mateo alrededor de 200), que cuenta con una plantilla de 30 trabajadores y alcanzará una facturación media anual de unos 20 millones de euros, están inmersos en la siembra del cereal de invierno. "Hemos comenzado con mucha tranquilidad y sin prisas, porque no había tempero", explica su presidente y también agricultor, que señala que, hasta las últimas lluvias del pasado fin de semana, había pasado mes y medio sin que la tierra recibiera ni una sola gota de agua.

"Es una siembra con mucha incertidumbre", detalla. Porque los elevados precios del gasóleo, los abonos y los fertilizantes harán que se encarezcan sobremanera los costes de producción. Y no es eso lo peor, añade Romé. A los agricultores les preocupa especialmente la escasez de suministro, incluso de piezas para sus aperos y sus maquinarias. "Para los abonos de fondo no hay problema porque como cooperativa los habíamos comprado hace tiempo, a un precio más elevado pero relativamente normal", explica. Pero añade a renglón seguido que lo que inquieta es que si el final del otoño y el principio del invierno resultan muy lluviosos, será necesario aplicar a la tierra abonos nitrogenados. "El panorama que ya nos están planteando es precios un 200% por encima de los habituales y además sin garantía de entrega. Eso lo que nos hace prever es que la cosecha que vamos a sembrar ahora pueda tener problemas añadidos a los que nos puede dar el clima", advierte.

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