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Carlos Rodrigo, teniente coronel médico: "Cuando acudes a situaciones de catástrofe ves las dos caras del ser humano"

Médico militar zaragozano al frente de la Umaad, unidad médica del Ejército del Aire especializada en el despliegue, ha estado en los últimos años en misiones en Haití y Afganistán.

Carlos Rodrigo, teniente coronel médico de la Umaad Zaragoza.
Carlos Rodrigo, teniente coronel médico de la Umaad Zaragoza.
José Miguel Marco

Carlos Rodrigo (Zaragoza, 1968) lleva más de dos décadas ejerciendo de médico militar en misiones internacionales en países como Haití y Afganistán. Casado y con dos hijos, es teniente coronel médico y jefe de la Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue (Umaad) en Zaragoza, perteneciente al Ejército del Aire. Comenzó su carrera castrense destinado en Jaca, en la Escuela militar de montaña y operaciones especiales, pasó al Regimiento de Pontoneros en 2009 y ahora está al frente de la Umaad, ubicada en la base aérea de Zaragoza.  

¿Qué vocación tuvo primero, la de ser médico o militar? 

En la familia no había nadie ni militar ni médico. Nadie que me hubiese podido orientar, pero recuerdo que me gustaba mucho la serie de televisión MASH, sobre un hospital del ejército americano en Corea. Empecé primero intentando entrar como militar de carrera en la Academia General Militar (AGM), pero suspendí por las pruebas de Física y Matemáticas, que eran muy potentes. Luego hice la carrera de Medicina en la Universidad de Zaragoza. Primero empecé trabajando a nivel civil en Aínsa, en Huesca, que me gustó mucho. Fue una experiencia muy buena a nivel de medicina rural. Luego hice la oposición de médico militar.

De la tranquilidad de Aínsa a varias zonas en conflicto. ¿En qué países ha desarrollado su labor?

Empecé en Kosovo en 2001, donde estuve dos veces; luego en Afganistán en 2003, en Kabul, y en 2009 y 2012, en Herat. En 2010 estuve en Haití, tras el terremoto; cuatro veces entre Estonia y Lituania, una vez en Gabón y en la Antártida.

¿Qué ha pensado cuando 11 años después ha vuelto a haber un terremoto que ha dejado Haití en ruinas?

En 2010 afectó más a Puerto Príncipe, por eso hubo tal cantidad de fallecidos. Esta vez ha afectado a una zona con menos cantidad de personas. 2.000 muertos son muchos, pero no tantos en comparación con la otra vez que hubo 200.000. Pero la imagen es parecida. Lo primero que recuerdo cuando fui a Haití es ver en el aeropuerto la gran cantidad de oenegés que estaban trabajando allí. Me pareció que había un antes y un después de esa catástrofe, a nivel de organización de las ayudas y por la gran respuesta que hubo de todo el mundo debido a la gran cantidad de fallecidos.

Las oenegés que acudieron entonces y las que siguen ahora denuncian problemas para hacer llegar la ayuda internacional, por las malas comunicaciones del país, la corrupción y la violencia.

Me sorprendió entonces la sensación de destrucción en Puerto Príncipe, de caos. Yo no veía ni policía ni militares de Haití. Era la gente intentando como podía conseguir comida, agua y algo de alojamiento. La seguridad la daba el personal de Naciones Unidas porque llevaba varios años. Se escuchaban noticias de camiones con medicamentos que no llegaban a su lugar o barricadas para hacer parar a los vehículos con ayudas. Eso dificultaba la ayuda. A nosotros la gente nos tenía más respeto al ser militares. Es un país complicado. Ellos tienen que trabajar para tomar las riendas. En la zona donde estábamos había alguna zona de playa. Tenían medios para poder vivir de eso como República Dominicana o conseguir algo.

¿Cuál fue su labor en el país caribeño tras el primer terremoto, una misión humanitaria en la que participó el buque Castilla ?

Estuvimos trabajando en la zona de Petit Goave, primero con una fundación y nos pusimos a hacer atención primaria, ayuda a partos y pediatría. Se pudo ayudar bastante en operaciones. En Haití me fui con una sensación buena, de que había hecho lo que había podido. El trabajo allí fue importante. Además de la atención sanitaria en partos, ayuda a niños, embarazadas, tratamientos de malaria, quedó la campaña de vacunación de sarampión que se hizo con el personal de la zona porque después de una catástrofe vienen las epidemias.  Pero fue muy duro el accidente en helicóptero en el que murieron cuatro militares españoles, poco antes de la salida de Haití.

"Afganistán siempre ha sido uno de los puntos más fuertes por el apoyo que se daba muchas veces quirúrgico, al personal militar y al civil que había pisado alguna mina o recibido una herida por arma de fuego"

Otro de los países en los que la situación ha empeorado es Afganistán. ¿Qué recuerdos le han traído las imágenes que vemos en el aeropuerto de Kabul tras la salida del país de las tropas internacionales? 

A nivel personal me da tristeza. Tengo la imagen del avión norteamericano y la gente intentando agarrarse a él para irse. Son imágenes muy duras. La Umaad participó en 2002 como ayuda con un hospital a la base de Bagram, que estaba con personal americano. Ese fue el primer despliegue. En febrero de 2002 ya estaba montado, hasta septiembre, y luego se montó otro en 2005 en base aérea en Herat, donde estuvo hasta 2015. Afganistán siempre ha sido uno de los puntos más fuertes por el apoyo que se daba muchas veces quirúrgico, al personal militar y al civil que había pisado alguna mina o recibido una herida por arma de fuego. Siempre he pensado que Afganistán ha sido nuestra universidad. Cuando fui en 2003 la situación era relativamente tranquila, pero en 2009 cuando volví a Herat había cambiado y había más problemas de ataques de insurgentes al personal del Ejército. Supuso un reto por el posible riesgo que había.

Habrá visto lo peor y lo mejor de las personas en situaciones tan duras.

Cuando acudes a situaciones de catástrofes ves las dos caras del ser humano. Por desesperación o necesidad ves a gente luchando por un paquete de arroz y al revés, gente que tiene dos trozos de pan y te da uno. 

¿Pensó alguna vez que su unidad tendría que desplegar una carpa en el hospital Clínico de Zaragoza para una emergencia sanitaria como la pandemia de covid-19? Estuvo 10 meses, hasta junio de este año.

No. Cuando estás en la academia y en una unidad de despliegue las misiones sabes que son nacionales e internacionales, pero no piensas que tienes que montar nada en nuestra ciudad. Para nosotros desplegar una carpa en el Clínico supuso un desafío. Estuvo abierta 15 días como ayuda al servicio de urgencias y posteriormente se usó para la vacunación.

"Desplegar una carpa en el Clínico supuso un desafío"

¿La sanidad pública ha ganado apoyo con la pandemia? ¿Y recursos?

Cuando vamos a otros países siempre pienso que gracias a que estamos en España tenemos una Sanidad en la que todo el mundo está cubierto sanitariamente. Como en todos los sitios, puedes mejorar, pero tenemos una Sanidad muy buena. También al principio de la pandemia, con todos los problemas que había para todo el mundo, no solo en España, tanto en material como en tratamiento. Al principio fue un momento de crisis, pero funcionó bastante bien.

¿Y la imagen del Ejército? Hemos visto soldados desinfectando hospitales, residencias y hasta haciendo de rastreadores.

Espero que sí. Que la gente nos vea como un brazo de acción tanto del Gobierno como de ayuda en cualquier tipo de actuación. Dentro del Ejército se cuenta con profesionales de muchos tipos. En la Umaad habitualmente damos apoyo a operaciones, misiones, ejercicios o, como en Haití, montamos una instalación sanitaria. Estamos un médico, tres enfermeros y personal auxiliar sanitario y de montaje. Podemos montar la instalación sanitaria, tiendas, si hace falta cirugía contamos con quirófanos, material para UCI, radiología, laboratorio, etc. Llegamos hasta un máximo de 50 camas. En Lorca (Murcia), tras el terremoto de hace diez años, se montó instalación sanitaria

¿Cómo lleva su familia las misiones internacionales?

En Afganistán había un locutorio con internet y recuerdo hacer los deberes con mi hija desde allí. Ya que estás tanto tiempo, hay que intentar que la separación dañe menos a la familia. Recuerdo que en 2001 en Kosovo teníamos un teléfono y hacíamos fila para hablar con la familia 15 minutos cada tres o cuatro días. En Haití no había internet y era por vía telefónica. A mí me gustaba escribir cartas. Últimamente está muy bien con las videoconferencias, a nivel psicológico, para la gente que está separada de la familia está muy bien. Es complicado cuando estás tanto tiempo fuera de casa.

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