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El grupo de vecinos recupera la memoria a través de los balsetes de su municipio

El municipio de Samper de Calanda luce ya recuperados varios balsetes y pozos, que hace años los agricultores utilizaban para almacenar agua en sus largas estancias en el campo.

Balsete de Rainica, uno de los recuperados que ha vuelto a almacenar agua.
Balsete de Rainica, uno de los recuperados que ha vuelto a almacenar agua.
Amigos de los Balsetes

Los balsetes fueron de vital importancia para nuestros antepasados, aquí, en Samper de Calanda”, asegura Miguel Abós, samperino que junto a José Ínsa, Ángel Cortés, Leocadio Marín y José Albaiceta, entre otros vecinos, se están encargando de recuperarlos. “Forman parte de nuestra historia, de la historia de nuestro municipio”.

El término municipal de Samper tiene más de 14.000 hectáreas y su dimensión es el motivo por el que se llenó de balsetes: “Los agricultores de nuestra localidad tenían que recorrer hasta 16 ó 17 kilómetros hasta los campos, por lo que, como resultaba imposible recorrerlos diariamente, decidían pernoctar allí y solo volvían al pueblo a coger alimentos. Esto hizo que agudizasen el ingenio y empezasen a excavar el terreno para que, al llover, se almacenase el agua”, explica Abós. “Luego, la metían en tinajas y les servía tanto para su propio consumo como para los animales. Eso sí, previamente la filtraban con telas o gasas para retener algunas ramas o animalillos que podían haber caído”.

Con la llegada del agua corriente y la expansión de los vehículos, estos balsetes, que “tan útiles” fueron, se abandonaron. Una pérdida que estos vecinos quieren recuperar y desde finales de octubre ya trabajan, de hecho, en su restauración. “Sacar a la luz estos espacios, reconocerlos, nos ayuda a conocer y nos cuenta cómo se vivía antes. Creemos que puede ser de interés para vecinos y visitantes”, anota este vecino de Samper de Calanda.

Balsete de las Peñas.
Balsete de las Peñas.
Amigos de los Balsetes

Concretamente, en el término municipal se estima que habrá más de 60 balsetes, además de unas 10 balsas y pozos. “Aquí, el agua de los pozos solo servía para los caballos y las ovejas porque es muy salitrosa”, anota Abós, que también junto a este grupo de samperinos han recuperado algunos pozos. “El salitre de estos fue el principal motivo por el que los balsetes cobraron tanta importancia. Incluso algunos agricultores tenían balsetes propios”.

Ahora, este grupo de vecinos ha recuperado unos 40 y ya han trazado ocho rutas para poder visitarlos. Unas rutas que por el momento intentarán subir a aplicaciones para que sean descargables. “Eso sí, por el momento nos estamos centrando en la señalización, pero también en el mantenimiento del trabajo ya hecho”, indica el mismo. “Con las últimas lluvias ha crecido la hierba y tendremos que volver a limpiar”. Una limpieza que ha contado con el apoyo de la Sociedad de Montes de Samper: “Nos ayudó con las excavadoras y también nos va a ayudar con la señalización”.

El objetivo además de esta recuperación ha traído consigo muchas sorpresas, gracias a que, como dice Abós, “donde hay agua, hay vida”: “Hemos visto acercarse hasta los balsetes a corzos, ciervos y jabalís, e, incluso, hemos podido observar distintas aves. No es una gran cantidad de agua, ni esperamos que se llenen de aves, pero sí que de vez en cuando se acerquen”.

Tal ha sido la recuperación, que, de forma altruista, han llevado a cabo estos vecinos que la Asociación cultural Vino, Pan y Morada, de Samper de Calanda, va a exponer un relato fotográfico en el que se podrá ver cómo estaban antes y cómo lucen ahora estos balsetes y pozos. Asimismo, el 24 de julio, darán una charla en el municipio para contar todo lo descubierto hasta la fecha.

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