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Heraldo del Campo

gente de la tierra

Medio siglo recorriendo España al cuidado del rebaño de ovejas

Antonio García, el único pastor que queda en la localidad zaragozana de Berdejo, se acerca a la edad de jubilación pensando en volver a su Jaén natal.

Antonio Berdejo pastorea el rebaño de Ángel Sisamón, ganadero de la localidad zaragozana de Berdejo.
Antonio Berdejo pastorea el rebaño de Ángel Sisamón, ganadero de la localidad zaragozana de Berdejo.
Jesús Macipe

Antonio García, bastón en mano, gorra calada y con la fiel compañía de su perro, Burraco, habla del pastoreo con sinceridad y con orgullo. Desde los 9 años, y ahora cuenta ya los 63 que cumplirá en agosto, ha estado al cuidado del ganado, tanto de ovejas como de cabras. Desde su Venta de los Santos natal, en Jaén, ha pasado por Toledo, Cuenca, Guadalajara, Tarragona y hace once años camina entre los cerros que rodean la localidad de Berdejo, en pleno valle del Manubles, y las rayanas tierras de la provincia de Soria.

"No pienso en la jubilación, hasta los 65 quiero llegar", reconoce en el paraje del molino, a escasos metros del casco urbano del pueblo y a los pies del castillo. Lo dice a pesar de llevar 54 años fuera de su casa y del desgaste que supone un trabajo tan exigente como el suyo. Para explicarlo cuenta una anécdota: "Un hombre siempre me decía que los pastores no hacíamos nada y nos hacía de menos. Le invité a acompañarme un día a ver si aguantaba y nos jugamos un cordero si yo perdía. Acabó pagando él 17.000 pesetas y diciendo que no quería volver".

Aquella anécdota, que al contarla dibuja una sonrisa en el rostro de Antonio, guarda en sí el esfuerzo que el pastoreo acarrea. "A diario haré unos ocho o diez kilómetros, el día que más serán unos 40, pero he llegado a hacer 80", calcula, recordando que "con los años es algo que vas notando, porque de joven al dicho que decía "de 40 para arriba no te mojes la barriga" contestaba que no era para tanto, pero una vez que los pasas…", puntualiza a la vez que resopla. En su caso cuenta que "hay que salir todos los días, haga calor, llueva o nieve" y recuerda el reciente paso de Filomena.

Durante aquellos días, el trabajo seguía siendo el mismo: "La nieve me llegaba por la rodilla, así que las pobres tenían que comer de las chaparras, porque no había otra cosa. Y todo el día en el campo". Para hacerse con ellas, Antonio reconoce que la labor de Burraco, su perro, es fundamental: "Son nuestras manos, nuestros pies y nuestra compañía, siempre están en todo", explica del can, que se recuesta en la hierba mirando a su dueño y a las ovejas y que ya tiene tres años

Ahora son unas 700, pero en breve llegarán otras 500 más. "Aquí lo normal es llevar unas 1.200 o 1.300 en verano, cuando vas a la parte de Soria, que es más llano y hay fincas más grandes. Pero yo he llegado a ir con 2.300", recuerda. Y es que aquellos tiempos quedan ya muy lejos: "Ahora cada vez quedamos menos pastores, españoles muy pocos, y cada vez hay menos ganado", apunta con tristeza. "Es un trabajo del que estoy orgulloso, porque todos los días los animales te enseñan algo o te recuerdan algo que habías olvidado. Además, aprecias todo lo que te rodea mucho más", destaca.

Perfiles como el de Antonio ya no abundan y eso lo sabe Ángel Sisamón, ganadero para el que trabaja el jienense y segunda generación en el gremio junto a sus dos hermanos. "El ovino lleva muchos años que está mal y no tiene pinta de mejorar. Es una pena. Y encontrar a gente como Antonio, que haga tan bien un trabajo tan sacrificado y esclavo, es casi imposible", destaca. Sisamón, originario de Mesones de Isuela, reconoce que en su caso la alternativa pasa por el porcino. "Estoy poniendo dos granjas, que no sé cuánto durará, pero está visto que con las ovejas no hay más".

Antonio vive ahora en Berdejo con su hermano, pero su idea cuando alcance la jubilación es volver a Venta: "He llegado a estar 8 años sin pisarlo", dice.

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