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Más de 133.000 aragoneses viven confinados entre el hastío, la prudencia y la resignación

Aragón mantiene el cierre de cuatro comarcas y dos municipios a la espera de que la pandemia permita reabrir estas zonas.

Ambiente en el paseo Cortes de Aragón de Calatayud esta semana
Ambiente en el paseo Cortes de Aragón de Calatayud esta semana
J. Z.

Unos 133.500 aragoneses viven actualmente en las zonas confinadas entre el hastío, la resignación y la prudencia. 

Parte de la comarca de las Cinco Villas (las zonas de salud de Ejea de los Caballeros, Luna, Sádaba y Tauste), Ribera Alta del Ebro, Valdejalón y Campo de Borja así como las ciudades de Calatayud y Jaca están cerradas y pendientes de que mejore la evolución de la curva de contagios. Y mientras llega el esperado momento de dejar atrás el nivel de alerta 3 agravado, son muchas las ventas que no se hacen, los bares y restaurantes a medio gas y los turistas que no llegan.

La expectación impera en estos territorios, sumidos en un impás de espera que no deja a nadie indiferente y en el que todos se agarran a la esperanza de la vuelta a la rutina y a la progresiva normalidad. La comarca de Valdejalón arrojó este miércoles una incidencia acumulada a siete días de 65 casos cada 100.000 habitantes, lejos de los 367 que alcanzó el pasado 4 de mayo. Con esta cifra podría ser una zona candidata al desconfinamiento. Entre los municipios de más de 10.000 vecinos, Jaca tiene la mayor incidencia (266), seguida de Ejea (241) y Calatayud (144). Todos con una tendencia a la baja.

Cinco Villas (salvo la zona de salud de Sos del Rey Católico): "En la calle hay mejos gente"

Ejea está viviendo su tercer confinamiento durante la pandemia, y en este caso junto a parte de la comarca de las Cinco Villas (excepto la zona básica de salud de Sos). Su alcaldesa, Teresa Ladrero, reconoce el "cansancio y resignación" de la ciudadanía junto a la esperanza de que no se vuelva a repetir. El cierre afecta, y mucho, a los negocios.

El Ayuntamiento ha reservado un millón de euros para paliar los efectos negativos: 100.000 euros para la reactivación del consumo, a través de la campaña de bonos en comercios y hostelería, así como 900.000 € en ayudas directas. El municipio se sumará además al plan de rescate de la DGA y las diputaciones. 

Para el presidente de la asociación Ejea Comercio, Juan Pons, el confinamiento "implica una sensación de vivir a cámara lenta, la gente no sale, se contiene. El efecto más inmediato es que todo está parado. Pero mientras hay que seguir pagando facturas". Cifra las pérdidas en torno al 50%, e incluso más en algunos sectores, "y en la hostelería ya es el naufragio total". El presidente comarcal, Santos Navarro, añade que la gente "está cansada" y apela a la responsabilidad individual. "El cierre se ve con preocupación" a espera de que se relajen las medidas, algo que confía en que llegue pronto.

Los datos se disparan en Tauste, con 83 positivos en lo que va de mayo. Su alcalde, Miguel Ángel Francés, señala que son muchas las familias que están pasando por el confinamiento domiciliario y muchas las que se han visto afectadas por el impacto de los casos: "En la calle se ve menos gente y el sentimiento de tristeza se nota". Él mismo se recupera de la enfermedad tras haberse infectado.

La gerente de la asociación de comercio local Asecos, Beatriz Lagranja, apunta que "la hostelería está sufriendo mucho el impacto con las limitaciones de aforo y horarios" pero cree que el balance "es más positivo para el pequeño comercio": "Los vecinos no han podido salir a hacer compras a Zaragoza. Hay gente que trabaja fuera y que con la pandemia han vuelto al pueblo y que son nuevos clientes. Además, el sector ha contado desde el principio de la pandemia con el apoyo del ayuntamiento a través de las diferentes campañas y el respaldo ha sido muy importante". 

En la oficina de turismo ha dejado de sonar el teléfono. José Ángel Cardona detalla que "fue comunicar el cierre perimetral y dejar de recibir visitas, una pena ahora que ya se había reactivado el turismo. Está claro que son personas que llegan, compran en nuestras tiendas, comen aquí y se quedan a dormir también. Estas semanas solo hemos atendido a algún visitante extranjero que no estaba informado de la situación sanitaria de la comarca", explica.

Valdejalón: "El cambio de tendencia es claro"

Ya lo adelantó la Consejería de Sanidad hace una semana: la comarca de Valdejalón podría relajar en breve las restricciones. Es una de las zonas que vigilan de cerca las autoridades sanitarias y donde, a la positiva evolución de la curva epidemiológica, se une la llegada de temporeros para la recogida de la fruta, lo que obliga a extremar la prudencia. "Creemos que por las cifras habrá un cambio", reconoce la presidenta de Valdejalón, Marta Gimeno, pero se muestra cauta a la espera de conocer el anuncio oficial del Departamento en un sentido u otro.

Desde La Almunia de Doña Godina, su regidora, Marta Gracia, asume que "los horarios y las restricciones están afectando especialmente a la hostelería" y que "socialmente existe un cansancio": "Creo que, si la situación lo permite, es necesaria cierta normalización". En su caso, apunta, igual que Gimeno, que la decisión podría llegar a finales de semana: "Hay que ver la evolución, pero el cambio de tendencia es evidente". Gonzalo Orna, vicepresidente de la Asociación para el Impulso del Comercio y la Economía de La Almunia, matiza que "no ha sido positivo, pero es mejor que dejar a los pueblos sin que puedan venir, tanto por ellos como por nosotros. Esperamos que pueda cambiar porque eso significa que la situación está mejorando".

Algunos restaurantes de Jaca han optado por cerrar mientras dure el confinamiento
Algunos restaurantes de Jaca han optado por cerrar mientras dure el confinamiento
Laura Zamboraín

Ribera Alta del Ebro: "Es desesperante el daño a la hostelería"

La Ribera Alta del Ebro acumula una incidencia a siete días de 227 casos cada 100.000 habitantes. El impacto del cierre perimetral se percibe especialmente los fines de semana. Desde la Asociación para el Desarrollo de la Ribera Alta del Ebro-Adrae, Patricia Melero explica que "se nota que la gente está más apagada, tiene miedo y sale menos de casa. Se ve menos gente en los bares o comprando. Los estudiantes no vienen, tampoco quienes acudían a pasar el fin de semana".

Gallur ha confirmado, desde el inicio de la crisis, 407 contagios y solo en el último mes ha registrado 103. Tiene una incidencia de 159 casos cada 1.000 habitantes. El impacto de la pandemia en la Ribera Alta desciende aunque lentamente, ante la preocupación de los vecinos. Para el presidente comarcal, José Miguel Achón: "Son buenos datos pero aún estamos lejos de la media en Aragón (95) lo que todavía nos alejaría del desconfinamiento", apunta. Por sectores, es la hostelería el que se lleva la peor parte. "Es desesperante el daño que sufre la hostelería. No somos una comarca eminentemente turística pero también vivimos de eso y estos meses atrás se ha notado una afluencia importante de visitantes del entorno de Zaragoza, que se cortó con el confinamiento comarcal".

Calatayud: "La situación es delicada para todos"

En la ciudad de Calatayud, tras dos semanas de confinamiento, se han reducido los contagios. Su alcalde, José Manuel Aranda, insiste en que "la afección es importante, porque de haberse aplicado antes quizá se podrían haber cumplido las esperanzas de comercios y hostelería por las posibles visitas familiares y afluencia de turistas". "Entiendo y espero que en Sanidad sean sensibles a esta situación", señala, e insiste en que "la ampliación de horarios es un margen de confianza que puede ayudarles".

Pedro Alonso, del bar Anyelo, puntualiza: "Tenemos que ver si al haber más espacio de terrazas hay público para todos y veremos qué ampliación de horarios hay, porque puede significar tener que contratar más personal para unas pocas horas". "La situación es delicada para todos los sectores sin excepción, porque dependemos mucho de la comarca: en nuestro caso hablamos de un 35 o 40% de la caja", detalla, a lo que se añade la inexistencia de turismo.

La misma visión comparte Maribel Melero, presidenta de la Asociación de Empresarios de Comercio y Servicios de Calatayud y Comarca: "Vamos aguantando porque confías en salir pronto de esta, pero aguanta ya quien puede". En este sentido, reconoce que "la situación es mala para todos, no se salva nadie". "Teníamos la esperanza puesta en mayo, pero esto ha sido la puntilla", confiesa.

Campo de Borja: "Es incomprensible cerrar a las 20.00"

El Campo de Borja se enfrenta a su primer confinamiento perimetral durante la pandemia con resignación y con la esperanza de que la situación se estabilice pronto. La presidenta comarcal, María Eugenia Coloma, asegura que el cierre impide la llegada de turistas e influye directamente en la actividad económica: "Es duro. Esperamos que mejore y cuanto antes nos puedan levantar el confinamiento, mejor".

El alcalde de Borja, Eduardo Arilla, reconoce que la incidencia respecto a los contagios empieza a mejorar y apela a la responsabilidad de la ciudadanía: "No hemos notado el efecto de las no fiestas (en referencia a la Virgen de la Peana) en un aumento de casos". "Quien más va a sufrir el cierre y las restricciones es la hostelería", señaló. En este sentido, el regidor recordó que el Ayuntamiento se ha adherido al plan de apoyo a este sector de la DGA y las diputaciones, aportando el 20% de las ayudas: "Además, ni en 2020 ni en lo que llevamos de 2021 hemos cobrado las tasas de veladores". Lanza un mensaje de tranquilidad: "La sociedad se está comportando ejemplarmente, y más pronto que tarde estaremos desconfinados".

David Sanmartín, dueño del café bar Rolde y miembro de la asociación de comerciantes, reconoce que el cierre "está afectando bastante porque el bajón de ingresos es muy grande". "Es incomprensible que tengamos que cerrar a las 20.00, sobre todo en la temporada en la que estamos, con la llegada del buen tiempo". Lo asume con esperanza de que pase pronto y se puedan relajar las medidas, algo que, dice, esperan "como agua de mayo".

Jaca: "De dar 100 comidas pasamos a ocho"

Los 13.000 habitantes de Jaca llevan 20 días de confinamiento sin poder recibir turistas, su principal fuente de ingresos. Tras la apertura de las provincias en Aragón, los establecimientos hosteleros habían retomado su actividad y los hoteles habían empezado a recibir reservas, anuladas por el anuncio del cierre. Supuso un nuevo mazazo para el sector económico de la ciudad, tras un invierno de parón del sector de la nieve. "Aunque la actividad no se ha paralizado en Jaca y sigue el ritmo normal, hostelería y comercio han sufrido un frenazo", indica su alcalde, Juan Manuel Ramón. Las cifras de contagio siguen mejorando, pero "todavía no son datos óptimos", señala.

"Abrimos el restaurante en Semana Santa y estábamos empezando a trabajar bien, pero hemos tenido que volver a cerrar", explica Pedro Marco, propietario del restaurante Cobarcho y empresario hotelero. En cuanto a los alojamientos, añade, "ni nos planteamos abrir de momento". Otros restaurantes se mantienen abiertos, con menos plantilla. "El confinamiento ha sido el remate final", apunta Elena Lanuza, del Lilium. Solo con clientes de casa no pueden salir adelante los negocios. "El domingo servimos ocho comidas, cuando un día normal, teniendo en cuenta el aforo, llegamos a 90 o 100". Esperan "buenas noticias", "y las ayudas anunciadas".

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