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Una década del 15-M en Zaragoza: "Fue un intento muy romántico de cambio social y político"

Activistas que acamparon en la plaza del Pilar y testigos del movimiento de indignación ciudadana analizan lo que supuso esa respuesta social.

Acampada en la plaza del Pilar de Zaragoza, el 21 de mayo de 2011.
Acampada en la plaza del Pilar de Zaragoza, el 21 de mayo de 2011.
José Miguel Marco

El 18 de mayo de 2011, un día después de que la plaza del Pilar de Zaragoza comenzara a llenarse de tiendas de campaña de cientos de indignados que soñaban con un cambio, el zaragozano Alfonso Alegre se sumó a esa concentración de apoyo al 15-M. "Era emocionante y frenético a la vez. Vivíamos una situación difícil: con toda la crisis económica y el tema de la corrupción. La gente tomó conciencia de que no todos somos iguales: que cuando las cosas van mal, unos pagan y otros no", recuerda este profesor -por aquel entonces, en paro- diez años después.

La de Zaragoza fue -junto a las de Huesca y Teruel en Aragón- una de las muchas acampadas que se repitieron por diferentes ciudades de todo el país tras el intento de desalojo de los indignados de la Puerta del Sol de Madrid (epicentro del 15-M). Miles de personas, al grito de 'No nos representan', tomaron las plazas españolas para expresar su hartazgo de la clase política y los poderes económicos. 

También el aragonés Miguel Aguilera -era estudiante de Ingeniería- se sumó desde el inicio a la acampada. "Mucha gente veíamos que el sistema político, formado por el bipartidismo entre PP-PSOE, no funcionaba. Nos obligaba a tener vidas precarias, no nos dejaba participar democráticamente de la forma que deseábamos y bloqueaba avances sociales que creíamos necesarios. Así era mi visión", cuenta.

Para Violeta Barba (que ya ejercía la abogacía), lo curioso es que atrajo a mucha gente diferente. "Personas que tal vez no estaban tan concienciadas políticamente o que hacían simplemente un planteamiento de impugnación al sistema. Eso fue lo bonito del 15-M: que generó espacios de debate entre gente muy diversa con opiniones muy distintas", destaca. En su caso sumarse a ese movimiento fue el comienzo de una carrera política, que la llevó a ser presidenta de las Cortes de Aragón (entre 2016 y 2019) tras afiliarse a Podemos. "A nivel personal fue una oportunidad y una apertura mental de todo lo que se puede hacer desde las propias instituciones. Para mí fue la apertura de un camino que probablemente si no hubiera existido el 15-M no hubiera tomado", reflexiona tras dejar la política y volver al despacho.

Asambleas. actividades y hasta conciertos

Uno de los indignados se dirige al resto de acampados en la plaza del Pilar, el 20 de mayo de 2011 en Zaragoza.
Uno de los indignados se dirige al resto de acampados en la plaza del Pilar, el 20 de mayo de 2011 en Zaragoza.
Oliver Duch

Juan Manuel Aragüés, profesor titular de Filosofía en la Universidad de Zaragoza, habla de una "dinámica de contagio" ante un 15-M "imprevisto" y "deslumbrante". Su implicación fue inmediata y llegó a constituir 'La Universidad de la Multitud' durante la acampada. "Dimos varias conferencias en la plaza del Pilar. Gente y alumnado del departamento de Filosofía estábamos muy activos en el proceso", relata.

Y es que durante el tiempo que los indignados 'ocuparon' la plaza se organizaron asambleas, charlas, distintas actividades y hasta conciertos. "Se apreciaba una alegría a pesar de que era una protesta y una muestra de indignación. Había una cierta sensación de alegría quizá por la cercanía que se apreciaba entre la gente; se notaba que había un entusiasmo por estar juntos, por compartir la calle y pensar que se estaba haciendo algo que podía tener una dimensión de futuro", recuerda este profesor.

"Había un entusiasmo por estar juntos, compartir la calle y pensar que se estaba haciendo algo que podía tener una dimensión de futuro"

En el caso de Violeta Barba participó desde el inicio de la acampada en varias comisiones de trabajo: en el grupo jurídico y en Democracia Real Ya. "En el 15-M mucha gente aportaba tiempo y trabajo", explica.

Desalojo de los acampados

Desalojo de los últimos acampados en plaza del Pilar, el 29 de junio de 2011.
Desalojo de los últimos acampados en plaza del Pilar, el 29 de junio de 2011.
Maite Santonja

Javier Fernández, que en 2011 era el delegado del Gobierno en Aragón, indica que desde el primer momento hubo mucho contacto con los acampados. "Nos garantizaron que no iba a haber ningún tipo de alteración ni problemas, como así hicieron. Por lo tanto, fue una especie de tiempo de espera a que no ocurriera nada y a tratar de poner los medios para que no hubiera ningún incidente. Afortunadamente así fue", dice.

Fernández señala que no contemplaron la decisión de desalojarlos de inmediato pese a las "muchas presiones" que llegaron de "muchos sitios". "De instituciones y personas a título individual que veían aquello como algo indecente e intolerable. Los acampados fueron lanzando sus reivindicaciones y el tiempo fue haciendo lo demás. Plantar toda la plaza del Pilar de tiendas es una imagen muy potente, pero eso hay que mantenerlo", indica este profesor de Derecho Constitucional de Unizar, que como ciudadano vio el 15-M con "muy buenos ojos"."Muchos de los muchachos eran conocidos e incluso algunos habían sido alumnos míos. Era un movimiento muy heterogéneo", añade.

"Empezaron a aparecer colchones, muchos animales, algunas bombonas de butano... Había gente que pretendía cocinar ahí. Eso ya comenzó a ser un peligro real"

No obstante, con el paso del tiempo se fueron incorporando personas que nada tenían que ver con el 15-M y la situación "degeneró", tal y como apunta el entonces delegado del Gobierno. "Indigentes que vivían por la zona... Empezaron a aparecer colchones, muchos animales, algunas bombonas de butano... Había gente que pretendía cocinar ahí y ya eso comenzó a ser un peligro real. Eso es lo que nos movió a actuar. Pactamos con el Ayuntamiento de Zaragoza qué es lo que teníamos que hacer y hubo una denuncia por posibles problemas de salud pública", retala.

El desalojo fue pacífico y no se registró "el más mínimo incidente". "Había pequeños dispositivos (policiales), que siempre los hacíamos circular fuera de vista. Y alguna persona de Delegación estuvo infiltrada en el movimiento; sabíamos lo que hablaban y pretendían y no hizo falta tener ningún dispositivo especial. Zaragoza fue la primera de las ciudades que hizo el desalojo", explica. Los últimos indignados 'levantaron el vuelo' el 29 de junio de ese 2011.

De la plaza del Pilar al trabajo en los barrios

Protesta de la Marea Verde ante la sede de Educación en Zaragoza, en mayo de 2013.
Protesta de la Marea Verde ante la sede de Educación en Zaragoza, en mayo de 2013.
José Miguel Marco

Tras el desalojo, el movimiento trató de propagarse por los barrios de la ciudad con una labor casi anónima. Tal y como destaca Alfonso Alegre, movimientos como la Marea Verde (en defensa de la educación pública) y la Marea Blanca (contra la privatización de la sanidad) son "hijas" del 15-M. "Al igual que Stop Desahucios", añade este profesor de instituto, que continúo trabajando desde su barrio (en especial en temas educativos).

También Miguel Aguilera participó en diferentes movimientos y, como investigador, estudió cómo funcionaban las redes sociales en el 15-M. "De alguna forma fue una época histórica, de la que salieron muchas cosas", sostiene.

"Lo que decíamos en ese momento -y yo me lo continúo creyendo- es: 'Nos mudamos a vuestra conciencia' o 'el 15-M se traslada a los barrios'. Fue un movimiento de impugnación al sistema, pero luego la forma de hacer propuestas ha ido cristalizando en cosas diferentes: creación de nuevos partidos y fundación y fortalecimiento de movimientos vecinales. Por no hablar de la propia reforma que han sufrido las fuerzas políticas que ya existían en materia de transparencia, participación interna, etc", apunta, por su parte, Violeta Barba.

"Fue un movimiento de impugnación al sistema, pero luego la forma de hacer propuestas ha ido cristalizando en cosas diferentes"

Mientras, Juan Manuel Aragüés destaca la decisión de mantener el espíritu de movilización por los barrios tras una acampada que era "insostenible". "Dejó un poso político muy importante, del que ha estado viviendo cierta política en España durante varios años".

El balance diez años después

Exposición fotográfica de la acampada en la plaza del Pilar, en septiembre de 2011.
Exposición fotográfica de la acampada en la plaza del Pilar, en septiembre de 2011.
Asier Alcorta

Para el profesor de Filosofía, que en 2021 se conmemore el décimo aniversario significa que fue "algo realmente potente". "Fue un acontecimiento de primera magnitud y se me hace difícil buscar un parangón historico en España, en el sentido de un movimiento tan sostenido y tan entusiasta", ahonda. Al mismo tiempo, manifiesta que el 15-M abrió la puerta a repensar la política. "El hecho de visualizar la necesidad de repensar la política es algo tremendamente importante. Sigue estando ahí y continúa siendo un programa de reflexión necesario porque vemos que nuestras sociedades están bastante agotadas", considera.

Sin embargo, Juan Manuel Aragües hace un balance "un poco sombrío". "Las organizaciones políticas que surgieron de ahí no han sabido dar cauce a esas inquietudes. Además, el sistema se sintió amenazado y su reacción ha sido muy contundente para intentar evitar que ese programa político que se perfilaba en el 15-M llegara a ser efectivo", asegura.

"El 15-M abrió la puerta a repensar la política"

Por su parte, Javier Fernández se refiere al 15-M como un intento "muy romántico" por hacer algo por cambiar la vida social y política de España, que con el transcurrir del tiempo dio paso a nuevos partidos y movimientos. "La transformación de parte de aquello en una actividad política concreta, llamémosle institucional, me pareció una decisión valiente y, personalmente, creo que se debe aplaudir. ¿Quién fue la persona que llevó eso adelante? Hubo muchas, pero sobre todo una: Pablo Iglesias", señala, al tiempo que resalta que se debería reconocer que "algo sí han conseguido" los que en su día se movilizaron. "Personas muy significadas de ese mundo están tomando decisiones políticas y algunas orientaciones de carácter más ecológico están en la esencia de lo que se defendía desde este movimiento", sostiene.

También Alfonso Alegre alude a la aparición de nuevas fuerzas políticas, como Podemos y Ciudadanos. "En aspectos simbólicos el 15-M ha cambiado cosas: por ejemplo, hasta el PAR hace elecciones primarias", dice. Sin embargo, no ve "cambios de peso" en la economía y la estructura productiva del país. "Ha habido un movimiento importante, pero no se ha producido la segunda transición", concluye.

El hoy ingeniero Miguel Aguilera subraya el cambio de mentalidad que provocó. "Desde las movilizaciones por la crisis climática al movimiento feminista. El tener un tejido social más rico, más crítico y más fuerte es como el legado que nos ha dejado el 15-M. Y también  acabó con esa situación de bipartidismo. No se puede evaluar solo en función de lo que pase con los partidos o en las elecciones; es un cambio en las mentalidades de la gente", asegura este ingeniero, que también habla de sombras. "En algunos temas sigue habiendo un problema de partidos que no escuchan consensos muy grandes en la sociedad", dice.

Y Violeta Barba pone el acento en que ha tenido una utilidad "muy real" en la política española actual. "Ha servido para crear conciencia y movimientos de base nuevos y no podemos olvidar toda la reforma que ha supuesto a nivel de partidos (transparencia, militancia, mejora de participación en las instituciones...) Mas allá de que haya gente que pueda decir que no sirvió para nada porque al final el sistema bipartidista sigue siendo el mayoritario o que digan que las formaciones que se crearon a raíz del movimiento 15- M -como Podemos o Cs- están de capa caída", afirma.

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