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Heraldo del Campo

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Cerdos que producen combustible y gas

El programa Life+Valporc ha demostrado que una innovadora gestión de los cadáveres de porcino supone no solo un gran beneficio medioambiental sino que contribuye a mejorar la economía de las explotaciones ganaderas y agrícolas.

Representantes de la ADS número 2 de Porcino de Ejea muestran en un panel los avances de la investigación del proyecto Life Valporc.
Representantes de la ADS número 2 de Porcino de Ejea muestran en un panel los avances de la investigación del proyecto Life Valporc.
Valporc

Aragón, junto con Cataluña, es la principal productora de porcino del país, una ganadería que no solo está liderando la producción final agraria de la Comunidad, sino que además está impulsado las más innovadoras investigaciones para dar respuesta a su problema más contaminante: los residuos que genera.

Mucho se ha hablado en los últimos años de la gestión de los purines y, especialmente, de sus posibilidades de uso -ya viables- como productos con mayor valor añadido, pero existe otro desecho que en estos momentos solo supone un gasto para el ganadero y un alto coste para el medio ambiente. Se trata de los cadáveres de aquellos animales que fallecen por distintas enfermedades propias de esta especie. Y no son pocos, porque el pasado año, según los datos del Centro de Innovación y Tecnología Agroalimentaria (CITA), la Comunidad produjo alrededor de 60.000 toneladas de cadáveres de porcino.

Su gestión no es sencilla, porque desde la década de los 90, dos crisis alimentarias -primero la Encelopatía Espongiforme Bovina (más conocida como el mal de las vacas locas) y más tarde la crisis de las dioxinas en pienso para pollos- convulsionaron los mercados e hicieron que la Unión Europea publicara toda una serie de reglamentos para regular estrictamente la producción y el destino de los sandach, acrónimo de subproductos animales no destinados al consumo humano. Esta legislación establece que los residuos de aquellos animales contagiados por EEB o sospechosos de padecer la enfermedad tienen que ir obligatoriamente a la incineración, pero establece que los cadáveres de animales sin esta patología pueden destinarse a la fabricación de otros productos como biocombustibles o biofertilizantes. Lo que sucede, explica Pedro Ángel Sanz, veterinario de la ADS de porcino de Ejea de los Caballeros, es que está opción no se está realizando porque estos últimos residuos terminan mezclados con aquellos de categoría 1 y, por lo tanto, su destino final es convertirse en cenizas.

Esta circunstancia podría dar ahora un giro gracias a una innovadora investigación liderada por la Agrupación de Defensa Sanitaria número 2 de Ejea -organización creada por ganaderos para la elevar del nivel sanitario-zootécnico de sus explotaciones mediante el establecimiento y ejecución de programas colectivos y comunes-, y en la que participan las empresas Oleofat (Navarra) y Energygreen Gas Almazán (Soria) y el centro tecnológico Cartif (Valladolid). Se trata del proyecto Valporc, financiado en el marco del programa Life -el instrumento financiero de la Unión Europea dedicado al medio ambiente- que ha demostrado que los cadáveres de porcino pueden tener una nueva vida y mayor valor añadido convertidos en biocombustibles, en luz y electricidad y en fertilizantes de gran calidad.

Proceso de valorización de residuos ganaderos del porcino.
Proceso de valorización de residuos ganaderos del porcino.
HA

Ha contado con un presupuesto cercano a los dos millones de euros y, aunque comenzó en 2014 con un periodo de duración de cuatro años,  se ha dilatado, por cambios en la composición de los socios, dos ejercicios más, hasta el pasado 31 de marzo. Sus conclusiones definitivas no llegarán hasta dentro de unos meses, pero los resultados que ya se conocen ponen de manifiesto el éxito de la investigación. El proyecto se llama Valporc y el objetivo (ya conseguido) era ofrecer al sector una alternativa económica, sostenible y respetuosa con el medio ambiente con un tratamiento innovador de gestión con el que los residuos más contaminantes del porcino (cadáveres y purines) terminan convertidos en productos con gran valor añadido, léase biodiésel, biogás y fertilizantes de altas cualidades.

El camino recorrido hasta llegar a esas nuevas producciones lo detallaron representantes de los socios del proyecto (ADS de Ejea, Oleofat Energygreen Gas Almazán y Cartif, así como del Centro de Investigación y Tecnología de Aragón (CITA), en una jornada celebrada en la capital de las Cinco Villas. El encuentro sirvió para realizar un minucioso recorrido de los trabajos realizados, los equipos utilizados y los resultados (todavía provisionales) de esta investigación pionera con la que se ha conseguido aprovechar el 100% del cadáver sin generar residuos.

El novedoso proceso comienza en una planta piloto puesta en marcha por la empresa riojana Energygreen Gas Almazán, con capacidad para el tratamiento de 3.500 toneladas de porcino. En ella, se realiza el triturado y esterilización de la carne y los huesos del animal, con los que se obtiene una especie de pasta de la que se separan, mediante una prensa y varios decantadores, dos subproductos, harinas y grasas, que tendrán diferente destino.

Combustibles

Son las grasas las que se convertirán en materia prima fundamental para la producción de biodiésel. Llega entonces el turno de Oleofat, una empresa situada en Tudela que se dedica a la valorización de subproductos oleaginosos y que se ha encargado de adecuar la grasa animal obtenida en Energygreen -y con alto índices de acidez- a las cualidades que se exige en los ingredientes del biocombustible.

"Nuestra idea inicial era intentar valorizar los subproductos no con métodos convencionales físico-químicos sino con una metodología enzimática", detalló en dicha jornada Laura Sánchez, directora de I+D de la empresa navarra que reconoce que Valporc se convirtió en el "pistoletazo de salida" de la investigación de la compañía, ya que fue el primer proyecto en el que se embarcó y el que propició la creación de un departamento de I+D, dotado de nuevos recursos humanos y materiales.

Una vez que dicha grasa se ha "adecuado" llega el turno de Cardif, el centro de investigación cuyo trabajo consiste es conseguir ese combustible ‘más verde’. Para ello se puso en marcha una planta piloto en la que se implantó un proceso de producción "innovador". David Díaz, investigación de Economía Circular de dicho centro, situado en la ciudad castellanoleonesa de Valladolid, explicó que frente a las herramientas más convencionales, el centro optó por la utilización de reactores de cavitación "con los que se consigue tres veces más biodiésel".

La investigación, que concluyó el pasado mes de marzo, se ha dilatado durante seis años.
La investigación, que concluyó el pasado mes de marzo, se ha dilatado durante seis años.
Valporc

Luz y calor

Si de la grasa se puede producir biocombustible, las harinas cárnicas obtenidas en la planta de Almazán servirán para obtener biogás, energía eléctrica y térmica mucho más respetuosa con el medio natural. Pero, además, como señaló Antonio Domínguez, director de I+D de Energygreen Gas, la harina conseguida tras la esterilización está teniendo ya una demanda importante como base para la producción de fertilizantes. "Ya se nos han acercado empresas para solicitarlo como materia prima para fabricar sus propios productos", aseguró.

Pese a ello, el objetivo primero del proyecto es valorizar dichas harinas convertidas en fuentes de energía renovable. Así, junto con los restos de las aguas del proceso, con la glicerina que se genera durante la fabricación del biodiésel y los purines procedentes de explotaciones ganaderas cercanas, se someten primero a un tratamiento por ultrasonidos para pasar después a un proceso de codigestión anaeróbica en dos fases, un proceso en el que esta materia se descompone en ausencia de oxígeno mediante la acción de distintos grupos de bacterias y da como resultado biogás y digestato. Para conseguir los mejores rendimientos, la mezcla más adecuada -tal como se comprobó durante la investigación- es la compuesta por un 10% de harina cárnica, un 50% de purín, un 30% de aguas de proceso y un 10% de glicerina.

Incluso el digestato, ese material residual que se genera a partir en la digestión anaeróbica realizada para conseguir el biogás, tiene un nuevo uso, su utilización como fertilizante "de excelente calidad" para abonar los campos de cereal con los que se producirán los piensos, que volverán de nuevo a las granjas para alimentar a los animales. "Conseguimos así una economía totalmente circular", insistió Azucena Crespo, técnico de la ADS de Ejea.

Todos ganan

Los socios del proyecto han dejado claro que la solución planteada para dar valor a los cadáveres porcinos es viable, aunque reconocieron que queda por delante el análisis de su sostenibilidad económica para los ganaderos, ya que exige disponer de plantas capaces de realizar el proceso cerca de aquellas zonas en las que existe cabaña ganadera suficiente -para abaratar costes de transporte- y superficie agrícola capaz de absorber el fertilizante obtenido. De lo que no hay duda (y por eso ha contado con fondos europeos del programa Life) es de que la investigación ha demostrado sus evidentes beneficios medioambientales. Pero tiene otras ventajas adicionales, como detalló el presidente de la ADS de Ejea, Fernando Romeo, que señaló que "diferentes sectores económicos se verán directamente beneficiados con la implementación de este proceso".

Y es que con esta gestión de los residuos de las granjas ganan los ganaderos, que verán reducido el gasto que actualmente supone el pago de un canon por la gestión de cadáveres, cuyo coste se ha incrementado exponencialmente en los últimos años. "Con ello contribuimos a que las explotaciones sean más competitivas", añade Romeo.

Gana también el sector del biogás, porque el modelo propuesto por Valporc no solo permite "la metanización de sustratos complejos difíciles de procesar en sistemas convencionales", destacaron los expertos, sino que además esta actividad podrá disponer de nuevas materias primas con alto potencial metanogénico con la posibilidad incluso de cobrar por la gestión de estas corrientes.

El empleo de grasa de origen animal para la obtención de biodiésel permitirá incrementar la viabilidad del sector de estos combustibles, "ya que se empleará una materia prima de bajo o nulo coste", destacaron los impulsores del proyecto, que insistieron en que el uso de reactores de cavitación permite, además, reducir los costes de operación y abarata los procesos de purificación.

Gana también el sector agrícola, que dispondrá de un fertilizante orgánico que le permitirá reducir el uso de productos químicos, lo que generará ahorros que contribuirán a rebajar costes de producción, lo que "repercutirán en el precio de los cereales, rebajará el coste de los piensos y beneficiará así también al sector ganadero".

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