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Emilia Nájera recogerá la Medalla de las Cortes: "Vacunarse es la única forma de evitar la soledad que hemos vivido"

Para esta mujer de 80 años, primera persona vacunada en la Comunidad, es un "honor" representar al colectivo de personas mayores y aprovecha para reclamar que se les escuche y se les atienda.

Emilia Nájera en el jardín de la residencia pública Romareda de la capital aragonesa.
Emilia Nájera en el jardín de la residencia pública Romareda de la capital aragonesa.
Toni Galán

A sus 80 años, Emilia Nájera es una luchadora que nunca da una batalla por perdida. Cuando este 23 de abril recoja la Medalla de las Cortes de Aragón en nombre de todas las personas mayores habrán pasado 127 días desde que se convirtió en el símbolo de la esperanza al ser la primera usuaria de la residencia Romareda de Zaragoza en recibir una dosis de Pfizer.

Casi cuatro meses después, sigue reuniéndose con su familia y amigos al aire libre o en una terraza, no entra a ninguna tienda ni local, "ni a la farmacia", y su mayor "lujo" es pasear con su silla eléctrica hasta la entrada del parque José Antonio Labordeta. "Siempre he sido muy rígida en mi persona y soy muy disciplinada", se define a sí misma. "Es un ejemplo de resiliencia, como la gran mayoría de personas de su generación, y una gran optimista ante todo", apostilla la directora del centro, Cristina Serrano, que la conoce bien después de los casi 13 años que lleva viviendo en este hogar.

¿Ya tiene preparado su discurso? Emilia contesta que llevará "algo escrito" y le está dando vueltas a lo que quiere transmitir. Ahora hace un alegato a favor de la vacunación "porque es la única forma de evitar que las situaciones de confinamiento y soledad que se han vivido se repitan". Y rompe una lanza a favor de los más jóvenes, "que no son los únicos culpables de los brotes y contagios". Por contra, hace un llamamiento a la responsabilidad a "los adultos de 40 años o más que no cumplen las normas y no piensan en los demás, ni siquiera en sus seres queridos".

Su principal reivindicación es que todos los mayores "estén tan atendidos" como ella, y donde ellos decidan, "en su hogar o en una residencia". Y, sobre todo, que se sientan "queridos". Le preocupa el tema de la soledad y de aquellos "que no pueden comunicarse ni decirle a nadie que están tristes o lo que les duele". "Es una situación horrorosa a la que los políticos tienen que poner remedio de una vez", defiende.

"Es una emoción y un honor"

Ella se siente arropada por sus dos hijas y sus cuatro nietos (Diego, Borxa, Alejandro y Arturo). De hecho espera que este viernes por la tarde le pueda acompañar su hija Eva, que "fue la primera persona a la que le di la noticia cuando me lo dijeron". "Al principio me quedé en blanco, no sabía si reír o llorar, pero es una emoción y un honor representar a los mayores".

Escribe mucho porque, cuenta, le viene muy bien para mejorar la habilidad motora por el párkinson que le diagnosticaron hace ya 38 años. "Siempre he seguido la recomendación de escribir cada día en un cuaderno con líneas e intentar mantener una buena letra, porque con esta enfermedad tendemos a hacerla cada vez más pequeña e ilegible. También leo en voz alta".

A Emilia le brillan aún los ojos cuando recuerda la primera comida con su hija pequeña y dos de sus nietos el pasado 5 de marzo en una terraza de la plaza de España. Había pasado casi un año desde que el 11 de marzo de 2020 comenzó su "encierro" en una habitación "en la que también comía" y en la que hacía todo lo posible para asomarse a la ventana a pesar del impedimento que suponía su silla de ruedas. "Se notaba tanto nuestra felicidad que el camarero dijo que le había encantado servirnos. Me invitó a una copa de champán rosado".

Uno de los primeros sitios al que le gustaría ir cuando se pueda es a la capilla del Hospital San Juan de Dios. "El domingo que me vea con fuerzas llamaré al autobús amarillo. Antes de la pandemia fui a ver a una amiga, entré en la capilla y sentí tanta tranquilidad y felicidad que quiero volver".

En el centro echa de menos las excursiones y los talleres. Con 182 residentes, la residencia Romareda está divida en seis módulos que siguen funcionando como grupos burbuja. De lo que viva y sienta este San Jorge seguro que escribe algo esa noche.

Una luchadora optimista por naturaleza

Tras el rostro de Emilia Nájera, que muchos reconocen al ser la primera persona mayor que se vacunó contra la covid en Aragón el pasado 27 de diciembre, se esconde la historia de una mujer luchadora. Nacida en Logroño hace 80 años se considera aragonesa. Hija de militar, con 10 años su familia se trasladó a vivir a Calatayud y a los 16 a Zaragoza. Aprendió a coser y trabajó como costurera. Todavía hoy alguna de sus clientas la llama para ponerse al día. Lleva conviviendo con el párkinson desde hace 38 años y presume de tener el carné número 99 de la asociación. Le gusta leer a Almudena Grandes y disfrutó con ‘Palmeras en la nieve’. Nada le arrebata su alegría.

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