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vacunación

"Estábamos con el algodón en el brazo y se ha parado todo; ha sido surrealista"

La suspensión de la vacuna de AstraZeneca frena el ritmo de los puntos de vacunación, unas máquinas engrasadas para inocular a una persona por minuto. 

Pasadas las 18.10, el "¡siguiente!" que cada pocos segundos se oía en el centro de salud Bombarda dejó de sonar. Las enfermeras que llamaban a las decenas de personas que esperaban su turno de vacunación detuvieron el proceso, después de que el Gobierno de Aragón diera la orden de dejar de aplicar las dosis de Astra Zeneca. Hasta entonces, se habían puesto más de 200 vacunas y quedaban por poner otras tantas.

El coordinador de enfermería, Luis Miguel Alutiz, salió a dar explicaciones a los ciudadanos que esperaban a las puertas, mayoritariamente profesores, aunque también algún miembro de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado. "Se les avisará cuando tengan que citarse", les dijo. No hubo grandes quejas, ya que para entonces los mensajes de whatsapp corrían de móvil en móvil por el exterior del centro.

Él y varios profesionales sanitarios más aguardaron hasta pasadas las 19.00, ya que había personas citadas hasta esa hora que siguieron llegando para recibir una vacuna que ya estaba oficialmente suspendida. "Es todo muy rocambolesco, no se puede interrumpir la vacunación en medio de la jornada", lamentaba Alutiz. En este punto de vacunación –uno de los ocho preparados para profesionales en Aragón– esta tarde vacunan con Pfizer, por lo que se mantienen las previsiones. Pero mañana, el jueves y el viernes estaba previsto hacerlo con Astrazeneca, así que estas jornadas se han suspendido.

Antes de que se paralizara el proceso, el runrún sobre Astra Zeneca ya recorría la Bombarda. José Miguel Tornero, director del colegio Cesáreo Alierta, pasó por el médico de cabecera antes de decidirse a acudir a vacunarse: "He ido para preguntar si tenía que tomar alguna medida ante todo lo que oía. Iba a venir de todas formas, pero el médico me ha tranquilizado", contaba.

En el punto de vacunación de La Almozara, Beatriz Cabezudo fue una de las últimas personas en recibir la dosis. Le pusieron la inyección a las 18.04, y tres minutos después se suspendió el proceso. "Ha sido surrealista, estábamos con el algodón en el brazo y se ha parado todo; hemos alucinado", contaba. Pese a la situación, no estaba inquieta "para nada" por el hecho de haber recibido la vacuna de Astra Zeneca. "Algunos compañeros que se han quedado sin vacuna me han dado la enhorabuena porque querían vacunarse también. Creemos que será una suspensión temporal y que todo seguirá", apuntaba esta profesora de lengua del Corona de Aragón, que ahora queda pendiente de la segunda dosis.

Una maquinaria engrasada

Hasta el momento de la suspensión, el centro de salud de la Bombarda se mostraba como una máquina perfectamente engrasada para vacunar a cientos de personas en pocas horas. Este lunes tenían citadas a 480 personas durante cuatro horas en dos líneas de vacunación: es decir, a una inyección por minuto. "Vamos a destajo", comentaba la enfermera Ana Bailo. 

Como a varias profesionales más, la han trasladado estos días desde el centro covid de Casetas, donde ahora no hay residentes. Sus compañeras Andrea Casbas y Pilar Garicano contaban que la gente recibe la vacuna "con alivio" y "muy contenta". Casi tanto como ellas, que se ven partícipes "del final de todo esto". 

Asistimos a uno de los tres centros de vacunación para profesionales de la capital aragonesa para ver como actúan los profesionales sanitarios.

Mientras fuera esperan los futuros vacunados, una enfermera va dando paso y haciendo un primer test para comprobar que no han pasado la covid en los últimos meses, que no tienen alergias importantes, que no han estado en contacto recientemente con ningún positivo... Dentro, las enfermeras se organizan para preparar las inyecciones, ponerlas, informar a los pacientes de los posibles efectos secundarios y registrar la vacunación mediante un código QR que "agiliza mucho el trabajo". Es una cadena casi industrial que permite que los vacunados pasen por la sala a velocidad de crucero.

Luego, deberán esperar fuera 15 minutos para comprobar que no tienen reacciones adversas, 30 en caso de que tengan alergias. Al lado, una sala del centro de salud tiene el material necesario para hacer frente a una posible reacción anafiláctica. En la Bombarda solo ha habido que atender a seis de las cientos, miles de personas que se han vacunado: tres por mareos leves (propios de cualquier inyección en algunas personas) y otros tres muy leves con picores o calor intenso en la zona.

Asegura que los riesgos son mucho menores que sus beneficios

Los vacunados, por su parte, repiten sobre todo dos palabras, "esperanza" y "tranquilidad". Jesús Abad, profesor de educación física en el Miguel Catalán, cuenta que a su madre le diagnosticaron cáncer hace dos meses, y que ahora irá a verla "con más seguridad". "Confío en esta vacuna igual que en la de la gripe; esa nadie la cuestiona", señala. 

Rocío Montiu, enfermera, observa "mucha felicidad". "Llevábamos un año esperando la vacuna y ya está aquí, ojalá vengan más", comentaba antes de la suspensión del proceso. Un proceso interrumpido parcial y temporalmente, pero que pese a todo resulta imparable. 

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