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Karma, el aceite de Escatrón que nace de la pasión por el campo y el trabajo en equipo

Carlos Aznar e Irema Torcal se embarcaron en este proyecto oleico a finales de 2019. Lo venden en el pueblo, por internet y en algunas oleotecas.

Carlos Aznar se dedica a los olivos desde hace 25 años
Carlos Aznar se dedica a los olivos desde hace 25 años
I. T.

La pasión por el campo y un cuidado de los olivos personalizado tienen buena culpa del éxito que el aceite de oliva virgen extra Karma está teniendo. El proyecto oleico se lanza a finales de 2019, con Carlos Aznar e Irema Torcal al frente. Este matrimonio, asentado en la localidad zaragozana de Escatrón, está llevando a cabo una idea de negocio que, en pleno confinamiento por la pandemia, les ha unido más que nunca.

Todo empezó con una pequeña exportación que hicieron a China en septiembre de 2019. Carlos cultiva olivos desde hace un cuarto de siglo pero, hasta entonces, su actividad se dirigía la venta de olivas de mesa. Alentados también por el bajo precio al que éste producto se sacaba al mercado, decidieron probar con el cultivo orientado a la fabricación de aceite.

Tras la venta a China llegó otra propuesta de negocio. En este caso, desde el restaurante La Bellota, en Zaragoza, donde se quería introducir su producto para incluirlo en la carta y tomarlo con pan. Estas dos vías fueron las que animaron a Carlos e Irema a centrarse de lleno en este proyecto, al que han ido dando forma desde entonces. Al haber empezado a darse a conocer prácticamente con el confinamiento, no sabrían decir si esta situación les está beneficiando o no.

Lo que si saben es que su producto gusta, al menos entre los expertos. Prueba de ello es que en 2020, cuando se presentaron por primera vez a un concurso, la variedad premium de Karma se hizo con el reconocimiento al Mejor AOVE de Productor de Aragón en los premios ESAO y el tercero a nivel internacional.

La noticia les llegó en pleno confinamiento y fue como un soplo de aire fresco. "Como agricultor que soy, es un reconocimiento personal para mí"”, asegura Carlos, quien no se olvida del mérito que merece el maestro de almazara Javier Sánchez Pedros. “Lo que estamos consiguiendo siempre es de su mano”, añade Carlos. Ellos le proveen de olivas y Javier es quien las convierte en aceite.

Para ello, el trabajo previo en el campo es fundamental. En las 40 hectáreas de terreno que trabaja Carlos se cultivan tanto la variedad arbequina como la empeltre. Los Aoves que comercializan son monovarietales, es decir, están elaborados con una sola variedad de oliva. Venden premium de arbequina, cuyo sabor tira a verdes y huele a hierba recién cortada, a manzana, a plátano maduro y a hinojo; y también premium de empletre, con un toque a frutos secos. Es un aceite más dulce y amarillo. La tercera opción es el Karma original, elaborado también con esta última variedad.

Sus productos se pueden comprar 'online', aunque de momento las ventas están siendo bastante residuales. "Nos estamos dando a conocer y vamos poco a poco", explica Irema, que se encarga de tareas de gestión y administrativas. Además, tienen un pequeño almacén en Escatrón, junto a una de las fincas, donde también se pueden adquirir las botellas.

"Toda la recogida la hacemos en vuelo, es decir, nuestras olivas no tocan el suelo"

Desde hace apenas unas semanas, Karma premium también se puede encontrar en la oleoteca Alma de Aove de Madrid. "Se pusieron en contacto con nosotros porque en su establecimiento tratan de potenciar a las productores pequeños, como nosotros", explica Irema.

Y es que el mimo con el Carlos trabaja la oliva se nota en el resultado final. "Toda la recogida la hacemos en vuelo, es decir, nuestras olivas no tocan el suelo", explica. Además, la recogida la realizan pronto, según la variedad, entre octubre y noviembre. Esto hace que la oliva no sea tan grasa, al estar menos madura, por lo que se necesitan más kilos para producir menos litros de aceite. Un aceite que, por este motivo, tiene toda la esencia de la oliva temprana.

En la pasada campaña, se fabricaron unos 7.000 litros de Karma en la almazara para lo que se emplearon 200.000 kilos de arbequina y 80.000 kilos de empeltre. Parecen cifras muy elevadas pero comparándolas dentro del sector, no lo son. "Apostamos por la calidad porque somos conscientes de que por volumen no podemos competir en el mercado", explica Irema.

En sus terrenos tienen ahora unos 30.000 olivos pero algunos no se podrán emplear para aceite hasta dentro de tres años, ya que se plantaron hace poco. Estos están en una segunda finca de unas 20 hectáreas que Carlos e Irema alquilaron recientemente al Ayuntamiento de Escatrón para ampliar su producción.

Sus propiedades las completan la finca de Carlos de toda la vida, de 22 hectáreas. Primero la dedicó al cereal, porque era lo que su padre le había enseñado a cultivar y también para sacar algo de rentabilidad en los primeros años. Pero lo que a él de verdad le gusta son los olivos y en seguida plantó arbequinos. Desde entonces han pasado ya 25 años, lo que hace de estas plantas las más antiguas de la zona.

En sus labores, a Carlos le acompaña desde hace un año y medio otra persona. Al hacerse con el segundo terreno, no llegaba a todo, menos aun cuando tan pronto le toca labrar el monte como arreglar un tractor o podar olivos.

Aunque nació en Escatrón y es donde ha pasado toda su vida, su familia procede del Campo de Borja. A diferencia de la mayoría, su padre se trasladó allí para trabajar el cultivo de cereal, y no en la central térmica. Carlos, el pequeño de tres hermanos (las otras dos, chicas) estudió hasta el entonces COU pero tenía claro que lo que él quería era dedicarse al campo.

En su sueño le acompaña Irema desde hace 15 años, cuando se mudó a Escatrón. Nació en Canarias, de donde procede su madre, y su padre es de Morata de Jalón pero trabajaba en Sástago. Allí pasaba los veranos y allí es donde conoció a Carlos.

Tras este tiempo juntos, han encontrado en el proyecto Karma una nueva conexión entre ellos. “Por primera vez estamos trabajando en algo en común y nos ha unido más que nunca”, reconoce Irema. Un cariño y un trabajo en equipo que seguro son culpables de las pasiones que desata Karma entre quienes ya han tenido la suerte de probarlo.

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