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Siembra directa para lograr un suelo menos salado

Un estudio elaborado por Agracon reivindica las técnicas de siembra directa para reducir la salinidad de los suelos y mejorar la productividad de las explotaciones.

Comparativa del grado de cobertura de suelo recogida en el ensayo realizado en el estudio para reducir la salinidad de los suelos.
Comparativa del grado de cobertura de suelo recogida en el ensayo realizado en el estudio para reducir la salinidad de los suelos.
Agracon

La siembra directa es hoy por hoy la mejor herramienta para reducir los problemas de salinidad elevada en los suelos, sobre todo en los cultivos de secano". Con esta rotundidad defienden desde la Asociación Aragonesa de Agricultura de Conservación (Agracon) los beneficios de este modelo. Y para ello se basan en un estudio comparativo de la salinidad de dos parcelas diferentes en la localidad zaragozana de Monegrillo: una de ellas manejada de la forma tradicional y la otra, aplicando los modelos de agricultura de conservación a lo largo de 17 años.

"Teníamos la sensación de que las parcelas en las que se trabaja con siembra directa estaban mejorando en este aspecto y quisimos poner cifras a esta sensación", explica Carlos Molina, técnico de Agracon y coordinador de este ensayo, que busca llegar "a todos los agricultores que tienen este problema".

Una mayor concentración de sales "apelmaza" el suelo e impide que la planta absorba toda el agua que necesita, por lo que se marchita antes y reduce los potenciales productivos de las parcelas. Por ello, es necesario "lavar" sales, es decir, hacerlas descender a capas inferiores del terreno, a unos 50 o 70 centímetros del suelo, donde estas concentraciones no afecten a las plantas.

¿Cómo lograr esto? A través de la aplicación de técnicas de siembra directa, que pasan por "mejorar la estructura del suelo, facilitar una mayor infiltración del agua y aumentar la cobertura de los suelos", detalla Molina. Además, el estudio concluye que "la Agricultura de Conservación permite a largo plazo mejorar propiedades del suelo tales como el nivel de materia orgánica, la cobertura y la estructura del suelo. Esto provoca menor erosión, menor encostramiento, una mayor infiltración de agua y una pérdida de humedad por evaporación".

Así, el análisis de los datos ha demostrado que "en la parcela de Agricultura de Conservación la salinidad tuvo una menor incidencia que en la que se aplicó laboreo tradicional, lo que se tradujo en una mayor cantidad de residuos, llegando a generar entre un 70 y un 80% de cobertura del suelo, frente al 10 o 20% generado en la parcela de laboreo tradicional". Posteriormente, estos mismos residuos se emplean para hacer la cobertura de los suelos, que mejoran sus propiedades. "Se trata de una rueda que hay que empezar a mover para recuperar terrenos afectados", ejemplifica el coordinador del estudio.

La variable que mide la salinidad en los suelos es la conductividad eléctrica (en el estudio decisiemens por metro -dS/m-). El trabajo ha arrojado una reducción de un 50% en la salinidad en la parcela de Agricultura de Conservación. "Como referencia, hemos logrado con siembra directa que esta variable pase de 20 dS/m a una cifra entre 6 y 9. El trigo empieza a verse afectado a partir de 6,5 dS/m", detalla Carlos Molina.

Cobertura, rotación y raíces

"Gracias a todos estos beneficios agronómicos -afirma el estudio en sus conclusiones- se mejora el potencial productivo de la parcela y, por ende, la cantidad de residuos de cosecha. Es un círculo que se retroalimenta".

Para ello, una de las claves es otro de los principios de la Agricultura de Conservación: mantener siempre el suelo con raíces vivas. Algo que sobre todo en verano y en zonas áridas no es posible. Por ello, los autores de este estudio recomiendan "dejar crecer malas hierbas", algo que denominan "cultivo de servicio". Estas malas hierbas servirán posteriormente para generar la cobertura que después evitará la evaporación del agua que reducirá la salinidad del suelo.

A esto hay que sumar los otros tres pilares en los que se basa la siembra directa, que es la herramienta que permite aplicar el modelo de Agricultura de Conservación: el no laboreo, la rotación de cultivos y una mayor cobertura de los suelos.

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