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Aragón

TEMPORAL FILOMENA

El caudal del Ebro no aumentará de forma súbita a pesar de las últimas nevadas

Filomena no ha castigado en exceso la cuenca y las bajas temperaturas favorecen que el deshielo sea paulatino. En los pueblos ribereños saben que "hace mucho más daño la lluvia que la nieve".

Una pareja camina entre la nieve del puente de Santiago.
Una pareja camina entre la nieve del puente de Santiago.
FRANCISCO JIMENEZ

Pudiera pensarse que es la calma que precede a la tormenta, aunque hacer símiles meteorológicos en mitad de un temporal sea desafortunado. El caso es que las localidades ribereñas del Ebro están muy pendientes de si los restos que deja la borrasca Filomena podrían causar una próxima crecida más o menos inmediata. No obstante, según los meteorólogos, la masa de frío polar que acaba de entrar a la península va a mantener la nieve y el hielo durante varios días y, dado que el deshielo será lento, no hay que temer por súbitos aumentos de caudal en el río.

“La nieve siempre es un factor de riesgo, pero no es un peligro ‘per se’ mientras no vaya acompañada de episodios de lluvia”, explican desde la Confederación Hidrográfica del Ebro, donde permanecen “alertas y vigilantes” para cuando el anticiclón se disipe y puedan subir las temperatura. Explican que en lo que se refiere a zonas pirenaicas el acumulado de nieve, que luego se convierte en recurso hídrico, es el habitual de estas fechas e, incluso, está por debajo de los registros de enero de 2020. Además, en la cabecera del Ebro, véase la zona de Cantabria, Filomena ha pasado más desapercibida que en el sur y el centro de la península.

“Hay que esperar a los próximos días, pero de momento estamos tranquilos porque vemos que ha nevado mucho en Madrid pero eso no nos afecta. Nos daría más miedo que hubieran caído fuerte precipitaciones en la zona de Burgos, Vitoria o Pamplona, que es lo que luego viene para aquí”, comenta Pedro Sanz, alcalde de Cabañas de Ebro, donde conocen bien la fuerza del río y sus crecidas. En la CHE explican que si el deshielo es progresivo no supone un gran problema para los caudales del Ebro y siguen de cerca las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología, donde no hay alerta por lluvias en los próximos días aunque las temperaturas se puedan elevar dos o tres grados de cara al fin de semana. “Sin pluviometría, la nieve se elimina de forma paulatina, sin causar excesivos problemas y enriqueciendo los acuíferos, que es también por lo que se dice aquello de ‘año de nieves, año de bienes’ porque se tiene el agua asegurada”, comentan. Aunque sí que controlarán las aportaciones que puedan llegar del Jalón o el Jiloca, donde la nieve ha hecho más acto de presencia, en el Ebro no se espera, al menos en la próxima semana, grandes cambios de caudal como puede apreciarse en las predicciones del organismo de cuenca en la web www.saihebro.com.

La evolución del caudal del Ebro en el último mes a su paso por Zaragoza.
La evolución del caudal del Ebro en el último mes a su paso por Zaragoza.
saihebro.com

“Lo peor es cuando hay una borrasca de lluvia. Cuando las temperaturas suben rápido y hay temporal de lluvia sobre lo que ya ha nevado”, explica Luis Eduardo Moncín, concejal de Pradilla de Ebro, que sabe de sobra lo que es vivir una avenida extraordinaria tras más de tres décadas pendientes de los metros cúbicos del Ebro. “Si es hielo se diluye lento y no suele haber complicaciones con tan bajas temperaturas. Hay que tener en cuenta que estos días se mantienen las heladas tanto en la montaña como en la ribera”, continúa Moncín, que explica que en Pradilla el termómetro ronda los cero grados y “anuncian cierzo, con lo que la sensación de frío será mucho mayor”.

"La fusión nival sola, sin lluvia, no tiene suficiente magnitud para producir un incremento de caudal reseñable en el eje del Ebro ni en los afluentes de la margen izquierda, donde suele acumularse -salvo en esta Filomena- principalmente la nieve", explican desde la CHE, donde también comentan que mediante los embalses pueden mantener resguardos y regular el agua de las aportaciones pirenaicas. Paradójico y significativo es, por ejemplo, que el agua almacenada en los embalses de la cuenca del Ebro esta semana han descendido ligeramente: a día de hoy es de 5.572 hectómetros cúbicos, lo que representa un 70,4% de la capacidad total, cuatro décimas menos de volumen hídrico respecto a la semana pasada.

"La fusión nival sola, sin lluvia, no tiene suficiente magnitud para producir un incremento de caudal reseñable en el Ebro"

“De momento estamos tranquilos, el río no da problemas”, dice Mercedes Abós, alcaldesa de Pina de Ebro, que agradece que el caudal le dé un respiro porque “suficientes preocupaciones tenemos ya con los contagios de covid, que se han disparado tras la Navidad, y con los trabajos para despejar la nieve”. Abós cuenta que llevan tres jornadas intentando despejar carreteras y calles porque “el primer día a todos les hace ilusión, pero el segundo se convierte en una molestia”. Sobre la hipotética crecida del Ebro confía en que esta no llegue en los próximos días porque, a pesar de lo llamativo de que fuera en forma de nieve, tampoco se registraron grandes precipitación como, por ejemplo, sí sucedió con el temporal Gloria, sobre todo, en los puntos en los que el cauce es más estrecho.

No hace ni un mes que en Zaragoza se registró una crecida ordinaria que hizo el río alcanzara los 3,21 metros de altura a su paso por la capital. El agua anegó cultivos de trigo, cebada y alfalfa, por ejemplo, en Novillas, y en la capital afloraron no pocos troncos y ramas por el meandro de Ranillas. Entonces el río alcanzó los 985 metros cúbicos por segundo, mientras que ayer el Ebro a su paso por el puente de Piedra registraba unos 209 m³/s y una altura de 1,37 metros. Las crecidas en esta época de año son habituales cuando hay nieve en cotas bajas y lluvias, sobre todo, en las zonas de Navarra y Burgos, y conforme avanzan los meses en el calendario se pueden atribuir también a las aportaciones del Gállego o el Cinca, pero ya aguas abajo de Zaragoza. Según la CHE, estas son crecidas ordinarias “que entran dentro de lo habitual en estas épocas” y provocan mayores complicaciones, a pesar de que en ocasiones se cierren los accesos a los Galachos de Juslibol y se supervisen tramos zaragozanos de Alcalá de Ebro a Remolinos o de Torres de Berrellén a Sobradiel.

Nieve acumulada en los pasos de ribera el pasado lunes.
Nieve acumulada en los pasos de ribera el pasado lunes.
FRANCISCO JIMENEZ

Enero suele ser un mes relativamente tranquilo en la cuenca del río y las últimas avenidas ordinarias del Ebro se han dado para diciembre o cuando comenzaba a asomar la primavera. En diciembre de 2019, la avenida alcanzó unos niveles de 1.538 metros cúbicos por segundo y anegó 10.000 hectáreas en toda la ribera. Entonces sí hubieron de intervenir los Bomberos de la Diputación Provincial e, incluso, Protección Civil, pues por precaución se tuvo que evacuar la residencia de mayores de Monzalbarba y medio centenar de personas se desalojaron de las urbanizaciones de Doña Sancha, Torre Urzáiz y El Casetón.

Por su parte, la Asociación de Afectados por las Riadas del Ebro, Asafre, volvió a exigir hace unos días que se escuchen sus peticiones. La organización teme que, en caso de que no se actúe pronto, los ribereños se verán obligados a abandonar sus hogares y sus puestos de trabajo, “pasando a formar parte de la España vaciada”. La entidad explica que están cansados de hacer frente a la inversión económica que supone una crecida del Ebro y advierten de que tantas y tan constantes afecciones acaban generando pérdidas de población en los municipios. “Son muchos los agricultores y ganaderos que se replantean si de verdad es rentable seguir trabajando sus tierras y viviendo en las inmediaciones del río Ebro”, comentan, al tiempo que lamentan la lentitud de la burocracia porque “las ayudas, si llegan, lo hacen con mucha demora”. 

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