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El 'brexit' está aquí, ¿y ahora?

La salida del Reino Unido de la Unión Europea se ha consumado. Pero lo ha hecho con un acuerdo comercial bajo el brazo menos duro de lo que se temía. El escenario es distinto, eso sí, y habrá que adaptarse.

La materialización del ‘brexit’ abre un nuevo escenario en el campo.
La materialización del ‘brexit’ abre un nuevo escenario en el campo.
Heraldo

El sector agroalimentario aragonés cruzaba los dedos en el mes de diciembre temeroso de que la salida del Reino Unido -el cuarto destino principal de sus exportaciones- de la Unión Europea se produjera de la manera más abrupta. Porque desde la Comunidad salen cada año con destino a ese mercado -convertido ahora en un país tercero de la UE- frutas y hortalizas, vino, carne, huevos y productos lácteos, unas producciones de calidad que han ido arañando cuota en la cesta de compra de los consumidores británicos. Dicho en cifras, el pasado año las exportaciones agroalimentarias aragonesas al Reino Unido alcanzaron los 67,6 millones de euros, lideradas por la fruta y protagonizadas por pequeñas y medianas empresas. Una cifra que supone el 8% de las exportaciones totales de la Comunidad a aquel país y que solo supera, por mucho, eso sí, la automoción, debido al efecto de las ventas de la fábrica de la multinacional PSA en Figueruelas.

Sin embargo, con la Nochebuena llegó el alivio en forma de un acuerdo firmado ‘in extremis’ entre ambas partes que dejaba atrás el escenario menos deseado.

Y ahora sí, el 'brexit' ya está aquí. Llega sin los temidos aranceles, que hubieran restado competitividad a las empresas, y sin cuotas a las exportaciones europeas. Trae el compromiso de respetar en su territorio las indicaciones geográficas europeas al mismo nivel de protección que ofrece actualmente la propia UE, al menos a aquellas que ya están creadas, porque será en una etapa posterior cuando se decida el destino de las que todavía están pendientes de registro. Se rodea de disposiciones sobre el llamado ‘Level Playing Field’, las condiciones justas de mercado, con el que se intentará evitar que el Reino Unido conceda ventajas competitivas a sus sectores económicos, como el agrario, a través de normas de competencia más laxas o ayudas de Estado que pueda dañar a los sectores europeos. Se acompaña de medidas para proteger el mercado interior europeo y evitar así que importaciones de terceros países que no cumplan con las normas europeas puedan entrar por Irlanda del Norte, que no tendrá frontera física con la República de Irlanda.

Pero al mismo tiempo que el Reino Unido se va, vuelven las aduanas (y el pasaporte) y los controles fronterizos, en los que se exigirán documentos de exportación que acrediten que se han realizado todas las inspecciones necesarias para garantizar la seguridad, la sanidad y calidad de los alimentos que llegan a este mercado, convertido ahora (aunque no a todos los efectos) en un tercer país para la Unión Europea. Eso significa, coinciden en señalar los expertos, que aunque no estarán gravadas con impuestos, las exportaciones serán más caras, porque lo serán también los costes logísticos, ya que con toda probabilidad las empresas del transporte repercutirán en sus precios las demoras que dichos controles se prevé que provoquen en las entradas al país. Y serán más caras porque la nueva documentación, los registros y los certificados exigidos también tienen un precio.

Son algunas de las pinceladas de este "bienvenido" acuerdo comercial, de nada menos que 1.200 páginas, en las que están descritos "muchos detalles todavía por analizar", como advierten desde Cooperativas Agroalimentarias.

Pese a los inconvenientes, que los hay, y ante el nada halagüeño panorama que parecía dibujarse, tanto los productores de fruta o carne, las bodegas o las cooperativas, así como los expertos en comercio internacional y consultores del mercado británico reconocen que el acuerdo merece una celebración. Es cierto que la salida del Reino Unido de la Unión Europea es una mala noticia, pero las condiciones en las que se produce su mundialmente conocido 'brexit', distan mucho (y para bien) de aquel duro escenario en el que este mercado pasaría a regirse por las normas de las Organización Común de Mercado (OCM) e impondría unas tarifas que hubieran encarecido mucho y especialmente a los productos alimentarios. Y aunque todo es distinto, señalan los productores de fruta, la previsión es que en 2021 la campaña sea "similar a las de siempre".

"Precaución y cautela"

"El temor a los aranceles ha sobrevolado durante todos los días de la negociación, por eso estamos satisfechos con el acuerdo alcanzado", señala Agustín Sánchez, secretario general de la Federación de Fruta de Aragón (Fedefruta). Sánchez reconoce que el tránsito comercial se va a ver gravado con trámites que incrementarán la carga burocrática, pero insiste en que las empresas del sector llevan desde el pasado año trabajando incluso para el escenario más duro. "Todos los engranajes están listos y es ahora cuando hay que comenzar a ponerlos a rodar", explica, al tiempo que insiste en que la calidad de la fruta aragonesa, en especial las cerezas y el melocotón más temprano, es muy apreciada en el Reino Unido, por lo que ahora el objetivo "es no perder el posicionamiento que nuestras producciones tienen en los lineales de las cadenas de distribución". Y aunque asegura que "a priori no hay excesivo temor", reconoce que el sector afronta el nuevo escenario "con precaución y cautela".

Alivio hay también en el sector vitivinícola, aunque los responsables de las denominaciones de origen aseguran que el 'brexit' no se ha vivido con demasiada preocupación. Y no es porque no tengan intereses en ese mercado. De hecho, la D. O. Cariñena exporta unos 5 millones de botellas y hasta este país llega cerca de un 30% de las ventas que la D. O. Campo de Borja realiza en el exterior. Pero ni los consejos reguladores de ambas denominaciones ni las bodegas que forman parte de ellos manifiestan excesiva inquietud. Están convencidos de que "no va a haber grandes cambios" a no ser las exigencias documentales y además, como señala el presidente de Campo de Borja, Eduardo Ibáñez, es un mercado en el que se comercializa bien en volumen pero apenas aporta valor.

Las bodegas de Calatayud incluso han vivido con cierta indiferencia las negociaciones del 'brexit', porque aunque hace unos años el Reino Unido era un importante cliente, los productores perdieron el interés por el mismo. "Actualmente la exportación a aquel país es testimonial", asegura su presidente, Miguel Arenas.

"Es para celebrar"

Pero todos coinciden en que el acuerdo comercial "es para celebrar", como señala José Miguel Flavián, consultor agroalimentario en el Reino Unido, que afirma, eso sí, que no hay que dejar de ser realistas ni perder de vista que se ha perdido "una situación excepcional", el mercado único, en el que los bienes y servicios podían pasar de un país a otro libremente gracias a las medidas de armonización que rigen entre los países que forman parte de él. Por eso, aunque hay pacto, "se ha negociado un acuerdo regresivo", insiste. Reconoce además que a pesar de lo positivo que parecen ahora los principales elementos del acuerdo, hay letra pequeña, por lo que "habrá que poner en marcha una serie de comisiones y organismos que tienen que velar por su aplicación y seguramente empezaremos a ver interpretaciones distintas de los distintos puntos y más elementos a desarrollar en futuras negociaciones".

Este aragonés afincado en el Reino Unido coincide en que aunque no haya aranceles ni cuotas, "el paso de las exportaciones no van a ser tan fluidas como hasta ahora", porque al tener el estatus de tercer país, los productos que llegan a las islas tienen que cumplir unos trámites de los que hasta ahora estaban eximidos. "Se necesitan declaraciones aduaneras, permisos sanitarios en algunos casos y se van a llevar a cabo inspecciones en fronteras", detalla. Y todo eso "incrementa los costes de las exportaciones y las retrasa", advierte, aunque explica que el Reino Unido ha preparado mecanismos para poder mitigar el efecto que los atascos del paso de camiones en la frontera tenga en los puertos y sus accesos. Cita como ejemplo el establecimiento de controles antes de entrar en el condado de Kent, donde están los principales puertos. Pero reconoce también que "si bien seguramente estos primeros días algunos operadores no hayan tenido el acierto de cumplir con los trámites demandados", seguramente con el paso del tiempo esto se acabará solventando y el flujo será más fluido. Y es que las empresas que ya estaban exportando a terceros países están familiarizadas con los trámites y "son aquellas que hasta ahora han tenido clientes únicamente en la Unión Europea las que tienen que aprender los procesos".

Si bien no hay duda de que estos nuevos procesos encarecerán los productos, lo más probable y seguro, destaca Flavián, es que estos costes no lleguen a los consumidores, ya que serán asumidos por las empresas de la cadena alimentaria. "Además del 'brexit', en el Reino Unido estamos viviendo una crisis económica de muchísima importancia, con un aumento significativo del desempleo, por lo que es de esperar que los consumidores sean mucho más sensibles al precio que hasta ahora, y ninguna de las cadenas querrá subir precios". Hay que tener en cuenta, además, que, gracias a la confianza que el acuerdo ha generado en el mercado, la libra no se ha devaluado respecto al euro, como así se esperaba en un escenario sin pacto, "lo que hubiera encarecido también mucho los productos importados".

Por eso, y porque los consumidores británicos "quieren probar cosas nuevas y son muy sensibles a los productos de calidad diferenciada, artesanos y con una historia interesante", este consultor experto en agroalimentación recomienda a los productores aragoneses que no pierdan de vista este mercado. "La producción aragonesa se beneficia de este aprecio y además cuenta con que la distancia entre la producción y el mercado británico no es excesiva, comparada con otros orígenes", explica Flavián. Un factor a no descuidar porque, señala el experto, el consumidor británico tiene un interés elevado en la sostenibilidad y la reducción del impacto medioambiental que supone consumir productos que se han producido lo más cerca posible de donde vive.

Interés por lo local

Puede que con el 'brexit' llegue además un mayor interés de los británicos por lo propio, un sentimiento que, según este experto zaragozano, "viene de lejos". De hecho, recuerda, son varias las cadenas de supermercados que tienen el compromiso de vender solamente carne británica en la sección de carne fresca, o que dan prioridad a las frutas y verduras del país cuando son de temporada. "El 'brexit' sin duda va a reforzar un poco este sentimiento", dice Flavián, que considera que será mucho más que probable que sea el propio Gobierno británico el que intente mejorar la soberanía alimentaria del país para hacerlo menos dependiente de las exportaciones. "Va a ser imposible por ahora cultivar cítricos o plátanos, pero seguramente en otros cultivos de invernadero veremos un plan para aumentar la producción y reducir la dependencia de las importaciones", augura.

Y si antes, integrado en un mercado único, este país era un mercado difícil, ahora no va a dejar de serlo, porque "aquí vienen a competir los mejores productos de todo el mundo", puntualiza el consultor. Sin embargo, en su opinión, el Reino Unido va a seguir siendo un cliente atractivo para los productos de calidad. Eso sí, no habrá que perder de vista que la crisis económica derivada de la crisis sanitaria va a tener un destacado impacto, aunque "siempre quedará un nicho suficiente de compradores con alto poder adquisitivo", recomienda Flavián a las empresas aragonesas. Les aconseja, además, tener una sintonía con las demandas del mercado y comunicar sin descanso los puntos fuertes, dado que los consumidores son ahora muy sensibles a los argumentos medioambientales y de beneficios para la salud.

"Hay que ser realistas y darse cuenta de que algunos canales están mermados, como por ejemplo la hostelería", advierte Flavián, que considera que ante este escenario hay que saber redirigir la oferta hacia el canal del gran consumo o las tiendas de productos ‘delicatessen’ y ‘premium’. Y aun con sus contras y, sobre todo por su pros, este experto está convencido de que "las empresas que tenían como objetivo abordar este mercado, no deben cambiarlo y seguir insistiendo, hasta que materialicen su visión".

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