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Samuel Álvarez, bioquímico aragonés vacunado en EE.UU.: "Esto es un rayo de esperanza"

Samuel Álvarez Arguedas y su mujer, la también zaragozana Tatiana Uche, viven en Dallas desde hace dos años. "Nos tosían y gritaban por la calle por llevar mascarilla", cuenta.

El zaragozano Samuel Álvarez, en el laboratorio.
El zaragozano Samuel Álvarez, en el laboratorio.
Heraldo

El zaragozano Samuel Álvarez se convirtió el 19 de diciembre en uno de los primeros españoles en recibir la vacuna de Pfizer. Lo hizo en Dallas (EE.UU.), donde vive desde hace unos dos años con su mujer, la también zaragozana Tatiana Uche. Este bioquímico cree que las inyecciones que ya se ponen también en Aragón son “un rayo de esperanza”, aunque alerta de que aún queda un camino duro por recorrer, y más con las Navidades de por medio.

Samuel, de 32 años, completó la carrera de Bioquímica en la Universidad de Zaragoza, donde también hizo el máster y la tesis. La elaboró en el seno del grupo de trabajo de Carlos Martín, donde se investiga sobre una nueva vacuna para la tuberculosis. Ahora, trabaja en Dallas en una investigación postdoctoral sobre esta misma enfermedad en una de las sedes de la Universidad Estatal de Texas.

Gracias a su trabajo en este centro universitario ha tenido acceso a la vacuna. “Cuando la universidad recibió lotes de vacunas, hicieron diferentes grupos y a nosotros nos pusieron los cuartos, ya que hemos colaborado con laboratorios que investigan el coronavirus. El sábado día 19 nos llamaron y esa misma mañana nos la pusieron”, cuenta.

A la espera de la segunda dosis, ni él ni ninguno de sus compañeros han tenido ninguna reacción adversa. “Mi jefe se la puso unos días antes que nosotros y le tomamos el pelo por si se ponía verde o algo así, pero la verdad es que hay que lanzar el mensaje de que las vacunas son seguras”.

Este científico aragonés ve en este proceso el famoso ‘principio del fin’ de la pandemia: “Desde el principio hemos confiado en que los científicos sacarían una vacuna; ahora que está y ha sido aprobada, hay que animarse. Esta es la manera de controlar la enfermedad y de que podamos volver a corto o medio plazo a lo que teníamos”.

Desde la distancia, observa más dudas sobre la vacuna en España que en Estados Unidos. “Es verdad que yo me muevo en un ambiente muy científico y en mi laboratorio, por ejemplo, nos la hemos puesto todos. Pero creo que en general la gente ve con orgullo el dinero que se ha invertido en desarrollar la vacuna y se la va a poner. En España veo a la gente más reacia”, señala.

Y eso que en EE.UU. ha habido (y sigue habiendo) muchas personas escépticas con la pandemia y con las medidas para intentar controlarla, empezando por el presidente, Donald Trump. “La población aquí vive sin percepción del peligro del virus”, señala Samuel Álvarez, quien relata situaciones concretas que se viven a día de hoy en Dallas: “Desde septiembre los restaurantes y bares pueden abrir al cien por cien. Si vas a comprar a un sitio tienes que llevar mascarilla, pero luego en los bares tienes 300 personas dentro bailando, y ves tres mascarillas contadas en la pista”.

Los zaragozanos Samuel Álvarez y Tatiana Uche, en Dallas.
Los zaragozanos Samuel Álvarez y Tatiana Uche, en Dallas.
Heraldo

El uso de esta protección facial frente a la covid “ha estado totalmente politizado” durante las elecciones americanas, cuenta este zaragozano. “Sobre todo antes de las elecciones, si llevabas mascarilla la gente del lado republicano te miraba raro”, cuenta. Hasta tal punto llegaba este enfrentamiento que tanto Samuel como su mujer han sido reprendidos por llevarla. “Nos han tosido por la calle, nos han gritado, nos han llamado demócratas -cuando ni siquiera podemos votar-... Sin ir más lejos, ayer discutí con un vecino en el ascensor porque él no llevaba la mascarilla y simplemente le dije que subiera solo, que esperaba al siguiente, y me llamó cobarde”, relata.

Con la vacuna ya circulando por sus venas, Samuel pide “un poco de paciencia” para poder ver el fin de la pandemia: “Nos quedan unos meses de seguir con las medidas, de llevar mascarilla, de distancia social... Pero en medio-largo plazo tenemos que ir a mejor”. Eso sí, a corto plazo augura “meses duros”, y más después de la Navidad. “Aquí se notó muchísimo la celebración de Acción de Gracias, y en España las fiestas también van a tener un efecto importante”, avisa.

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