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La segunda ola arrastra a Aragón hasta los 50.000 casos: así ha evolucionado el virus

La Comunidad es la tercera con más contagios por habitante desde que comenzó la pandemia, tras Madrid y Navarra. Los expertos advierten de que la llegada del frío dificultará una mejoría rápida.

Un enfermero del 061 hace una prueba PCR durante el mes de agosto.
Un enfermero del 061 hace una prueba PCR durante el mes de agosto.
Toni Galán/EFE

El primero fue un hombre de 79 años. El pasado 6 de marzo, dos análisis confirmaron que esta persona, ingresada en la UCI del Hospital Clínico de Zaragoza con una neumonía, estrenaba la triste y larga lista de contagiados de coronavirus en Aragón. Este fin de semana, siete meses y medio después, la Comunidad supera la barrera de los 50.000. Es decir, casi cuatro de cada cien aragoneses han sido diagnosticados de covid de forma oficial. Los casos reales son muchos más. Las estimaciones de los expertos varían, pero se da por hecho de que puede haber más del doble de contagios de los que hablan las cifras oficiales.

Aragón es una de las comunidades en las que más duro ha golpeado el virus, especialmente a partir del verano. Si se hace una ‘clasificación’ de casos registrados por población desde el inicio de la pandemia, la Comunidad ocuparía el tercer lugar de la tabla. Madrid y Navarra serían líderes indiscutibles, con 4.340 y 4.215 casos por 100.000 habitantes, respectivamente. Y Aragón –seguida de cerca por La Rioja– iría al tercer lugar del ‘podio’ con 3.554. La media nacional está en 2.178.

¿Qué ha llevado a Aragón a esta situación? Los expertos valoran varios factores, como la alta influencia de la capitalidad de Zaragoza (con su alto nivel de incidencia en algunos momentos), el impacto que tuvo la llegada de los temporeros en el mes de julio, el envejecimiento de la población... 

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En un primer momento, allá por el mes de marzo, el virus llega de "gente móvil, que viaja por el mundo", aunque rápidamente "prende fuego en la gente más mayor y en las residencias", observa Ángel Pueyo, investigador del grupo de estudio en Ordenación del Territorio de la Universidad de Zaragoza, que está haciendo un seguimiento del impacto de los casos junto a su compañera María Zúñiga Antón.

En esas primeras semanas de marzo y abril, las cifras de contagios nunca hablaron de más de 300 casos diarios, pero por entonces solo se diagnosticaban los más graves, que eran una mínima parte de los contagios reales. La curva de aquellos días debería ser mucho más alta, hasta diez veces superior, según algunos investigadores. "Ahora vemos una curva muy alta, pero en realidad es bastante más baja de lo que fue la de marzo y abril", advierte Enrique Bernal, doctor en Medicina e investigador del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS) que colabora con la OMS.

Cuando llegó en marzo, "el virus nos pilló por sorpresa", dice el epidemiólogo y profesor en Veterinaria Nacho de Blas. "Vimos lo de China, lo de Italia... pero para cuando nos dimos cuenta lo teníamos en todos los sitios, los hospitales estaban llenos y no había capacidad de atención a pacientes graves", añade. Fueron jornadas de desconcierto ante lo desconocido, de falta de medios en los hospitales, de dudas con los tratamientos, de un deficiente seguimiento de los brotes... El confinamiento general de la población permitió desatascar los hospitales y afrontar una desescalada que, para De Blas, fue "excesivamente rápida, incluso precipitada".

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Mejorar "sin dar pedales"

Pese a ello, la llegada de las buenas temperaturas ayudó, y las cifras de contagio disminuyeron. "Lo que hacíamos era bajar un puerto de montaña sin dar a los pedales", ejemplifica De Blas. La ventaja ganada al virus se dilapidó rápido. Mientras la situación en la mayoría del país era relativamente tranquila, la segunda ola arrancó muy temprano en Aragón, sin dar apenas margen para el alivio.

Recién iniciado el verano, empezó uno de los fenómenos más específicos de la trayectoria de la pandemia en la Comunidad, la de los temporeros que llegaron, como todos los años, para la campaña de la fruta de hueso. "El inicio de la segunda ola tuvo mucho que ver con la industria agroalimentaria y la movilidad de las personas que trabajan en ella", confirma Bernal.

Muchos de esos temporeros pasaban la semana en el campo, pero el fin de semana volvían a su residencia habitual de Zaragoza. Así que el virus corrió como la pólvora en barrios como Las Delicias y Las Fuentes, favorecido por las malas condiciones de habitabilidad que sufre esta población. La transmisión comunitaria de la capital y de las zonas agrícolas arrastraron a Aragón a una situación excepcional en España y Europa: la primera semana de agosto, la incidencia acumulada a 14 días por 100.000 habitantes fue de 566 en la Comunidad, cuando la media nacional era de 62.

Desde hace varios días vivimos una situación de "contagio generalizado" en Aragón, advierte Ángel Pueyo, ya que raro es el rincón donde no salen casos. "Son contagios más ligados a las formas de vida, a las relaciones personales. Estamos cuidando mucho las normas en el trabajo y el estudio, pero nos relajamos cuando estamos con los más próximos", señala este investigador.

"No hay eventos multitudinarios, pero hay mucha movilidad, reuniones amplias de amigos o familias, movimientos a segundas residencias y temperaturas más bajas, con lo que el virus tiene más capacidad de transmisión", añade Bernal. De Blas, por su parte, advierte de que estamos "en niveles de agosto", pero con la diferencia de que "ahora –con el frío– hay que dar pedales de verdad". "Nos va a costar mucho", opina.

El paso de la frontera de los 50.000 llega en una semana en la que, día a día, se han ido batiendo los récords históricos de contagios, con unas tasas de incidencia totalmente disparadas en muchas localidades. Los expertos coinciden en señalar que las cifras se mantendrán altas unos días, y que después deberían empezar a dar sus frutos tanto el confinamiento de las tres capitales de provincia como la entrada de Aragón en el nivel 3 de alerta.

¿Y después? "Esto va para largo", augura Ángel Pueyo, quien cree que el panorama no cambiará sustancialmente "hasta que no tengamos una vacuna o tratamientos farmacológicos eficaces". "En breve veremos cómo va la competición de este coronavirus con el resto de virus, como la gripe", añade Bernal, quien prevé un número indeterminado de repuntes "en la medida en la que nos vayamos moviendo". ¿Y la Navidad? "Este año no debe haber Navidad", sentencia De Blas, quien alerta de los rebrotes que pueden producirse en esas fechas.

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