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Aragón

solidaridad

De la hucha del chinito a la donación por bizum... o de nuevo en pesetas

La pandemia ha cambiado la forma de donar a oenegés. Detrás de estas misiones trabajan casi 200 aragoneses, como Ramón en México o Rafael en Angola.

Monforte de Moyuela: nuevos aires de esperanza para aterrizar sueños
Una antigua hucha que se utilizaba para el Domund
Laura Uranga

Este fin de semana de octubre se hubiera vuelto a escuchar por las calles de las ciudades el sonido de huchas agitándose por el impulso de los niños. Y también la tradicional frase: "Una ayuda para el Domund". En las solapas de los abrigos más tempraneros estaría la pegatina cuadrada, muestra de que ya se había colaborado.

Las huchas de la cabeza de una tailandesa, un indio, un esquimal o un africano eran el símbolo de la ayuda a los países subdesarrollados. Ahora esas piezas de mayólica se han convertido en tesoros de coleccionista y se venden, incluso, por más de 100 euros en portales de internet. Hasta allí, al plano digital, han llegado las donaciones y más este año marcado por la pandemia.

"Este Domund -que se celebra este domingo 18 de octubre- no va a haber huchas para evitar el contacto. Ante esto se abren perspectivas nuevas de colaborar", señala Alfonso Palos, delegado de las misiones en Zaragoza. Este año se sustituye la calderilla del bolsillo por contribuciones a través de bizum o transferencia, además, se puede elegir el proyecto al que destinar el dinero a través de la página web. Desde el ámbito de la misiones esperan que esta novedad sea una oportunidad para llegar a más personas y más jóvenes.

Alfonso Palos con las nuevas tecnologías, vía actual de donación, y las tradicionales huchas del Domund.
Alfonso Palos con las nuevas tecnologías, vía actual de donación, y las tradicionales huchas del Domund.
Guillermo Mestre

Las donaciones primero fueron en las frágiles huchas y a partir de 1963 en las de plástico -"sencillas, elegantes y prácticas", se describían en las notas de HERALDO-. Se han conocido diversas huchas, pero solo dos monedas -pesetas y euros-, puesto que las primeras noticias sobre el Domund se documentan en 1944.

Precisamente, el próximo 31 de diciembre, en menos de tres meses, finaliza el plazo para cambiar las pesetas emitidas a partir de 1939 -si son de 1936 a 1939 también, pero tendrán que se analizadas por expertos del Banco de España dada la antigüedad-. Se calcula que en los rincones de cajones, perdidas en bolsillos o en los compartimentos de los bolsos todavía se acumula lo que equivaldría a 1.602 millones de euros. Manos Unidas ha aprovechado la circunstancia para lanzar otra campaña. Proponen entregar en las delegaciones de las ciudades las pesetas que todavía se conserven, no obstante, ante la situación sanitaria recomiendan ponerse en contacto antes de acudir.

"Es más esfuerzo, porque para conseguir 1 euro hay que sumar 166 pesetas"

"Es más esfuerzo, porque para conseguir 1 euro hay que sumar 166 pesetas", determinan desde la sede de Zaragoza. A pesar de ese hándicap, aseguran que la iniciativa está suscitando interés en la ciudadanía. La oenegé explica que la recaudación irá destinada a uno de sus proyectos de desarrollo coordinados localmente. "Tenemos que poner voz a los que están lejos y no pueden, donde no hay pobreza, sino miseria. Y recordar que la solidaridad no se pare en nuestras fronteras", añaden desde la delegación de la capital aragonesa.

Las pesetas estuvieron en circulación hasta el 28 de febrero de 2002.
Las pesetas estuvieron en circulación hasta el 28 de febrero de 2002.
Antonio García

Los representantes de estas organizaciones sostienen que se modifique la forma de donación no supone ningún gasto económico. "Si facilitan los datos sí que desgrava", expone Palos. Un aspecto que recuerda a los apuntes que se publicaban en prensa en la década de los 50, donde se detallaba la recaudación de cada pueblo de Aragón.

En el caso del Domund, se recoge en todo el planeta, incluso en los lugares de misión, 1.115 territorios donde reside casi la mitad de la población mundial. En la actualidad, en todos esos rincones brindan su ayuda 115 aragonesas y 81 aragoneses. La mayoría -120- residen en América Latina por la facilidad del idioma, a los que se suman 16 en Asia, 26 en Europa y 34 en África.

"La misión fue una experiencia maravillosa porque vas allí y tienes que aprender de nuevo. Es nacer otra vez"

En la actualidad, a raíz de la explosión de la pandemia de covid-19, las necesidades en los países más desarrollados han cambiado y también en esos territorios. "Sin misioneros no hay misión, pero ahora la ayuda material se hace más necesaria. Ha habido que reestructurar espacios, comprar geles, desinfectantes... son gastos añadidos y localmente no pueden recaudar", lamenta Alfonso Palos, quien participó en una misión en Zimbabue durante cinco años. "Fue una experiencia maravillosa porque vas allí y tienes que aprender de nuevo. Es nacer otra vez", define Palos. A este zaragozano le impulsó el trato que había tenido con los inmigrantes en España y los problemas que le contaban de sus países.

"La misión es una ventana al mundo, ofrece un espíritu universal", añade. Además, defiende que en las misiones se vive un diálogo de religiones y que los misioneros se convierten en uno más de la comunidad a la que llegan.

Un zaragozano que "palpita" en México

Ramón Lázaro vive con un etíope, un keniano, un canadiense, un italiano y dos mexicanos. Llegó a México el 8 de marzo. Todos los jueves se establece un puente entre el rancho donde reside y Zaragoza, su cuna. Habla con su familia y les cuenta cómo es su labor: acompaña a familias desestructuradas. "Me encuentro muchas situaciones de abusos sexuales, de poder, de malos tratos… Me paso la vida escuchando a estas personas, cuando tienen fuerza para denunciarlo. A pesar de llevar 20 años de misiones, estoy un poco escandalizado", confiesa este sacerdote de la Consolata.

Ramón en México, donde llegó a principios de marzo tras décadas en África.
Ramón en México, donde llegó a principios de marzo tras décadas en África.
HA

En esas dos décadas ha vivido situaciones límite, como 6 años de la guerra de Costa de Marfil. Aprendió el idioma de allí y trazó fuertes vínculos con personas que no olvida. "Por ejemplo, tuve que enterrar a los padres de una niña y me convertí en un padre para ella", recuerda.

"La idea del misionero como un un héroe no me gusta nada, cada uno es un héroe en lo que le toca"

¿Qué le llevó a ser misionero? "Yo tenía muy dentro que el bienestar del que gozábamos en el norte era producto del malestar que sufrían en el sur. Me sentía llamado a tomar partido, a vivir más con los que peor lo estaban pasando", defiende. Y recalca un planteamiento: "La idea del misionero como un un héroe no me gusta nada, cada uno es un héroe en lo que le toca". Para concienciar en este sentido, todas las semana envía mensajes de whatsapp a familiares, amigos y conocidos en los que da pinceladas de su día a día. "Creo que debemos palpitar con la humanidad, vivir un poco más abiertos que nuestra pequeña realidad", considera Ramón.

Del barrio de La Magdalena a Angola

Entre las fotos de un proyecto con menores en Angola se asoma una camiseta del Real Zaragoza. Se trata de Rafael Rodríguez, un zaragozano bautizado en Gallur, criado en La Magdalena, que se acuerda mucho de la Virgen del Pilar y echa de menos el chocolate con churros. A los 21 años decidió dejar su trabajo e ingresar en el seminario, convirtiéndose en un cura diocesano dedicado a los gitanos. "La verdad es que nunca pensé ser misionero, no se me pasó por la cabeza", confiesa. En 2006 cambió su vida. Una visita a Angola para visitar a unos compañeros le llevó a mudarse a África.

Rafael con los niños del proyecto de menores de Angola.
Rafael con los niños del proyecto de menores de Angola.
HA
"Es como ser el padre de 105 niños"

Ahora está al frente de un proyecto con niños de la calle o huérfanos fundado en 1964 y dependiente de la diócesis de Oporto. "Es como ser el padre de 105 niños", ejemplifica. Allí, les enseñan un oficio y gestionan una explotación agraria de 200 hectáreas. No obstante, también presta ayuda a otras 17 aldeas cercanas.

Un accidente le obligó a trasladarse a Portugal. Se fracturó el tobillo, la tibia y el peroné de una pierna y la rótula de la otra. A finales de junio regresó a Angola de nuevo y encontró un escenario diferente al que dejó antes de la pandemia. "Es una situación muy difícil en el sentido que no se puede asegurar lo básico. El precio de las cosas se ha triplicado. Además, existe mucho recelo sobre si se comunican todos los casos de covid. Falta distancia en los mercados…", concluye Rodríguez.

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