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Vecinos de Nuez de Ebro denuncian la okupación de dos adosados

Los afectados denuncian miedo y preocupación ante la situación que viven desde hace varios meses, así como múltiples problemas de convivencia

Vecinos de Nuez de Ebro denuncian la okupación de dos adosados

“Vine a vivir aquí hace más de 20 años por la tranquilidad y ahora nos toca esto”, “en 50 años que llevo viviendo aquí jamás había pasado nada parecido”. Confusión, preocupación, miedo y desconfianza. Así comienza el encuentro con un grupo de unos doce vecinos de la urbanización El Sisallar de Nuez de Ebro. Estos testimonios resumen el sentir generalizado de la mayoría de los residentes de la zona afectados desde hace unos meses por la okupación ilegal de unas viviendas situadas en los números 164 y 165 de la calle L1.

La vivienda, abandonada desde hace varios años, fue okupada poco antes del inicio del confinamiento, en concreto durante el mes de febrero según han informado fuentes del ayuntamiento. “Desde entonces hemos hecho todo lo posible desde el punto de vista legal para corregir la situación, pero nos encontramos con las manos atadas”, asegura Isabel Toro, alcaldesa de la localidad.

De hecho, según ha podido saber HERALDO, la parcela en cuestión, la cual cuenta con dos edificios y un terreno de amplias dimensiones aparentemente descuidado, es propiedad de una particular con la contactaron tan pronto como tuvieron constancia de la situación. “Nos hemos puesto en contacto con la dueña en varias ocasiones para intentar que denuncie pues es ella quien tiene que dar el primer paso, pero hasta la fecha no lo hemos conseguido”, asegura Toro.

También hemos sido conocedores de que están enganchados a la red eléctrica y hemos iniciado los trámites para que se proceda al corte de suministro”, asevera la alcaldesa que hace una semana mantuvo una primera reunión con los vecinos afectados por esta situación quienes le trasladaron su malestar. Por su parte, éstos destacan, sobre todo, los problemas de convivencia.

"Nos hemos puesto en contacto con la dueña en varias ocasiones para intentar que denuncie pues es ella quien tiene que dar el primer paso"

“Si por lo menos fueran pacíficos… pero, todo lo contrario. Estamos en una zona peatonal y hacen carreras con coches, fiestas, desguazan coches en la entrada e incluso escupieron a un vecino cuando se enfrentó a ellos”, asegura Cecilia Cerezo, una de las representantes vecinales. Como ya ha ocurrido en otros barrios y zonas de Aragón, son los propios vecinos los que desde hace meses se han visto obligados a organizarse para controlar los movimientos extraños de vehículos por la zona: “Incluso sabemos que se pasean por las casas y vemos cómo se asoman a través de las tapias, por lo que acto seguido lo ponemos en conocimiento de las autoridades o de los dueños de la casa”.

De hecho, esta misma casa protagonizaba un incendio en la bodega el pasado mes de junio el cual ocasionó un gran revuelo y preocupación entre los vecinos. “Las molestias son constantes. Nos sentimos completamente desamparados e indignados ante esta situación que está afectando a nuestra vida diaria”, asevera.

Así, los vecinos de la zona, formada por más de 170 parcelas, afirman que mediante la organización por zonas han logrado evitar varias okupaciones. “Dadas las circunstancias, en junio creamos un grupo de whatsapp en el que estamos casi 70 personas para coordinar diferentes acciones”, explica la vecina.

Temor ante el efecto llamada

Además, otro de los vecinos afectados, Alfredo Corrales, el cual vive a escasos metros de la vivienda okupada, asegura que en la zona hay “muchas casas vacías” y segundas residencias que sus dueños tan sólo visitan el fin de semana por lo que los residentes temen al “efecto llamada” que pudiera producirse. “Este siempre ha sido un pueblo muy tranquilo hasta que ha pasado esto. Durante meses hemos sufrido la entrada y salida de personas diferentes cada día y la verdad es que se ha convertido en un problema del que estamos todo el día pendientes”, denuncia.

En su caso, asegura que se trata de una situación que le genera respeto y mucha inseguridad. “Muchos de nosotros hemos decidido no irnos en verano a ningún lado por si acaso, porque igual vuelves y te encuentras con la casa okupada”, lamenta Corrales.

Y no solo eso, sino que en los últimos meses la gran mayoría de residentes de la zona ha optado por colocar un sistema de alarma. Entre ellos Alberto A. y Rafa M. “Yo no estaba muy a favor de esto, pero la verdad es que es la única manera de sentirnos seguros cuando nos vamos de casa”, afirma Alberto.

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