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Aragón

Aragón, un país de montañas

Parque del chopo cabecero

Allepuz inaugura una Ruta Etnobotánica que muestra la unión de hombre y paisaje

Este domingo 4 de agosto es la inauguración oficial de este sendero circular que permite conocer los valores naturales y culturales de esta localidad turolense. Integrada dentro de los recursos del Parque Cultural del Chopo Cabecero, está dedicada al naturalista local Bernando Zapater.

Fiesta del chopo cabecero en Allepuz
Fiesta del chopo cabecero en Allepuz.
Jorge Escudero

Este domingo 4 de agosto, la localidad turolense de Allepuz inaugura una Ruta Etnobotánica alrededor del pueblo, con 12 paneles interpretativos que permiten descubrir y comprender el paisaje de su entorno. Se trata de un itinerario circular, con salida y llegada en la localidad, y una distancia de 3,5 km, por lo que puede recorrerse sin esfuerzo. La inauguración oficial se producirá a las 18.00 h y antes, a las 11.00 de la mañana, se ha organizado el taller ‘Diviértete con las plantas’, a cargo de la investigadora del CITA Alicia Cirujeda, que se realizará en el Local Social y es de acceso gratuito.

La ruta, basada en la naturaleza y la cultura popular, se ha incorporado a los recursos incluidos en el Parque del Chopo Cabecero del Alto Alfambra, “porque este proyecto del Ayuntamiento de Allepuz se integra perfectamente con el espíritu del parque”, dice Chabier de Jaime, presidente del parque. El sendero “es un proyecto de Alejandro Pérez Cueva, vecino de Allepuz y catedrático de Geografía en la Universidad de Valencia, y está dedicado al naturalista local Bernardo Zapater”, explica De Jaime.

Los chopos cabeceros son un elemento presente en esta ruta, pero hay muchos otros protagonistas, que nos descubren la influencia de la mano humana en la conformación del paisaje. Como recuerda De Jaime “este era un territorio muy desforestado”, en el que se plantaron chopos para tener material de construcción. Se desmochaban para sacar vigas y para evitar el consumo por la ganadería, que es otro de los actores fundamentales de este paisaje, ya que el pastoreo dio lugar a las parameras típicas de esta zona. Para el cultivo de huertas se crearon ancestralmente terrazas y bancales abandonados entre los años 50-70 con el éxodo rural. Con el tiempo se ha visto cómo la naturaleza recuperaba estos terrenos y aparecían especies antes arrinconadas como la ortiga, el marrubio o el asensio, en los caminos y lindes, y otras arbustivas como el endrino o el cornejo, cuyos frutos constituyen la dieta de currucas, petirrojos y zorzales.

Además, durante el recorrido pueden verse ejemplos de la de arquitectura tradicional de la zona, como el lavadero del que parte la ruta, masías, muros de piedra seca delimitando los campos, o colmenas para el aprovechamiento apícola.

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