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Aragón

Aragón, un país de montañas

Montañismo

Excursiones hermanadas en el valle de Gistaín

Dos excursiones en el valle de Gistaín o de Chistau centraron el 24 encuentro montañero celebrado el pasado fin de semana entre Montañeros de Aragón de Barbastro y el Club Alpino Francés de Tarbes, dos clubes hermanados, en el que participaron 38 montañeros 

El grupo en la Peña del Cuezo, fotografiado con un dron.
El grupo en la Peña del Cuezo, fotografiado con un dron.
Montañeros de Aragón Barbastro

¡Vaya primavera la del valle de Gistaín! Igual que se nos altera la sangre por estas fechas, el Encuentro-Hermanamiento de Montañeros de Aragón de Barbastro con los amigos del Club Francés Alpino de Tarbes se convirtió en un vaivén de chubascos, con pedrisco incluido. Muy fieles al espíritu fraterno de cada ocasión, igual que la ‘meteo’ de esta agitada primavera sentíamos que se nos aceleraba el pulso en los abrazos de bienvenida y a partir de ahí, en cada uno de los minutos de la ‘Rencontre’ entera.

Desde nuestro campamento base en el hotel Casa Anita de San Juan de Plan, nos situamos el sábado día 18 en el mirador de la Cruz de Puyadase (1.492 m) para dirigirnos a la Peña Cuezo (1.921 m), haciendo de nuestra apuesta un ejercicio de riesgo del que salimos indemnes, en un fin de semana de grandes emociones. Fue una mañana de sol y sombra porque los nubarrones descargaban por doquier a la vez que aparecía, repentino, un sol blanquísimo y conseguíamos evitar cualquier chaparrón inoportuno. Todo esto porque quizás una buena estrella así lo quiso.

Fueron 500 m de desnivel hasta el extraordinario mirador panorámico: Cotiella, Peña Montañesa, Punta Llerga o la sierra de Chía. Lo que se nos escondió en todo momento fueron el Posets y las Espadas pues albergaban una fuerte tormenta, yo creo que de nieve. No fue hasta finalizar el regreso, a las dos de la tarde, cuando comenzó a caer un fino granizo ‘mata-crabits’. En este momento sólo pensábamos en la mesa de comida de mochila que nos esperaba en el local social de Gistaín para compartir las especialidades de cada casa, acompañado todo con vinos franceses o una bota del Somontano bien engordada con vino tinto y lista para ser apretada de mano en mano porque así lo dice el adagio que nos repetía siempre Manolón, amigo y montañés de Plan: «En pasar de tres, la bota que no pare».

Ya de regreso a San Juan de Plan, hicimos un par de visitas culturales, una al Centro de Interpretación Posets-Maladeta y otra al Museo Etnográfico, las dos muy amenas. Quedamos listos para la cena en la que hubo parlamentos y regalos de la mano de François Franco y José Masgrau, los grandes hacedores de cada encuentro.

Si algo puedo asegurar es que el tiempo pasa rápido en estas citas alternas en cada vertiente del Pirineo. En una mañana de domingo fresca y multicolor, entre ratos de sol y nubarrones, partimos en coches hacia el Hospital de Gistaín para desde allí seguir por el GR 19 hasta el refugio forestal de San Juan, continuar por el sendero S-7 al puente de La Ribereta, pasar la palanca de Posets sobre el Cinqueta de Añes Cruces, y llegar al refugio de Viadós.

Moles nevadas

Ascendimos con fuerza y en diagonal en dirección al bosque del Clot, para poder ver esas dos gigantescas moles, Posets y Espadas, muy nevadas pero siempre ocultas sus cimas. Quienes sí nos recibieron limpios y diáfanos fueron los tres Eristes y la Forqueta, completamente espolvoreados por la nieve caída durante la noche. Ya de regreso hacia el refugio de Viadós, había que cruzar el puente de madera del Cinqueta de Añes y era exuberante su fuerza pues el mayenco hace brotar el agua de todos los rincones y muchos arroyos, al confluir, rugían como torrentes desbocados.

En suave descenso y con marcha acompasada se trufaba la mañana de infinita conversación para cerrar el círculo de la excursión por la otra orilla del Cinqueta. Con fuerte viento de rachas heladas llegamos de nuevo a San Juan de Plan. Ahora venía la apoteosis de una comida alegre y... ya estábamos soñando con la cita de septiembre en Cauterets-Vignemale.

Despedimos el encuentro con efusivas muestras de cariño y me quedó grabada la frase que François me susurró en su abrazo: «¡Qué felices nos hacéis!». Sí, François, vosotros también nos hacéis felices y ojalá que muchos clubes hermanos de Aragón sepan buscar en la vecina Francia su ‘alter ego’ montañero. Creo que nunca más los Pirineos separarán a los montañeros de Tarbes y de Barbastro.

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