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Aragón

Gistaín: mirar, respirar, comer, beber, amar... y repostar

Gistaín, con sus maravillosas vistas, está apenas a 30 kilómetros de la frontera gala, tiene una gran variedad de alojamientos rurales y, sin embargo, sigue esquivando la masificación.

Gistaín, en imágenes
Gistaín, en imágenes
Laura Uranga

No son los pioneros en el alojamiento rural de Gistaín (Chistén en aragonés chistabino) porque ese honor le corresponde a Casa Fontamil. Casa Guillén también anda sobrada de experiencia en el sector dentro del ámbito local, pero Casa Lucía no le va a la zaga. De hecho, lo primero que dicen sus propietarios, Ana Mur y David Bielsa, es que en el pueblo hay nueve establecimientos de turismo rural entre casas y apartamentos, y que se llenan en puentes y veranos. "No podemos quejarnos –dicen ambos– teniendo en cuenta que no tenemos estaciones de esquí en el valle".

Ana y David son de Chistén, como sus respectivos padres y abuelos; tienen muy claro lo que atesora el pueblo. "Nuestro pueblo está en un enclave privilegiado; las vistas son un tesoro. Además de los miradores hay un montón de senderos, alta montaña para los especialistas... en casa tenemos grupos de unos y otros, también cazadores y, por supuesto, familias. Prueban nuestros productos, incluso algunos que no podemos vender en el Reposte, como nuestra mermelada casera de moras".

Gistaín: mirar, respirar, comer, beber, amar... y repostar

Lo del Reposte es la gran noticia de esta última primavera en el pueblo. Además de seguir al pie del cañón con Casa Lucía, que abrió con la llegada del milenio, la pareja ha inaugurado hace tres meses una tienda, a pocos metros de casa: El Reposte Chistabín, "La palabra se refiere a una especie de despensa de carne –aclara David–, donde se guardaba sobre todo lo derivado de la matanza, y algunas otras cosas, como el queso. Tenemos obrador propio y hacemos muchas cosas: tortetas, morcillas, butifarra, longaniza, callos, patés de corzo y ciervo... todavía no hay web y estamos yendo despacio a conciencia, no vaya a ser que luego no lleguemos. Vendemos en la tienda y a algún restaurante; cuando cojamos la marcha ya pensaremos en ampliar, hacer envíos… paso a paso. Por ahora la gente está contenta; realmente hemos abierto porque hacíamos embutidos en familia de toda la vida y los clientes de Casa Lucía nos decían al probarlos que ojalá los vendiésemos. Cuando empezamos a pensar en hacerlo, los amigos nos animaron; dijeron que con esto no había equivocación posible". "Es una manera de no acumular ‘pongos’ –bromea Ana– y llevar embutidos a casa de los amigos en vez de esas cosas que luego dices “dónde lo pongo".

Masificado no, pero...

Hablando como alcalde y hostelero, David describe la realidad actual del pueblo. "No estamos masificados en absoluto, por suerte, y en invierno no hay mucha actividad, pero tenemos los servicios garantizados y la carretera limpia en cuanto cae nieve. Eso sí, algo más de vidilla se agradecería, para qué engañarnos. Si viniese alguna otra familia con niños, sería muy buena noticia. Ahora está abierta la escuela, sobre todo gracias a tres parejas con hijos que se asentaron aquí tras responder a un anuncio; se buscaba gente con esa condición para trabajar en un pequeño negocio de construcción que puso otro; la escuela había estado once años cerrada. Ellos trabajan como albañiles y ellas en casas de turismo rural".

Los artesanos

Aunque la lista debería extenderse a cada casa, con diversos grados de especialización, destacan dos puntales; unos veteranos del pueblo que hacen cubiertos de madera y un recién llegado, Francisco José Gómez ‘Paco’, que tras una temporada en la cercana Abizanda, lleva un año con su taller Casa el Pernales en Gistaín. Es de Albacete, aprendió el oficio en Alicante de chaval y su habilidad con el cuero es impresionante. Su colección ‘Aberturas y roturas’ deja boquiabiertos a los visitantes: son cuadros y piezas de mesa que juegan con la metáfora de la brecha, el asomo vital; un ojo en una grieta, un nacimiento, una crisálida... como pieza estelar entre cientos de pequeñas creaciones destaca ‘La guitarra de Paco’, una maravilla que hipnotiza a los amantes de las seis cuerdas.

En Gistaín no faltan las fiestas; aparte de los motivos ancestrales han ido apareciendo otros. La matanza lleva aparejada la producción de mondongo y morcilla, con degustaciones populares; el carnaval se vive intensamente, y en abril se hace la fiesta del jabón artesano; también se espera con ganas la del caracol, que consiste en búsqueda, selección y cocinado con ajoaceite, como mandan los cánones locales.

"En invierno –recuerda Ana– se celebra la jornada de las vilás; se llama así al rato del día posterior a la cena, antes de ir a dormir. Ir a vilar a una casa es charrar, allí se comenta el día. Las mujeres se ponían antes a tejer o zurcir calcetines". Para San Pedro se hace requesón y las fiestas patronales llegan el 20 de agosto con San Joaquín y, al día siguiente, San Fabián, cuya fiesta real es en enero.

El pueblo de las tres torres también es ahora el de los tres miradores

A la hora de analizar sus peculiaridades históricas y estructurales, el propio pueblo reflexiona sobre lo curioso de tener tres torres en un espacio tan pequeño (ahora hay realmente una cuarta, más pequeña) que, por esta particularidad, ha sido llamado desde hace siglos el pueblo de las tres torres. La mayor (y menos maciza) es la de la iglesia de San Vicente Mártir. La de Casa Tardán, del siglo XVI, es la más cuadrada y sólida, tiene cinco plantas y un arco sobre un barranco, el de Sobrebilla, en su parte inferior: es la única que presenta esta configuración en Aragón. Se trata de una torre defensiva que, al mismo tiempo, está protegida de las riadas. El poderío económico de esta familia estaba en su cabaña ganadera: se cuenta que cuando la punta del rebaño llegaba a Gistaín, la cola de las ovejas (con sus esquilas de plata, dicen) aún estaba en Plan, a varios kilómetros en línea recta. La tercera torre, en casa Rins (la otra familia pudiente de la época) está en la parte baja del pueblo y fue la respuesta a la aparición de la torre de Casa Tardán.

El otro ‘tres’ que presenta Gistaín viene del empuje del alcalde David Bielsa y su equipo; han consolidado miradores en el municipio, y hay tres destacados. El de la Cruz de Puyadase es el más amplio, incluye un coqueto merendero con varias mesas, césped natural, caseta para brasa, una curiosa fuente rematada con cabeza pétrea de jabalí y las vistas, simplemente alucinantes; la ermita de San Fabián, a quien se le tiene gran devoción en el pueblo, se aprecia desde allí. En el otro extremo del pueblo, con vista a Plan, está el mirador de la Cruz de Grao, con los picos-reloj enfrente (las 11, las 12 y la 1, aún con nieve en la cumbre estos días: servían de orientación horaria en tiempos remotos) y a la entrada del pueblo está el de las Fontanetas, desde donde se divisa San Juan de Plan y el Cinqueta.

LOS IMPRESCINDIBLES

Nacional de raquetas

El pasado 11 de febrero se celebró en Gistaín el VI campeonato de España de raquetas de nieve, organizado por el Club Atlético Sobrarbe (CAS). En hombres ganó Roberto Ruiz y en féminas Esther Sanz, atleta del CAS.

El Puen Pecadó

Este puente se encuentra nada más tomar la carretera de subida a Gistaín desde San Juan. Data del XVII y se dice que debe su nombre al hecho de que los condenados eran arrojados al Cinqueta desde ahí: una caída de 50 metros.

El Reposte Chistabín

La tienda lleva tres meses en funcionamiento, abre jueves, sábados y domingos (fuera de horario se puede llamar a Ana: el teléfono está en la puerta) y sus productos son de primera: longaniza, patés, callos, butifarra, morcilla...

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