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Educación

Atrapados en unas vacaciones escolares muy largas

Semana Santa obliga a las familias a encajar cinco días sin clase con las jornadas laborales normales. Toca solicitar permisos y tirar de abuelos y todo tipo de campus.

S. Campo 30/03/2018 a las 05:00
Último día de clase, el pasado miércoles, en el colegio Cándido Domingo de Zaragoza con un desfile en honor al sombrero de Pascua Easter bonnetJosé Miguel Marco.

Cuadrar cinco días sin clase con una semana normal de trabajo de los adultos se convierte en una misión harto complicada. Un reto de conciliación al que la semana que viene se van a enfrentar miles de familias aragonesas inmersas ya en unas prolongadas vacaciones escolares de Semana Santa de once días de fiesta que no llegarán a su fin hasta el regreso a las aulas el 9 de abril. Los padres se ven obligados a tirar de abuelos, gastar días de libranza para cuidar de sus hijos y apoquinar lo que cada uno pueda de cara a ajustar horarios y poder disfrutar del mayor tiempo libre posible con los suyos.

Es el caso de Pilar Juan. Además de recurrir a los abuelos paternos que acuden a Zaragoza exprofeso desde Alcañiz a cuidar a su nieto, llevará a su hijo de 10 años tres horas por la mañana al centro Niubit para hacer un taller de lego, minecraft, scratch e impresión en 3D. El desembolso: 90 euros. «Por la mañana quiero que haga alguna actividad creativa que le guste y tampoco se trata de sobrecargar a las abuelos», explica.

¿Por qué este periodo vacacional varía de un año a otro? El calendario escolar lo aprueba Educación y en el Consejo Escolar de Aragón, formado por representantes de toda la comunidad educativa, se tomó en enero de 2012 el acuerdo que regula este descanso. Los años en los que el Jueves Santo cae en marzo, como ocurre este 2018, a los niños se les da vacaciones toda la Semana de Pascua. En cambio, cuando el Jueves Santo coincide en abril, los días sin clase son los previos a ese festivo y el lunes de Pascua.

Con este calendario variable se pretende equilibrar los trimestres y evitar que el tercero y último resultase demasiado corto. Su aplicación provocó en 2014 unas vacaciones de las más largas. Jueves Santo se celebró el 17 de abril y al estar a la vuelta de la esquina del lunes de Pascua 21 el 23 de abril, día de San Jorge, se decidió juntar los puentes que sumaron 12 jornadas consecutivas festivas.

La Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de la Escuela Pública de Aragón, Fapar, es la que se muestra más crítica con esta medida, que también se aplica en Castilla y León y Asturias. Aunque la diferencia entre una opción y otra solo es un día más de fiesta (11 no lectivos este año y 10 cuando Jueves Santo cae en abril), denuncia que los problemas de organización de los padres se multiplican en años como este.

«Con solo tres días de fiesta en una semana hay mucha gente que se apaña con familiares, amigos o pide libranzas en su empresa, pero si se trata de una semana entera se complica mucho», apuntan.

Mientras, la Federación Cristiana de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de Aragón (Fecapa) ve «bastante razonable» el calendario. Recuerda que salió en el Consejo Escolar por mayoría (34 votos favor, uno en contra y tres abstenciones). Ante la pregunta de por qué se considera no lectivo la tarde del último día de clase (el pasado miércoles) arguye que se toma como criterio que se cumplan los 175 días mínimos en infantil y primaria y las 850 horas.

¿Un problema crónico?

Para Fapar, el hecho de que estas vacaciones estén condicionadas a unas fiestas religiosas convierten cualquier problema relacionado con ellas en algo «endémico y crónico». El presidente de Fecapa, Miguel Ángel García Vera, reconoce que cualquier cambio que se ponga sobre la mesa «va a generar un intenso debate».

De hecho, en 2011 ya se planteó una redistribución de las vacaciones independientemente de las fiestas religiosas que pasaba por dar una semana de asueto a finales de marzo. La patronal y las familias de la concertada se opusieron. Tampoco se piensa en aplicar el modelo francés, por el que solo ha apostado Cantabria, con cinco bimestres en lugar de trimestres.





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