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Gastronomía

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Memorias que conmueven

Cuando María cambió de vida y empezó por los mejores recuerdos

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Casa nueva, vida nueva. María tiene 40 años y, aunque ha vivido muchas historias y experiencias interesantes, en las últimas semanas de este mes de marzo de 2050, al follón del trabajo, el colegio y los niños tiene la sensación de haber sumado solo cajas y más cajas. No recordaba lo duro de hacer una mudanza desde que se fue del piso de sus padres con 25 años. Y entonces tan apenas se llevó un par de maletas. Juan y ella empezaron en ese pequeño apartamento su historia juntos y, por eso, mudarse le deja un sabor agridulce. La nostalgia se apodera de ella. Pero abrir la puerta de su nuevo hogar es también abrir una nueva etapa de su vida: personal y profesional.

Desembalando cajas, María sigue despertando su memoria. Encuentra un marco con una fotografía de la fiesta de graduación de primaria. ¡Tampoco hemos cambiado tanto! -se ríe, mientras envía este mismo comentario con una foto al móvil de Alexandra, ambas amigas desde infantil-.

Y sigue colocando libros en los estantes hasta que da con una libreta de espiral que la hace parar en seco. ‘Diario de un encierro en casa’. Así lo llamaron. El dibujo de la portada lo hizo ella: un coronavirus. Una pandemia internacional obligó en marzo de 2020 a confinarse en casa para evitar su propagación. ¡30 años ya! ¡Cómo pasa el tiempo! Recuerda perfectamente cómo fueron aquellos dos meses de encierro. Y en este diario, que compartía con su hermano y sus padres, iban contando sus vivencias.

No había vuelto a releerlo en todo este tiempo. María tenía entonces 10 años. Su primera página la escribió el sábado 14 de marzo y contaba que lo había pasado muy bien viendo una película y cenando. Su hermano, Lucas, que entonces tenía 6 años, había hecho un dibujo de la familia. Los padres, en cambio, escribían palabras como incertidumbre o miedo, algo que ella entonces no recuerda haber sentido.

Pasa a otra página y a María le empiezan a venir a la cabeza muchos más recuerdos. El olor a comida casera que tanto agradecía después de tantos cursos en el comedor escolar. ¡Cuánto le gustaba ponerse el delantal! Entonces se sentía como uno de esos niños que protagonizaban en la época el televisivo Masterchef Junior que a ella tanto le gustaba. Compartía bastante tiempo con su padre entre cazuelas porque él era un cocinero frustrado y un amante de la comida saludable y los productos locales y de proximidad. Le vienen a la memoria aquellos olores y sabores que entremezcla con recuerdos de aquellos días. A ella le encantó pasar tanto tiempo en familia. “¡Tener a mis padres todos los días en casa es lo mejor de estar aquí encerrado!”, contaba en otra de las páginas que había ilustrado con una pajarita y una mariposa de papel que ese día hizo con su hermano.

Pequeñas celebraciones

Cuando en casa de María celebraron el Día del Padre recién confinados en casa, ella y su hermano prepararon con mimo unas postales que les habían mandado en el colegio para que no olvidaran felicitarle. Ese día, el padre de María les sorprendió con un desayuno a base de tortitas, fruta y mucho, mucho chocolate. Durante los dos meses siguientes, todas las celebraciones fueron así: sin salir de casa y con un gran desayuno. Lo cierto es que las tortitas se convirtieron en un ritual más, en otra de esas costumbres con las que cada familia hace una celebración. Quizás con esta última mudanza, María se había ganado otras tortitas para desayunar.

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Para no olvidar

En aquel diario, la familia de María no solo había apuntado cómo se sentía o lo que había hecho durante aquellos meses, sino que era también una especie de libro sagrado de la cocina, pues ahí estaban apuntadas las cantidades exactas con las que, a base de mucha práctica y algún que otro desastre culinario, habían logrado las recetas perfectas de sus platos favoritos.

Magdalenas con chocolate
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La receta de siempre

María repasa con cariño su diario. "Día 25 de abril. Papá ha llamado tantas veces a la abuela que creo que, aún estando en la distancia, se va a aburrir de nosotros. Pero creo que por fin lo tenemos, esta es la receta perfecta de magdalenas con chocolate, la de toda la vida. Creo que el fallo de papá estaba en el azúcar. La abuela le ha dicho que es pecado mortal, que unas magdalenas sin azúcar no son nada".

Los más pequeños juegan con la masa
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Estilo italiano

El padre de María siempre le contaba, que durante unas vacaciones en Italia con su madre, cuando ella no había nacido aún, se dedicó a hacer pizza y tenía la habilidad para hacer la masa perfecta, lanzándola al aire como hacían los auténticos chefs. La madre de María se reía mucho cuando contaba esa historia, pero verdadera o no, las pizzas de su padre eran las mejores que María había comido nunca. La María de 40 años recuerda como amasaba con su padre y se pringaba los dedos, aunque su parte favorita era colocar los ingredientes: el tomate frito de la base era casero, por supuesto, y no faltaba el queso rralado. Después, la pizza a la carta: para sus padres, con verduras cortadas muy finas y un poco de aceite de trufa; para su hermano, con pollo y nada más que pollo; para ella, con jamón y huevo. Todavía sigue siendo su favorita.

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