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Las casas colgantes de Nigüella, una visión que cura el hipo

Este pueblo de la Comunidad de Calatayud está encaramado a una loma sobre el lecho del río Isuela

Las casas colgantes de Nigüella vistas desde la bajada al Parque del Molino, a orillas del Isuela.
Las casas colgantes de Nigüella vistas desde la bajada al Parque del Molino, a orillas del Isuela.
Laura Uranga

Acercarse a Cantavieja por la carretera, mientras se contempla su hilera de viviendas pegadas a la cumbre de la loma sobre la que se asienta el pueblo, es un espectáculo. De Cuenca ya no hablamos; cosa babilónica es, puestos a exagerar. Por suerte, la belleza a escala también es belleza, y de eso saben un rato en Nigüella, enclave de la Comunidad de Calatayud abrazado por otras comarcas como Valdejalón o Aranda; allá también hay casas colgantes, a varios niveles, construidas con materiales humildes para conformar un conjunto que multiplica visualmente el valor contable de su factura. 

Las casas, por cierto, tienen el Isuela debajo de la barbilla, allá donde apuntan los contrafuertes que sustentan a muchas de ellas; en la orilla está el coqueto parque del Molino, testigo de amores veraniegos y meriendas interminables en un espacio dominado por los chopos, que incluye una hermosa fuente.

En el camino que desciende a la orilla del río, el espectáculo de las casas pegadas al vacío se puede apreciar en todo su esplendor. Recuerdan los del lugar que ese camino, que presenta escalones en varios tramos, se bajaban con caballerías para traer agua del río en mayores cantidades hasta que se efectuaron las conducciones de agua en Nigüella, allá por 1979, tiempo en el que también se asfaltaron calles y caminos. Importante: no es buena idea transitar por el pueblo en coche, dada la estrechez de muchas vías y lo intrincado de su callejero, con abundantes replacetas y recodos. No es grande para darle a las piernas, y sí agradecido para los sentidos.

La historia y sus huellas

Se cree que el pueblo estuvo fortificado; hay vestigios de mudéjar en la arquitectura, más visibles en el Barrio Bajo. Para quienes quieran explorar un poco más allá queda la cueva Estrecha, en Monegré (solo expertos) y el camino hasta el Salto de la Mina, ya en tierras de la vecina Arándiga, y que queda apenas a tres kilómetros de Nigüella. El nombre del pueblo, por cierto, llama la atención. Y no, no tiene que ver con la nigella, esa planta también conocida como ajenuz, cuyas semillas negruzcas tienen efecto antioxidante, inmunoestimulante, antiinfeccioso y antihistamínico. La cosa va más bien de historia, o de la interpretación que se ha hecho de ciertos sucesos históricos.

Al parecer, la ubicación de la villa y sus terrenos adyacentes coincide con la descrita en la batalla de Épila, que enfrentó al ejército del rey Pedro IV con el grupo de aragoneses englobados en la Unión; el resultado de la contienda fue tan cruento que se dijo que allá no quedó rastro ni huella. También se le ha llamado Nuvella en registros históricos de épocas posteriores.

Para completar la visita, el Castillo de Mesones de Isuela está a apenas dos kilómetros y medio, ya en la comarca del Aranda, con la capilla de la Virgen y su techumbre de madera policromada, una visión que quita el hipo.

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