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aragón es extraordinario

La Catedral del Salvador, el gran orgullo de Albarracín

Situada en la parte más elevada de la localidad, ha sido sometida a diversos procesos de restauración

Pocos lugares atesoran en Aragón el magnetismo conjunto del que puede presumir Albarracín. Un atractivo que comienza en sus murallas y se explaya en toda la localidad, con la catedral coronando el cuadro arriba de la loma sobre la que se asienta buena parte del caserío. En la subida, la sucesión de rincones mágicos tiene tantas paradas que cuesta hacer una lista justa de lo más destacado; eso sí, la casa de la Julianeta debe figurar en el programa de todas las visitas.

En lo alto late el corazón pío de Albarracín, y un hombre natural de la localidad acompasa ese palpitar con mano maestra. Antonio Jiménez, director de la Fundación Santa María de Albarracín, se entusiasma con la catedral del Salvador. La ve todos los días desde la sede de la institución, y se la conoce al milímetro. Conocerla con sus explicaciones es recibir un caudal de conocimiento de asimilación lenta; resulta enriquecedor poder ir más allá de lo impreso o digitalizado, y contar con el componente vivencial en un recorrido centrado en la historia y el patrimonio.

La catedral fue levantado en 1221 por el obispo Don Martín. En 1532 se emprendió la gran reforma del templo, que determinó su apariencia actual. Tiene planta renacentista con nave central de cuatro tramos, con capillas laterales entre los contrafuertes; el abovedamiento de crucería estrellada en el edificio es tardogótico y se atribuye al arquitecto francés Pierres Vedel. La Fundación ha venido acometiendo en ella trabajos de restauración en la última década. "Hablar de la catedral al hablar de Albarracín es algo natural y casi obligatorio, ¿verdad? Además, es una guía para entender la ciudad en los siglos XVI, XVII y XVIII. El obispo, en determinado momento, entendió que la catedral debía estar acorde a la pujanza que iba ganando, y recreció la catedral hacia ambos lados; tanto la cabecera como el coro están literalmente colgando hacia el cañón del río, sostenidos por grandes contrafuertes que arrancan desde la base del meandro".

Mucho donde mirar

La capilla del Pilar es una maravilla, pero la verdad es que hay muchas más en este templo. "El descendimiento de Cristo en la capilla del Bautismo, con las tres Marías y San Juan, apareció bajo escombros y se corresponde con las últimas reformas de la etapa medieval. La capilla de las Almas, del siglo XVII, es otra maravilla, con su sacristía al fondo; también se le llamaba la capilla del Privilegio, ya que al parecer solo tenían acceso a ella los responsables de la catedral. Es la suma de dos capillas del siglo XVI, un ajuste basado en la falta de espacio, y se conecta con el claustro, cerrado en el siglo XVIII. Nuestros especialistas han sido claves en los trabajos, así como los cursos de restauración de retablos que se ha impartido en la propia Fundación; el último de ellos, hace apenas dos meses. Hallar pintura del XVI con continuidad es una maravilla para ellos". El claustro del XVIII estaba rodeado de capillas del siglo XVI.

La restauración de la capilla de la Inmaculada Concepción o Parroquieta, también del XVI, fue otra empresa coronada por el éxito este mismo verano. "Algunos de los retablos se fueron moviendo por diversas capillas a lo largo de los siglos. Hay dos que he rebautizado como los ‘bailones’, por lo mucho que cambiaron de ubicación. El proceso de restauración interior ha durado seis años, aunque antes ya se había hecho mejora de cubiertas y zonas exteriores; el gasto ha sido de 1.200.000 euros, una cantidad muy razonable para una catedral; además, esa cifra incluye la iluminación. Antes era un edificio lúgubre, y ahora ha vuelto a la vida".

En el Museo Diocesano, además de los impresionantes tapices en la zona de la mayordomía, destaca el pez de cristal de roca que se ha erigido en todo un símbolo de la catedral del Salvador, y por extensión de Albarracín entero. "El pez y los tapices singularizan nuestro patrimonio. En la sala d los tapices se cuenta toda una historia, resumida en los símbolos de cada época del lugar: la Edad Media, el siglo XVI y el XVIII. El de Gedeón es muy llamativo, pero toda la colección el siglo XVI, de origen flamenco lo es; fue regalada al obispo por el Cabildo después de que él se responsabilizara de hacer la capilla del Pilar. Además de su belleza, mitigaba sin duda el frío en la casa del obispo, otro punto clave de la visita".

Hay otros textiles en la colección, incluyendo vestimentas, desde las casullas a la mitra, las zapatillas y los guantes. Hay una casulla de seda, pintada, especialmente singular. Muy cerca hay una escalera de caracol que comunicaba el templo con las dependencias inferiores. "En 1990, cuando comenzó la escuela taller en las cuadras de abajo, hallamos un trastero donde se guardaban muchísimos bártulos de iglesias de la zona. Cuando lo contamos a los turistas, y mostramos las dependencias del palacio episcopal además de la catedral, se asombran mucho. Además, tenemos el único reloj de sol interior de España, en la alcoba contigua a la capilla del obispo. El techo está rayado, el sol entraba por un agujero con un espejo y el artilugio servía a los religiosos para controlar la hora desde el interior".

La entrada por la calle de la catedral tiene una hermosa escalinata de acceso: enfrente, con toda la villa a los pies, un magnífico mirador recoge a los turistas cansados por la caminata hacia arriba. Allí menudean las instantáneas en 360 grados, para inmortalizar el entorno y el propio templo. Las caras reflejan más alegría que cansancio, y la emoción propia del descubridor a la entrada de la seo. Comienza la aventura.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es Extraordinario'

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