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Sopeira y su joya románica: Santa María de Alaón

El conjunto monástico tiene génesis visigótica y esplendor románico; estuvo habitado por los monjes benedictinos hasta la desamortización de Mendizábal

Muchas veces, el entorno embellece un enclave no demasiado llamativo; otras veces, la belleza de un punto concreto se contagia en derredor, sin que hubiera motivo previo de fascinación en esas tierras aledañas. A veces, como pasa en Sopeira, las dos partes de esta reflexión son hermosas. La lógica impera entonces a la hora de decidirse sobre la visita; claro que sí, la proa alineada y para allá corriendo.

Roser Francino es la responsable de las visitas guiadas al monasterio de Alaón en Sopeira. Natural de la localidad, hace su trabajo con entusiasmo desde hace muchos años. Alaón, junto a Obarra y la catedral de Roda de Isábena, forma parte de lo más granado del patrimonio arquitectónico religioso en la Ribagorza, y es una de las edificaciones pías más antiguas de Aragón en perfecto estado de conservación.

"Aunque no es el principio de la visita habitual, me parece procedente empezar hablando de la zona más antigua del monasterio, la actual cripta: incluye los restos de una capilla visigótica –aclara Roser– y de hecho, el documento más antiguo que se conserva en relación al monasterio es del año 806". En él se habla de que el conde tolosano Bigo encargó a quien sería abad, Crisógono, la reorganización del monasterio de Santa María, activo en época visigótica y cuyo patrimonio en ese momento estaba ‘a merced de todos’. En los siglos IX y X estuvo bajo la potestad de la sede episcopal de Urgell, pero la invasión musulmana dejó el lugar arruinado durante más de un siglo. A finales del XI pasó a depender de Roda de Isábena y el obispo Raimundo Dalmacio recuperó el monasterio; Bernardo Adelmo, monje de San Victorián, fue designado abad.

Roser abunda en este momento histórico. "En la cripta repicaron la capa externa de pintura y hallaron el crismón, además de una inscripción relativa a la consagración de la planta superior como iglesia, realizada por el obispo de Roda, San Ramón, el 8 de noviembre de 1123; así nacería oficialmente la iglesia de Santa María y San Pedro".

Vídeo del Monasterio de Alaón de Sopeira en 'Aragón es extraordinario'

"Llama la atención –añade– la ventana encarada hacia el este, mirando hacia Jerusalén. Por unas catas en el terraplén, se cree que la iglesia fue en su día algo más alta, y que abajo estuvieron enterrados varios señores feudales". Los abades también eran enterrados en el monasterio. "Hay ventanas saeteras, llama la atención en una cripta, pero se supone que era por mera ventilación y, al mismo tiempo, afán defensivo. Hay cuatro cruces de consagración visibles, aunque tendría que haber 12. En una vitrina se conservan restos de pinturas halladas en la sala capitular; se cree que son del siglo XVI".

En el altar

El suelo del altar, original, es una de las grandes maravillas del templo y del propio monasterio. "Es único en todo el Pirineo; hay círculos en rojo, blanco y negro, con diferentes vértices. La piedra es de la zona, y la teoría más extendida al respecto de su diseño es que es un homenaje a la creación, al amanecer del mundo; serían margaritas, o soles. Hay una escenificación de los panes y el pez, el signo más antiguo del cristianismo. La talla actual del altar es posterior a la guerra civil; representa a Santa María de Alaón o de la Ó, de las dos maneras se le llamaba. Las alabanzas de los monjes benedictinos siempre comenzaban diciendo ‘oh, Santa María’, y se cree que viene de ahí".

El ábside central y los laterales también tienen ventanas encaradas al este, como el sur, para que entre la luz natural. En la parte norte no hay ventanas, con la idea de resguardar más el interior del frío. Las columnas, como ocurre en Obarra, son irregulares; el frontal del coro actual es del siglo XVII, así que se cree que no era su localización original. En la puerta de entrada pone 1910, pero el año alude a una restauración.

El templo del monasterio presenta una bóveda de cañón en la nave central, y de arista en las laterales. "La central es bastante esbelta para ser un románico tan primitivo; los capiteles son muy simples, propio de la austeridad de la época", explica Roser. Además, los benedictinos se regían por el ‘ora et labora’, por lo que dicha austeridad les ayudaba a la hora de cumplimentar mejor sus labores diarias.

Toda la fachada tiene arquillos lombardos y ajedrezado. La torre es posterior, de finales del XVII. En el exterior están los cimientos del claustro y de las primeras dependencias de los monjes. Con la desamortización de Mendizábal en 1835 acaba la vida monástica en Alaón, dando paso al expolio y, en el caso de la zona de residencia, a un destino semienterrado durante muchos años.

"En su día –apunta Roser– hubo hasta 30 monjes, allá por el siglo XIII. Luego empezó a menguar la cifra, para establecerse en una quincena. No sería hasta 2007 que se desenterró la pared y se hallaron los primeros cimientos, además de la punta de la arcadas de la puerta y la sala capitular. Cuando yo era joven ya se hablaba de buscar un grupo de trabajo con expertos en arqueología para investigar esta parte del monasterio, pero tardó un poco en llegar y cuando llegó, hacían catas simples sin éxito".

Con Prames todo cambió en este lugar. "Se excavó en 2007 –apunta Roser– y aparecieron los hallazgos de cimentación. También había pozo de hielo al fondo; lo que debió ser palacio abacial, por contra, fue derrumbado en los 70 por amenaza severa de ruina, conservándose tan solo una arcada. Se han vuelto a recolocar todas las basas halladas, un gran trabajo, y estoy convencida de que si se investigara de nuevo, aparecerían más vestigios".

Artículo incluido en la serie 'Aragón es Extraordinario'. 

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