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Borau, el mirador de los valles pirenaicos

La localidad es epicentro de andariegos; hay muchas posibilidades de acceder a puntos fantásticos del macizo de los Pîrineos

Sara Jarne es la teniente de alcalde de Borau desde las últimas elecciones. Es del pueblo, como sus padres y su suegro. “Qué voy a decir, mi pueblo me encanta, claro; el casco antiguo es una maravilla, por ejemplo. Todas las casas han guardado su estética de piedra o revoque con el frente pintado de blanco, y hay muchísimas chimeneas pirenaicas. Tenemos la ermita de San Adrián de Sasabe, muy especial para nosotros y más aún para mí, porque me casé en ellas. En los alrededores, la subida de las Blancas es única, porque permite admirar varios valles; de hecho, para subir en coche desde cierto punto de la pista hace falta un pase, que se concede en el Ayuntamiento”.

La gruta helada de Lecherines, más allá del refugio López-Huici, está a unas dos horas del pueblo. Esta joya natural tiene un ‘secreto’. “Unos señores vascos, que venían a menudo, colocaron en sendas grietas dos imágenes pequeñas de la Virgen del Pilar hará más de 25 años, que ahí siguen”. La subida de las Blancas se hace en coche, y hay varias rutas señalizadas desde el pueblo: Troncito, Pajares Espaldados, el Cubilar de las Vacas, Grosín… una amplia variedad. “El monte más alto de Borau es el pico Libro, sobre el mentado refugio militar López-Huici y junto a los llamados mallos de Borau. Desde Puerto y Puerto y Medio, miradores de la Subida a las blancas, se ven además tierras de Villanúa, Aísa, Canfranc… la visión de la Collarada a lo lejos es otra maravilla.

Aventura y ecoturismo

Dabid Ruiz de Gopegui fundó hace casi siete años la compañía de turismo de aventura Ojos Pirenaicos. “Soy de Zaragoza y mi formación es de maestro; el pueblo de Borau me enamoró cuando lo conocí hace 18 años. Decidí montar esta iniciativa que mezcla el turismo con la educación ambiental; ya había trabajado en otros puntos del valle del Aragón y admiraba su tranquilidad, belleza, el entorno salvaje... Lo de ‘Mirador del Pirineo’ que organizamos es la manera de llamar a una actividad de ecoturismo que organizamos en el entorno más inmediato del valle de Borau; desde los 1.000 de Borau a los 2.200 que alcanzamos se atraviesan gran cantidad de ecosistemas en un vehículo”.

El Parque Natural de los Valles Occidentales tiene con la empresa de Dabid un acuerdo de aprovechamiento forestal. “Por las Blancas y Puerto hacemos un paseo con 4 ó 5 paradas y se desglosa paisaje, flora y fauna... bajo varias veces con el grupo, de un máximo de 8 personas, llevamos recursos como prismáticos, monocular, mapa en relieve o pizarra digital. Caminamos hasta rincones cercanos para explicar cosas diferentes que ocurren según la época del año, y conocemos a los dueños del monte, los propios animales y plantas”.

"Pasamos -aclara Dabid- por el pinar silvestre para hacer una interpretación del paisaje y contextualización de dónde estamos, admiramos el valle glaciar del Aragón y el fluvial de Borau, el prepirineo con la Peña Oroel y los mallos de Riglos... luego pasamos por el bosque de pino negro, hacemos un juego... luego se para en el mirador de Puerto y Medio, con una vista increíble, ahí explicamos la formación de los Pirineos". Más datos, en miradordelpirineo.com y ojospirenaicos.es.

San Adrián de Sasabe, algo más que la custodia del Santo Grial

Apenas dos kilómetros al norte de Borau está su gran referencia pía, la ermita de San Adrián de Sasabe, bañada por el río Lubierre. Un puentecito permite acceder al visitante al templo después de dejar el vehículo en la carretera de entrada, que no continúa tras la ermita; dada la proximidad del pueblo, muchos vienen andando, y no solamente en romería.

En este verano, la ermita a contado con un entusiasta guía local. Álvaro Moya es estudiante de tercero de Historia en Zaragoza y se ha encargado de ofrecer explicaciones históricas y arquitectónicas cada tarde a quienes han ido visitando la ermita hacia las 18.00, esperando al guía sentados en los bancos situados frente a la puerta. “Siempre me gustó la historia, desde muy niño. Incluso me llamaba la atención saber de dónde venían algunas referencias en las películas y series de ciencia ficción. Además, siendo mi padre otro gran aficionado a la historia, también tenía la influencia en casa. El caso es que al ser mi abuela de Borau y tener por tanto raíces aquí, vine todos los veranos desde muy pequeño. Es un orgullo trabajar en un sitio como éste siendo del pueblo. Y sí, hay una base para creer que el Santo Grial que se conserva en Valencia, y que es al que más probabilidades se le conceden de ser el auténtico, pasó un tiempo aquí”.

Álvaro precisa un poco más el apunte que lleva a muchos al desenlace de ‘En busca del arca perdida’. “Se habla de que un abad la escondió aquí en el siglo VIII, huyendo de la ocupación musulmana. De aquí pasaría a Jaca y luego a San Juan de la Peña, para continuar luego su camino hasta que en el siglo XV llegó a Valencia. Más allá de la historia del Grial, a muchos les sorprende la importancia de este lugar que es en apariencia tan humilde; fue una de las primeras catedrales y sedes episcopales de Aragón ya como reino. Ven una ermita pequeña y sobria, de base lombarda, a la que luego le llegó el románico. En cuanto al ajedrezado jaqués, hay un dato curioso; éste es el punto más alejado de Santiago en el que existe”.

Retoques

En la década de los 80, San Adrián de Sasabe se sometió a una profunda restauración, que se ha completado con otra intervención realizada a inicios de este siglo. Es un templo sencillo, de techos altos y una sola nave, rematada en ábside semicircular orientado de forma canónica. La piedra en forma de gruesos sillares es la base de la construcción, que en su exterior también es sobrio, aunque con detalles decorativos de mucho interés gracias a la mixtura entre la tradición lombarda y las innovaciones desarrolladas en Jaca. En el ábside aparece la característica franja de arquillos ciegos del románico lombardo, o el ajedrezado jaqués en la arquivolta de la portada lateral.

La iglesia tiene una segunda portada en el muro meridional, que pudo comunicar la iglesia con el claustro del monasterio. En un sillar cercano puede verse una inscripción que nos recuerda que en este lugar recibieron sepultura tres obispos de Aragón. El entorno, por cierto, tiene la singular belleza de los lugares que, a fuerza de escuchar lisonjas, se saben mágicos.

Una villa que guarda la huella arquitectónica de su pasado esplendor

Borau tiene categoría de Villa, y fue relevante en el pasado como centro agrícola, ganadero y forestal. Su casco urbano exhibe ese esplendor pasado, con el detalle de que las casas han sido conservadas y restauradas con mucho gusto por sus propietarios. En la entrada del pueblo, bañado por el río Lubierre (afluente del Aragón) se levanta el edificio de las antiguas escuelas, construido en 1928, un bello e insólito exponente de arquitectura civil en el Pirineo. Es coetáneo al de las escuelas de Ansó, fechadas justo un año antes, en 1927. Con la llegada del otoño se celebran Las Jornadas de Recreación de los Senderos de Borau, que este año incluyen también parte del programa de las Jornadas Micológicas, habitualmente celebradas en el mes de junio y que en 2020 hubieron de suspenderse por la pandemia. La parroquia local está consagrada a Santa Eulalia, y se halla en la parte más alta del pueblo.

BORAU

Comarca. Jacetania.

Cómo llegar. Desde Huesca, su capital de provincia, hay 84 kilómetros por la E-7.

Dónde comer y dormir. No hay tienda, pero sí abastos y Jaca está a apenas 16 kilómetros y Villanúa a 8. Se puede comer en el bar y restaurante Lubierre, a la entrada del pueblo, y hay varias casas rurales: los Tres Obispos en la zona de San Adrián, Casa Pedro José, los Lirios, el Casugo, Casa Loren, Chullán, Cosme, Lopán y la de Alfredín y María José.

Empresas. Hay dos firmas de turismo activo: Ojos Pirenaicos y Trekking Aragón. El 2 y 3 de octubre, ambas estarán involucradas en las XI Jornadas de Recreación de los Senderos, que incluyen un trasfondo micológico. El responsable de Trekking Aragón es geólogo, y Ojos Pirenaicos organizará su actividad ‘Mirador del Pirineo’.

Las bicis. A primeros de junio de 2021 retornará la Cicloturista Isolé; honra a José María Javierre, primer español en correr el Tour de Francia, con lazos en el pueblo. Se suele hacer 15 días antes de la Quebrantahuesos: hay quien dice que la Isolé es aún más dura.

Artículo incluido en la serie 'Aragón es extraordinario'.

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