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Consumo

Una cuestión de todos

La mala alimentación genera cada vez más problemas de salud. Administración, organizaciones y empresas agroalimentarias trabajan unidas para mejorar la calidad de los alimentos y divulgar buenas prácticas

Casi la mitad de los consumidores buscan alimentos saludables.

Alrededor del 50% de los aragoneses padece problemas de obesidad o sobrepeso. Un porcentaje que ha llevado a todos los agentes (instituciones, sector agroalimentario, educadores, sanidad…) a trabajar de manera decidida para tratar de reducirlo. Así, estrategias, campañas de concienciación… se ponen en marcha con frecuencia con el objetivo de que la población mejore sus hábitos alimenticios para evitar este tipo de efectos.

Sin embargo, la obesidad y el sobrepeso no son las únicas afecciones relacionadas con la alimentación. Existen muchas otras como la celiaquía, que podría afectar a unos 13.000 aragoneses, de los que en torno al 80% estarían sin diagnosticar; u otros tipos de intolerancias a diversas sustancias que podemos encontrar en los alimentos como la lactosa que, según una encuesta realizada por la Asociación de Industrias Alimentarias de Aragón (AIAA) y el Cluster de Alimentación de Aragón, afectan un 14% de la población.

De hecho, el Gobierno de Aragón puso en marcha en 2013 una Estrategia de Promoción de la Actividad Física y la Alimentación Saludable en Aragón. Se trata de un documento que ponía su mirada a seis años vista con el objetivo de «impulsar el desarrollo de políticas y acciones que fomenten el impulso de la alimentación y actividad física saludable en Aragón mediante la creación de alianzas entre instituciones públicas, las entidades de la sociedad civil y las empresas del sector privado. Además, busca estudiar la situación en Aragón de los hábitos de alimentación y de actividad física para favorecer la investigación, todo ello con el objetivo de disminuir la incidencia de las enfermedades relacionadas con la dieta e invertir la tendencia de la obesidad en población general y en niños y adolescentes», según se recoge en el propio documento.

Algo que va calando entre la población, según los resultados de una encuesta realizada por la AIAA y el Clúster de Alimentación de Aragón. Un documento que arroja que el 45 % de los consumidores demanda alimentos con más propiedades saludables.

Las grandes conclusiones de esta encuesta pueden resumirse en que los principales factores de compra de alimentos son la salud, para un 69% de los consumidores; el sabor, para un 53,6%, y el precio, que es relevante para un 48,2% de los compradores de alimentos.

Un 76 % de la población afirma consumir a diario leche o productos lácteos; el 58,5%, fruta fresca cada día, mientras que los cereales, pan, pasta, arroz y patatas están a diario en la dieta del 57,5 % de los aragoneses. Un 39% de la población consume diariamente verdura y ensaladas. En cuanto al número de comidas, mientras que el 40 % de los encuestados realiza tres comidas diarias, un 27 % hace cuatro comidas y un 24 %, cinco ingestas.

Además, dos de cada tres consumidores, según se recoge en el mismo estudio, lee siempre o casi siempre la información nutricional de los alimentos, aunque uno de cada tres reconoce que su nivel de conocimiento al respecto es bajo.

En cuanto a la percepción de salubridad de los diferentes alimentos es muy alto para fruta fresca, verduras y ensaladas, y legumbres; alto para cereales, pan, pasta, arroz y patatas, pescados, frutos secos y leche y lácteos.

Las principales modificaciones que los consumidores encuestados sugieren a los alimentos son: reducción de grasas saturadas (93%), de aditivos (93 %), de azúcar (88 %), reducción de sal (75%), aumento de fibra (54 %) e incremento de calcio (52%).

La encuesta arroja que el 22% de los consumidores afirma que ha seguido una dieta alimenticia en los últimos meses, el 51’8% han consumido alimentos integrales y 34 % alimentos ecológicos.

Además de la divulgación de hábitos saludables, es fundamental desarrollar iniciativas investigadoras en este sentido. Es, por ejemplo, una de las líneas fundamentales del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (CITA), que desarrolla diversos proyectos en este aspecto. Entre ellos, una investigación cuyo objetivo es obtener embutidos con menos sal y menos grasa. «Son productos absolutamente accesibles y que no encarecen el precio del producto final», indican desde el propio CITA.

«En el mercado español no existe ningún embutido que combine la reducción de sal y el cambio en el perfil lipídico. Solo cuatro o cinco marcas fabrican chorizos bajos en sal y, en algunos casos, es imposible saber cuál es el contenido en sal del producto», apuntan desde el centro. «El objetivo final del proyecto no es comercializar sino transferir los resultados y estos conocimientos a las empresas», inciden.

Alimentos Sin y Bio

Esta lucha por la mejora de los hábitos alimenticios de la población no puede ser solo labor de las instituciones públicas. Es necesaria la implicación de las empresas del sector. Muchas de ellas han introducido, desde hace ya algunos años, este tipo de alimentos más saludables en sus gamas de productos.

Es el caso de Pastas Romero, una empresa familiar con más de 90 años de existencia. Cuenta con una fábrica muy automatizada y versátil ubicada en Daroca (Zaragoza), que ocupa una superficie de 40.000 metros cuadrados, y donde se combina tradición y experiencia. Su producción diaria es de 300.000 kilos y exporta a una treintena de países.

Su cartera cuenta con más de 90 productos, que van desde la tradicional pasta de trigo duro «que ya es un alimento saludable de por sí porque no tiene conservantes ni aditivos», como detalla el director general de la empresa Francisco Romero. Además, la pasta «posee niveles altos de carbohidratos de bajo índice glucémico y es un alimento bajo en grasa, por lo que si lo comes en cantidades adecuadas, acompañado de ingredientes saludables, y lo cocinas de una forma idónea, puedes ingerirlo sin problema», afirman desde la compañía.

Ellos han comenzado a producir, además de su pasta sin gluten apta para celiacos por estar elaborada con maíz o arroz, pasta de guisante, de lenteja roja o de quinoa. «El consumidor quiere, cada vez más frecuentemente, no solo alimentarse, sino hacerlo cada vez mejor y generando menos impacto ambiental», añade Romero, para quien este objetivo siempre ha sido uno de los ejes de la actividad de su empresa.

«En nuestra pasta con tomate empleamos tomate totalmente natural», ejemplifica Francisco Romero. La última novedad de esta empresa es una pasta elaborada con espelta, «integral, ecológica y más saludable porque la espelta es un cereal no modificado genéticamente», indica su director.

No obstante, el máximo responsable de Pastas Romero asegura que estos nuevos productos o tipos de alimentos «no van a sustituir al tradicional».

En la misma línea de trabajo vienen realizando su actividad en la montisonense Magdalenas Heras (El Quiteriano). También han incorporado a su gama de productos varios tipos de magdalenas más saludables. Entre ellas, dos líneas sin azúcar, es decir con una cantidad inferior a medio gramo de azúcar por cada 100 gramos de magdalenas; y una línea sin lactosa, que cuenta con el sello No Lactosa de la Asociación de Intolerantes a la Lactosa (ADILAC). Este sello identifica los productos que no contienen lactosa y, sobre todo, garantiza que los alimentos que lo incorporan cumplan con todos los requisitos establecidos.

Además, cuentan con una línea de productos BIO, con Certificación Ecocert. «Son alimentos fabricados con un 98% de los ingredientes naturales y con certificados cuyo origen corresponde a productos BIO.

«Actualmente estas líneas de producto representan un 20% de nuestros fabricados. Puede parecer un porcentaje pequeño sobre nuestra fabricación, pero debemos tener en cuenta que los productos ‘Sin’ y ‘Bio’ son relativamente recientes en el mercado», explica José María Salinas, director financiero de Magdalenas Heras.

Sin embargo, detalla Salinas: «Hemos experimentado un aumento del 30% en nuestra facturación de estos productos como consecuencia de la importancia que hoy en día tiene la alimentación saludable en la población y como repercute esta en todos los parámetros de nuestra salud». Un dato que deja patente que los compradores buscan cada vez más este tipo de alimentos, cuyo precio «no es un factor determinante a la hora de venderlos, pues los consumidores valoran la compra de productos sanos y saludables en detrimento de los alimentos de precios bajos que, por lo general, no cuentan en su proceso productivo con la selección de materias primas beneficiosas para la salud», asevera Salinas.

Frente a lo que algunos puedan pensar con respecto a este tipo de alimentos, como puedan ser magdalenas o bollería, asegura que «nuestros productos no son poco sanos, ya que no tienen grasas saturadas, ni aceite de Palma. Son alimentos horneados, no son fritos. Y sus ingredientes son harina, huevo, aceite y azúcar», afirma Salinas. «Los hidratos de carbono con los que cuenta nuestras magdalenas son necesarios para la salud, siempre y cuando sean consumidos en las cantidades adecuadas. Quiero recordar que el cerebro humano solamente trabaja con azúcar, por lo que este ingrediente es necesario en una cantidad diaria», añade el director financiero de Magdalenas Heras.

Esta empresa cuenta con una plantilla de 55 trabajadores y una facturación de doce millones de euros. Sus principales mercados son algunos países de la Unión Europea como España, Francia, Portugal, Alemania, Inglaterra, entre otros; además de Estados Unidos, Cuba, América del Sur, África y China.

La lactosa es la sustancia con el mayor porcentaje de personas intolerantes. Sin embargo, estos individuos no tienen por qué dejar de disfrutar de productos como la leche o el queso. La producción de queso sin lactosa registra un aumento del 30% en una de las principales empresas del sector en la comunidad. Se trata de la zaragozana Millán Vicente, una entidad familiar fundada en 1996, con dos generaciones al mando de la compañía. Está especializada en quesos europeos, presente en toda la gran distribución con su marca propia, que supone el 85% de las 7.000 toneladas de fabricación de 2017. Con una facturación de 40 millones de euros, su plantilla la componen 120 trabajadores y comercializa sus productos en más de 30 países.

Desde la empresa explican que en los quesos sin lactosa «no hay diferencia alguna en el sabor, es el mismo. Los quesos ‘light’ tienen todos los matices del queso con todo el contenido en grasa, pero suelen ser más suaves al gusto ya que la grasa es más fácil de identificar para percibir el sabor».

Además, desde esta compañía han realizado una fuerte apuesta por los productos de línea ‘Bio’, una gama relativamente nueva. «En otros países europeos, el consumo de ‘Bio’ está muy asentado y tiene un peso importante en el porcentaje de la cesta de la compra. La venta de los lácteos derivados ‘Bio’ para 2017 creció un 8%.

El trabajo de las empresas y las instituciones no sería útil si cada ciudadano no pone de su parte para alimentarse de manera saludable. De conocimiento general son algunas recomendaciones como el consumo de fruta y verdura, de pescados y evitar grasas saturadas.

Entender el etiquetado

Ahora bien ¿cómo sabemos que estamos adquiriendo los productos más adecuados de los lineales de los comercios? Para ello, es fundamental conocer la información que contienen las etiquetas de los alimentos. Dedicar unos minutos de manera habitual a leer el etiquetado, nos ayudará a seleccionar mejor los productos que nos permitan, por un lado, llevar una dieta adecuada, y, por otro, prevenir enfermedades relacionadas con la alimentación.

Una información que, en algunos casos, es ardua y que desde la Dirección General de Consumo del Gobierno de Aragón han tratado de clarificar a través de un folleto explicativo y de la puesta en marcha de talleres formativos.

Además de información sobre la fecha de envasado, caducidad… desde diciembre de 2016 es obligatorio que los alimentos incluyan la denominada ‘información nutricional’, que orienta al consumidor sobre las propiedades nutritivas de un alimento. Es la información que aparece en la etiqueta en relación con el valor energético y los nutrientes que incluye, como proteínas, hidratos de carbono, grasas, fibra, sodio, ciertas vitaminas y sales minerales.

Según el folleto editado por la Confederación Española de Consumidores y Usuarios (CECU), en lo que respecta a las grasas, estas deben representar el 30 - 35% de las calorías totales diarias. Algunas veces puede aparecer un desglose, indicando la cantidad de los diversos tipos de grasas (saturadas, monoinsaturadas, poliinsaturadas o colesterol).

En cuanto a las proteínas, estas deben representar entre el 10 y el 15% de las calorías totales. Por su parte, los hidratos de carbono, tienen que ser el 50 o el 55% de las calorías totales diarias. Hay que distinguir entre azúcares, polialcoholes y almidón. Las cantidades de sal y fibra, que también vienen recogidas en la información nutricional, no deben de exceder, según la CECU, de seis y 25 gramos diarios respectivamente.

Buenos hábitos desde niños

Inculcar hábitos alimenticios saludables es algo que debe hacerse cuanto antes. Por ello, es esencial trabajar con los niños a través de formaciones lúdicas y educativas. De ello se ocupa el Instituto Universitario de Investigación Mixto Agroalimentario de Aragón (IA2) a través de su programa ‘Alimentando la Ciencia’. Entre las actividades de esta iniciativa se incluye la gimcana ‘Alimentando la Ciencia’. En cada prueba se consiguen, a modo de puntuación, alimentos de los diferentes estratos de la pirámide de la dieta mediterránea que te colocan en la prueba final. Otra de las actividades es el ‘Taller de Fraudes Alimentarios’, una simulación del uso de la ingeniería genética para el establecimiento del origen y composición de los alimentos. El programa se completa con un ‘Corner show’, un puesto de demostraciones experimentales en formato de ‘show’ científico. Más de un millar de escolares aragoneses participaron en este programa en 2017.

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo





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