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Charlene defiende a los rinocerontes, y su matrimonio

La princesa monegasca intenta desmentir los rumores de separación publicando en las redes la canción y los vídeos de su boda.

Charlene de Mónaco, en Sudáfrica, abrazando rinocerontes
Charlene de Mónaco, en Sudáfrica, abrazando rinocerontes
Instagram

El pasado 1 de julio, día de su décimo aniversario de boda con Alberto de Mónaco, Charlene se encontraba a miles de kilómetros de su marido, abrazando rinocerontes. Literalmente. Que Charlene elija dedicar su tiempo y atenciones a la fauna salvaje antes que a su cónyuge es algo que más de una esposa en sus circunstancias hasta podría llegar a entender... Sin embargo, eso no la ha librado de una cascada de rumores sobre una posible crisis matrimonial. Para disiparlos, además de cambiar a los rinocerontes por elefantes, la princesa monegasca ha lanzado un guiño a través de Instagram en forma de canción, la que sonó en la fiesta de su enlace con el príncipe monegasco.

"Mi querida amiga Alouise, gracias por recordarme nuestra canción de boda", ha escrito Charlene en su perfil junto a un vídeo en el que la tal Alouise, acompañada de una guitarra, entona dulcemente 'My hele hart', una balada romántica escrita en 'afrikáans', lengua germánica derivada del neerlandés que mezcla vocablos ingleses, portugueses, malayos e incluso zulúes, y que es el idioma mayoritario de los blancos en Sudáfrica, el país al que la familia Wittstock emigró desde Zimbabue cuando Charlene tenía 11 años.

El mensaje podría ser una especie de aviso a navegantes. En especial, a aquéllos que han visto como un claro indicio de crisis conyugal, y posible ruptura, el hecho de que ambos hayan vivido por separado su emblemático décimo aniversario. El desmentido de Charlene va acompañado además (por si uno no fuera ya suficiente) de dos vídeos de su boda. Y de una sucinta felicitación a su marido que dice: "Feliz aniversario, Alberto. Gracias por la bendición de nuestros dos preciosos hijos".

Y luego está la versión oficial monegasca, que atribuye su prolongada estancia en Sudáfrica a un problema de salud que de momento le impediría volver a Mónaco junto a Alberto y sus mellizos, Jacques y Gabriella, de seis años. Sin embargo, la prensa sensacionalista alemana no se lo traga. Sigue sosteniendo que la separación de los príncipes de Mónaco está en camino. Según estos medios, el Principado estaría intentando ganar tiempo a base de velados desmentidos antes de emitir el comunicado oficial de la ruptura. Por su parte, la estancia de la princesa en Sudáfrica solo tendría por objeto el mantenerla alejada de palacio mientras se ultiman los complicados asuntos legales de un futuro divorcio. Lo bueno es que, como ocurre con los embarazos, más temprano que tarde la verdad acabará por revelarse.

Extremadamente delgada, con un corte de pelo radical y abundantes retoques estéticos, Charlene, a sus 43 años, apenas se parece ya a la nadadora olímpica que asombró al mundo al conseguir comprometerse en 2010 con el solterón más recalcitrante de la realeza europea. Costaba creerlo. Pero él confirmó que ella era la elegida al colocar en su dedo tremendo anillo de compromiso con un diamante en forma de pera.

Hoy, además de las especulaciones acerca de su matrimonio, Charlene da sobre todo que hablar por sus constantes cambios de look y su desmedida afición al bótox. "Seguramente, de todos los miembros de las familias reales, yo sea la que más estilos de pelo haya probado, y seguiré haciéndolo. Es mi elección", explicó a 'Point de Vue' en una entrevista, antes de añadir: "Además, estamos en 2021, y en estos tiempos tan difíciles hay otros temas mucho más importantes que merecen nuestra atención". Otro aviso a navegantes.

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