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Sociedad
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Entrevista

María Climént: “Aunque estés sano, debes pensar en el impacto colectivo de vacunarte”

El Centro de investigación Winton para la Comunicación de Riesgos y Evidencias, de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), del que forma parte María del Carmen Climént (Ciudad de México, 1987), ayuda a médicos, periodistas e instituciones a comunicar riesgos y evidencias al público, sobre todo en momentos de crisis como la pandemia de covid-19.

María del Carmen Climént trabaja en el Instituto Winton.
María del Carmen Climént trabaja en el Instituto Winton.

El equilibrio entre riesgo y beneficio de un producto sanitario, como la vacuna de Oxford/Astra Zeneca, es el argumento que se utiliza por las instituciones para justificar su uso. ¿Cómo podemos explicar a la población qué es exactamente el daño-beneficio y por qué es tan importante?

Es mejor siempre hablar en este contexto de daño, no de riesgo. Riesgo lo podemos interpretar como un concepto estadístico –la probabilidad de que algo ocurra–, y un riesgo puede ser algo con un efecto positivo o negativo. Es mejor, en el contexto de las vacunas, hablar de sopesar daños y beneficios. ¿Y a qué nos referimos? A la probabilidad de que un daño ocurra versus la probabilidad de obtener un beneficio. Es importante tener presente que absolutamente todos los tratamientos e intervenciones médicas tienen daños y beneficios potenciales, esto no es algo exclusivo de las vacunas. Pero en este caso, sopesar los potenciales daños y los potenciales beneficios es mucho más complejo.

¿Por qué, exactamente?

Primero, porque el beneficio de vacunarte puede no ser para ti, sino para otras personas. Es un beneficio colectivo, no necesariamente individual. Con otros tratamientos, cuando tienes cierta enfermedad y sopesas ese daño-beneficio lo evalúas solo para ti. En la vacunación estás en un nivel distinto, ponderas la situación pensando no solamente en ti, sino en un impacto colectivo. Eso cambia la perspectiva al evaluar el beneficio de la vacuna.

Segundo, porque en la vacunación el individuo que se vacuna está sano. "Si estoy completamente sana no quiero correr ni el más mínimo riesgo o daño porque estoy perfecta, ¿no?". Este contexto hace que la manera de sopesar la relación daño-beneficio sea particularmente compleja.

Usted investiga cómo comunicar riesgos a pacientes de trasplantes de órganos, para quienes este equilibrio daño-beneficio es una cuestión muy individual. ¿Cómo le ha ayudado esta experiencia a comunicar riesgos en pandemia?

Con trasplantes he trabajado en investigación cualitativa, conociendo sus experiencias al ser informados sobre los beneficios o daños potenciales de su intervención. En paralelo, he participado en investigaciones donde los pacientes reciben una gráfica que les ilustra cuál va a ser su probabilidad de vida tras el trasplante: cinco, diez años, etc. En ese terreno, he aprendido que las personas ponderan de forma muy diferente los daños y beneficios. Aquí los números son muy importantes, ya que plantean una posibilidad objetiva, como X% de probabilidad de seguir vivo Y años tras la intervención. Este número es inamovible, pero su interpretación, grande o pequeño, preocupante o no, varía entre individuos y según los valores y momentos de vida. No es lo mismo lo que significa un año más de vida para diferentes personas. Una chica de 20 años en estado terminal y con potenciales efectos secundarios terribles quizá ya habrá asumido que puede fallecer; pero para una embarazada, ese año extra puede significar que su bebé tenga el tiempo suficiente para recordar a su madre.

Es decir, que dentro de la objetividad de los números, su interpretación y significado cambian enormemente para cada persona.

Exacto. Sobre números también he aprendido que, cuando los porcentajes bajan del 1% y entran en el terreno de los decimales, se acaba la capacidad de razonar y visualizar. A su vez, mi experiencia me indica que es difícil entender la magnitud de riesgos cuando cambian de forma exponencial y no lineal. Por ejemplo, el riesgo de morir por covid-19 según la edad. Lo más interesante es el impacto de las decisiones en salud. Un trasplante solo tiene impacto sobre una vida y la de una familia. Con la vacunación, un chico de 17 años puede decir "híjole, yo ya entendí la magnitud de riesgo y la probabilidad de morir por covid es muy pequeña, ¿y a mí qué me importa?". La decisión cambia si lo ves desde lo individual o desde lo colectivo. El sentido del beneficio se transporta a una perspectiva colectiva y el razonamiento es más complejo.

¿Cómo razonar el beneficio potencial de vacunarse frente a un efecto secundario extraño? En este caso, se elige comparar los ingresos en uci evitados frente a casos potenciales de trombosis.
¿Cómo razonar el beneficio potencial de vacunarse frente a un efecto secundario extraño? En este caso, se elige comparar los ingresos en uci evitados frente a casos potenciales de trombosis.
Winton Centre for Risk and Evidence Communication

Para evaluar el daño-beneficio, a la hora de valorar qué sacamos en positivo de la vacunación, ¿qué unidad ayuda a sopesar ambas magnitudes?

Nosotros en el Winton Centre hemos elegido la reducción de ingresos en la uci por covid-19. Estamos comparando con el daño potencial más extremo, que es la hospitalización por sufrir este efecto secundario de la vacuna. Pero es muy importante lo que señalas, porque los beneficios que se pueden obtener son muchos más y no se limitan a reducir el número de casos ingresados en uci: más personas salvándose de la hospitalización, menos casos de covid-19 persistente y el beneficio de no contagiar el virus. Claramente, el beneficio de la vacunación es mucho más extenso que el ilustrado en esta gráfica, pero decidimos quedarnos con ese beneficio, el del escenario más extremo frente al efecto secundario menos deseado.

Las instituciones en países de Europa han decidido paralizar la administración de esta vacuna a ciertos grupos de edad. ¿Cómo cree que recordaremos este suero, que ha sufrido cambios de criterio tras considerarse como una de las grandes candidatas para acabar con la pandemia?

El público quizá la recuerde como un fallo total. Quienes están en investigación quizá la señalen como un ejemplo de producto que, en fase de estudio, no revela el potencial efecto secundario que solo se ve a gran escala, algo que es normal: en los estudios clínicos alcanzas a ver efectos comunes, no puedes ver el caso entre millones. Yo espero que los medios de comunicación la recordemos como una vacuna que nos enseñó la importancia de informar y comunicar bien. Es el ejemplo clarísimo donde podrías contar solo un lado de la historia, o el beneficio o el riesgo, sin que ninguno por sí solo sea útil para la población.

Información digna de confianza: accesible, entendible y útil

Climént desarrolla en el Instituto Winton herramientas que mejoran la comunicación periodística sobre riesgos, y enseña a profesionales de salud pública a transmitir evidencias, beneficios y daños potenciales. Aconseja "presentar la información clara y precisa. El primer paso es no afirmar algo si no está basado en evidencias. Pero después hay que subir otro nivel: saber presentar un número de forma clara y entendible. Hay estrategias para esto, que es lo que investigamos en el centro". De manera resumida, se recomienda, de entrada, "no reemplazar los números por palabras –señala–. Las palabras son muy ambiguas y la gente puede interpretar lo que sea con ellas. Lo que la gente interpreta por’ riesgo bajo’ o ‘alto’ es totalmente diferente de persona a persona y, en la mayoría, absolutamente equivocado". Un ejemplo de esto es evitar los porcentajes, "sobre todo cuando son sumamente pequeños, por debajo del uno por ciento, y emplear frecuencias esperadas. Por ejemplo: es mucho más claro decir seis casos de cada 1.000 personas que 0,6%. Hay que expresar claramente las magnitudes presentando los números de forma entendible".

Respecto a cómo impactará en la confianza en la vacunación lo que estamos viviendo, opina que, siguiendo el pensamiento de la profesora y filósofa en ética política y bioética Onora O’Neill, "no deberíamos buscar que la gente confíe en la información, sino que deberíamos preocuparnos por crear información que sea digna de confianza". Para que la comunicación merezca confianza, "debe ser accesible, entendible y útil para las personas. Aterrizando esto en las vacunas –explica–, tenemos tres puntos clave: la información debe ser equilibrada, contando siempre potenciales riesgos y beneficios y nunca información sesgada; precisar la magnitud de cada uno de estos elementos; y ser transparentes con la incertidumbre, sin dar a pensar que toda la información es absoluta: existen los rangos de confianza".

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