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Sociedad

Tercer Milenio

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Salud global: animales, humanos y ecosistemas, en el mismo barco

Humanos, animales y ecosistemas sobrevivimos y enfermamos interconectados. El enfoque ‘One Health’ llama a que veterinaria y ecología se unan a la medicina.

La salud global ('One Health') vela por la salud humana, animal y ambiental al mismo tiempo.
La salud global ('One Health') vela por la salud humana, animal y ambiental al mismo tiempo.
J. A. Peñas / Agencia Sinc

Estamos en el mismo barco. Compartiendo ahora una pandemia que no entiende de fronteras y afecta a todos los rincones del planeta. Vivimos en nuestra propia piel los efectos de un virus que podría llevar entre 70 y 40 años en los murciélagos y que, probablemente, haya saltado directamente a los humanos. Ya ha ocurrido antes, aunque a otra escala, y pasando por chimpancés o cerdos, con el virus del sida o la gripe A. Y es una nueva demostración de que nada es independiente de lo que lo rodea y que animales y humanos estamos unidos en la salud y en la enfermedad. Pero, además, no tendremos salud sin que estén también sanos los ecosistemas que nos albergan. Por eso, cada vez se habla más de una sola salud, sin adjetivos. Una salud global que vela por la salud humana, animal y ambiental al mismo tiempo.

El 60% de las enfermedades infecciosas que afectan a las personas son zoonosis y el 70% de las enfermedades emergentes son zoonóticas

Al hablar de enfermedades compartidas por animales y humanos, inevitablemente pensamos en las zoonosis, enfermedades infecciosas que saltan de animales a personas –el mayor quebradero de cabeza– y viceversa. Según la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), se estima que el 60% de las enfermedades infecciosas que afectan a las personas son zoonosis y el 70% de las enfermedades emergentes son zoonóticas. Ante estas cifras, los principales organismos internacionales de salud (OMS, OIE, FAO) reconocen este problema como el mayor riesgo para la salud pública y el gran desafío en el futuro inmediato.

"La globalización, los cambios de hábitos de las personas y el cambio climático están favoreciendo la propagación mundial de las enfermedades, principalmente a través de vectores", señala Inmaculada Martín, coordinadora del máster en Salud global: integración de la salud ambiental, humana y animal que, bajo el enfoque ‘One Health’ (Una salud), acaba de poner en marcha la Universidad de Zaragoza. "Este riesgo mundial para la salud requiere una respuesta global que actúe de forma interdisciplinar", añade. Por eso la salud global compete a profesionales especialistas en diversas áreas de la salud, como sanidad animal, medicina humana, epidemiología, medicina preventiva, medicina comparada o seguridad alimentaria, pero también de otros ámbitos que van desde la ecología a la antropología.

Medidas de bioseguridad, diagnóstico de asintomáticos, rastreos y cuarentenas de individuos para proteger al rebaño entero… "Los veterinarios estamos especializados en tratar epidemias en colectivos, por lo que nuestra colaboración puede ayudar a los profesionales de medicina humana para controlar la actual situación de pandemia por covid-19", resalta Rosa Bolea, vicedecana de la Facultad de Veterinaria e impulsora del máster. Esta pandemia "está demostrando que para abordar los retos en la salud actual no podemos separar la salud animal de la humana, tenemos que tener en cuenta que animales y personas interaccionan en el medio ambiente y ser conscientes de cómo nuestra forma de vida ha intervenido en la transmisión de la enfermedad". También el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) va a promover este enfoque ‘One Health’.

Emergentes y viajeras

Las enfermedades emergentes o reemergentes van apareciendo y seguirán apareciendo, son parte de nuestra historia. Pero, en la actualidad, factores como el cambio climático, la superpoblación y el incremento de la movilidad global y los viajes transoceánicos provocan que se expandan y también que surjan en sitios donde no estaban antes. Así, este verano se detectó en el Sur de España un foco de virus del Nilo Occidental en humanos, transmitido desde las aves por el mosquito Culex. Antes de que el coronavirus alcanzara el estrellato, los virus emergentes que más preocupaban eran los transmitidos por picaduras de mosquitos, como el virus del dengue, zika, chikungunya o fiebre amarilla, entre otros.

Biodiversidad protectora

Nuestra presión como especie sobre el planeta también nos pasa factura. El daño a la biodiversidad es "un factor crítico para la aparición de este tipo de enfermedades, ya que la pérdida de ecosistemas también puede hacer que las enfermedades propias de algunas especies pasen a otras. Las consecuencias del cambio climático llevan consigo desequilibrios entre distintos habitats, por lo que podría influir en la aparición de nuevas enfermedades emergentes", señala Bolea.

Existe un equilibrio complejo entre las especies de un ecosistema. Martín explica que "la pérdida de un predador puede hacer que se incremente el número de animales de una especie portadora de algún patógeno potencialmente zoonótico, como roedores, y facilitar el paso de la enfermedad a la especie humana mediante la contaminación del ambiente en el que conviven". Por otra parte, la pérdida de masas forestales hace que "se incrementen los espacios húmedos donde vectores como los mosquitos pueden proliferar y, con ellos, el riesgo de transmisión de enfermedades como la malaria".

Como también "hemos visto que las especies salvajes contienen virus que pueden saltar la barrera de especie y afectar a animales domésticos o al ser humano –prosigue Martín–, la pérdida de especies predadoras puede hacer que el equilibrio del ecosistema se desestabilice, incrementándose la población y, por tanto, la posibilidad de contacto entre especies salvajes potencialmente portadoras de virus patógenos y el ser humano, bien de forma directa o indirecta". La pérdida de hábitats también puede hacer que las especies salvajes portadoras de potenciales patógenos se aproximen a las zonas habitadas por humanos. De nuevo más riesgo de zoonosis.

La relación entre pérdida de biodiversidad y transmisión de enfermedades a humanos también se asocia con un menor ‘efecto de dilución’. En una zona rica en especies animales, un vector tiene para elegir una gran diversidad de animales reservorios, con lo que disminuye la probabilidad para el paso del patógeno al ser humano. Sin tanta biodiversidad alrededor, un nuevo virus puede encontrar un atajo, al tener menos especies que saltar hasta llegar a nosotros.

Existe una relación directa entre incendios, deforestación y pandemias

Menos bosques, más riesgo de zoonosis

"La pandemia de covid-19, al igual que otras enfermedades infecciosas de los últimos años, como el SARS, el MERS o el zika, tiene un estrecho vínculo con la destrucción de los hábitats y la pérdida de biodiversidad". Así se afirma en el informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) titulado ‘El planeta en llamas’. Llamas que reavivan el riesgo de zoonosis: "Existe una relación directa entre incendios, deforestación y pandemias: la destrucción de los bosques, en especial los tropicales como la Amazonía, Indonesia o el Congo, posibilita que los seres humanos entren en contacto con poblaciones de fauna silvestre portadoras de patógenos. En este sentido, Naciones Unidas y WWF coinciden en el concepto ‘One Health’ porque unos bosques bien conservados se convierten en la mejor vacuna contra zoonosis como el coronavirus", declara el informe. El papel de los bosques es hacer de primera barrera para evitar el contacto con potenciales patógenos.

Explican que los incendios de la Amazonía o Indonesia tienen "un claro trasfondo socioeconómico, el de la deforestación. El cambio de usos del suelo es el origen de estos incendios, principalmente debido al insostenible sistema alimentario predominante, causante del 75% de la deforestación mundial".

Las especies que transportan enfermedades zoonóticas se benefician de los cambios en el uso de la tierra. Según un estudio liderado por varias instituciones británicas y publicado recientemente en ‘Nature’, los ecosistemas modificados por el ser humano tienen más huéspedes de enfermedades de transmisión de animales a personas, si se comparan con los hábitats inalterados. "El paludismo zoonótico, por ejemplo, se transmite entre primates, mosquitos y personas alrededor de los márgenes forestales en el sudeste asiático. El virus Nipah surgió, por primera vez, en asociación con las interacciones entre el ganado y los murciélagos en paisajes agrícolas. Otra dolencia importante y generalizada es la enfermedad de Lyme, cuya incidencia es a menudo mayor en fragmentos de bosques modificados y en recuperación, donde la comunidad ecológica es particularmente eficaz en el transporte y transmisión de la bacteria", cuenta Rory Gibb, coautor del estudio y científico del Centro de Investigación en Biodiversidad y Medio Ambiente del University College de Londres, según recoge la Agencia Sinc.

El paraguas de la visión ‘One Health’ incluye bajo su tela la transmisión de enfermedades zoonóticas, pero también la seguridad alimentaria, la resistencia a antibióticos –que tanto requiere del trabajo coordinado de veterinarios y médicos–, así como la medicina comparada y traslacional. Comprendiendo las vulnerabilidades que compartimos con los animales y el entorno se llega al concepto de zoobicuidad, "relacionado con la medicina comparada y el beneficio que se puede obtener si la investigación y la medicina humana y veterinaria cooperan", indica Inmaculada Martín. Porque la relación de la salud humana y animal no se limita a las enfermedades infecciosas, sino que "enfermedades de todo tipo como cáncer, diabetes, estrés o alergias, entre otras, nos afectan por igual a todos los animales, incluidos los racionales. Desde la medicina veterinaria estamos más acostumbrados a fijarnos en los avances realizados en medicina humana para el tratamiento de enfermedades en animales de compañía, de granja o salvajes. Sin embargo, la visión a la inversa es más rara".

Pero la salud global no solo habla de enfermedad sino también de bienestar, ‘One Welfare’, en referencia a la interconexión del bienestar humano, animal y ambiental. Sus objetivos son "mejorar la seguridad alimentaria, sostenibilidad, reducir el sufrimiento humano y mejorar la productividad en ganadería mediante la mejora de los estándares de bienestar", enumera Martín. Además, ‘One Welfare’ va "más allá de la salud entendida desde el punto de vista físico. Se ha demostrado una relación entre el maltrato animal y la violencia doméstica o el maltrato a mujeres, niños o ancianos. Existen terapias con animales para el tratamiento de trastornos psicológicos que mejoran el comportamiento violento de los individuos. Por otra parte, el simple hecho de tener una mascota mejora el bienestar de las personas que viven solas, les da un apoyo emocional y una razón para vivir". Se puso aún más de manifiesto durante el confinamiento, cuando "muchos hemos querido tener una mascota y no únicamente por salir a dar paseos". Por otra parte, el bienestar de los animales de granja también puede mejorar la salud humana mediante la seguridad alimentaria. "El estrés en los animales, como en las personas, incrementa el riesgo de enfermedades infecciosas, algunas de ellas zoonóticas".

Un mundo, una sola salud, en la pandemia y en la añorada normalidad.

Jaime Aranda,  Paula Aparicio y Javier Orcástegui (de izquierda a derecha), alumnos del máster en Salud global
Jaime Aranda, Paula Aparicio y Javier Orcástegui (de izquierda a derecha), alumnos del máster en Salud global
Guillermo Mestre

Futuros expertos

Los tres son graduados en Veterinaria, el perfil que más abunda entre los 21 estudiantes que, desde mañana lunes, comienzan el camino para convertirse en los futuros profesionales de la salud global cursando el nuevo máster de la Universidad de Zaragoza. A sus 28 años, Javier Orcástegui tiene muy claro que su motivación al apuntarse ha sido formarse para "ayudar a que el mundo sea más seguro y contribuir a evitar desastres como el que sufrimos ahora mismo desarrollando conocimiento y herramientas ante futuras pandemias". En su opinión, "es un grave error que en España, a diferencia de otros países, a los veterinarios no se nos considere personal sanitario, cuando, en salud pública, podemos estar a la altura de un médico, pero no se nos valora". 

Su compañero Jaime Aranda apuesta también por "un perspectiva cooperativista para afrontar los problemas de salud desde diferentes disciplinas". Tiene 24 años y, en 4º de carrera, conoció "a un profesor inspirador, uno de esos referentes que te ‘iluminan’, Carmelo Ortega, quien me proporcionó esa visión ‘One Health’, de que la salud es única y hay que colaborar de forma interdisciplinar". Un enfoque que, surgido ya hace más de una década, "la pandemia nos hacer ver como necesario". No hay más que ver que "organismos internacionales como la OMS, la CDC, la OIE o la FAO, están gestionados por expertos de diferentes disciplinas, no solo de medicina humana, sino también de biotecnología o salud medioambiental". Tras el de Cooperación Internacional para el Desarrollo, este será su segundo máster. Ahora, atraído por las dos opciones de estos estudios: Salud Pública e Investigación Traslacional, ha decidido matricularse en todas las asignaturas. 

La experimentación en laboratorio, a modo de iniciación a la investigación, ha sido la preferencia de Paula Aparicio, quien acabó en julio Veterinaria, con 23 años. Viendo que aquello de "cuidar a perros y gatos no me iba mucho y me gustaban más la investigación y la salud global, se me iluminaron los ojos cuando vi que salía este máster", al que se apuntó "de cabeza". Piensa que "aunar la salud humana, animal y alimentaria tendrá beneficios en la salud humana" y, a raíz de la covid, los expertos en salud global serán más demandados.

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