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Sociedad

Tercer Milenio

Entrevista

Carlos Pobes: “Pensemos que al final el sol termina saliendo, incluso en el Polo Sur”

A cargo de un experimento, pasó un año entero en la Antártida, aislado durante meses. De aquella experiencia sacó Carlos Pobes algunas lecciones que ahora aplica a la cuarentena por la Covid-19. Físico de astropartículas (Zaragoza, 1976), Pobes es investigador posdoctoral del CSIC en el Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón.

Carlos Pobes recuerda su estancia en la Antártida desde su casa.
Carlos Pobes recuerda su estancia en la Antártida desde su casa.
C. P.

Estuvo un año entero en la base Amundsen-Scott en mitad de la Antártida –ocho de los doce meses totalmente aislado por el invierno austral–, pero no fue por culpa de ningún virus.

En 2011 fui seleccionado para operar y cuidar un telescopio de neutrinos en el Polo Sur geográfico. Mi labor era garantizar, en los meses invernales, que el instrumento seguía operativo y funcionaba correctamente.

Ahora, como todos nosotros, está confinado pero en casita. Será muy diferente.

Pues casi es peor esto. Se hace duro porque es un confinamiento forzoso y aquella fue una decisión voluntaria. Ahora estoy en un pisito diminuto y la base antártica era bastante grande, con gimnasio, cinta para correr..., hasta podíamos salir, pese al frío. Desde que se fue el último avión el 29 de marzo, la temperatura media fue 65 grados bajo cero, la mínima: -76ºC.

¿Cómo le ayuda haber sido un ‘winter over’ en la Antártida?

Aplico la filosofía de allí: aprovechar el tiempo y, además de teletrabajar –las medidas a bajas temperaturas en el laboratorio se han parado, pero podemos analizar desde casa los datos acumulados–, dedicar un tiempo al ocio, a leer, a hacer actividades físicas... ¡Llevo corridos más de cien kilómetros dentro de casa! Por mi experiencia en la Antártida, estaba prevenido y sabía que al alterar la rutina diaria y reducir la actividad física, pueden aparecer alteraciones del sueño. Era consciente de la importancia de mantener las rutinas y horarios diarios y también los ciclos semanales, porque, sin salir, pierdes la diferencia entre un lunes y un domingo. Por eso también aconsejo reservar para el fin de semana algo especial: una comida diferente, ver una película o dedicar tiempo a uno mismo.

No es lo mismo estar solo que convivir con otros.

Estar solo en casa, como es mi caso, tiene ventajas e inconvenientes. Te falta el contacto con la gente, pero evitas los roces de estar 24 horas encerrados en un piso pequeño. En la Antártida éramos 50 personas, pero la base era lo suficientemente grande como para poder tener actividad social en momentos comunes como las comidas, jugar a juegos de mesa, partidos en la cancha..., pero disponer de una habitación individual para poder retirarte a leer y descansar. En confinamiento, es importante definir y respetar los espacios y los tiempos de cada cual. Y ejercitar el autoconocimiento, descubrir tus debilidades, qué te hace saltar o derrumbarte, para anticiparte y no llegar a situaciones límite.

La experiencia antártica tenía el añadido de estar en un entorno hostil, con posibles riesgos.

No eras consciente del todo, pero nos insistían en la seguridad: por ti y por no poner en peligro a los demás. Ahora, aunque no hay equivalencia, también podemos tomar conciencia de que cuidarnos a nosotros, quedándonos en casa, es cuidar al resto y no colapsar el sistema sanitario.

Para combatir el aislamiento llevó un blog titulado ‘El día más largo de mi vida’. ¿Qué hacer para que el tiempo no se haga eterno?

Además de seguir rutinas y echar mano de los ‘hobbies’, ayuda planear proyectos que impliquen varios días, como ordenar una estantería de libros. Y hacer celebraciones. Junto a todas las bases científicas de la Antártida celebramos un festival de cine; y, ahora, veo que la gente de la divulgación también se está moviendo y el sábado pasado celebró ‘Cienciavisión’.

Por muy bien que se lleve el encierro, es inevitable pasar por fases.

En estabilidad emocional se habla del síndrome de los 3/4. El momento duro viene al 75% del periodo de confinamiento; en la Antártida suele ser en agosto, que se le llama ‘angry August’ porque se dan situaciones tensas. Si en esta situación por el Covid-19 vamos a estar un mes, la primera semana no te lo crees, la segunda haces actividades que te entretienen, la tercera el final se ve lejos, te aburres y es la más dura, en la cuarta ves el final y te vuelves a motivar. Pero hay que tener cuidado. En la Antártida hay gente que pasa estupendamente todo el año y, cuando se mentaliza para marcharse, el tiempo cambia, se cancela vuelo tras vuelo y se desesperan.

Ahora tampoco está claro cuándo va a terminar la cuarentena...

Debemos ser conscientes y mentalizarnos de que va a durar más de lo previsto para prepararnos mentalmente y lidiar con la incertidumbre.

¿Y cómo es el día después de una larga temporada confinado?

De la Antártida no vuelves directamente a la civilización, sino que vas a Nueva Zelanda y pasas un periodo de vacaciones. No me sentí muy raro, pero sí que tenía la sensación de que todo había pasado muy rápido, como un sueño, a veces te preguntabas si había sido verdad. Tardé mucho en soñar con la Antártida. Ahora, aunque pueda parecernos que esto no va a acabar nunca y la cuarentena se haga dura, pensemos que al final el sol termina saliendo, incluso en el Polo Sur. Allí, el 20 de marzo se va y no vuelve a salir hasta el 20 de septiembre. Cuatro de esos seis meses son de oscuridad total. Una buena recomendación ahora es aprovechar la luz natural que tenemos para leer o hacer deporte. 

¿Sacaremos algo bueno de esto?

Que cuando las cosas se ponen feas, somos capaces de unirnos. Como sociedad, tenemos que ver que el crecimiento exponencial de la población mundial y de nuestro impacto sobre el planeta es insostenible. Si no hay una conciencia global de que estamos todos en el mismo barco, en el mismo planeta, las consecuencias serán de nuevo catastróficas. Ojalá esta pandemia nos enseñe que no hay fronteras –tampoco a la hora de cuidar el planeta, mejorar la eficiencia energética, bajar las emisiones de CO2 y los residuos plásticos y basuras que generamos– y ayude a acelerar el proceso de tomar medidas globales para paliar el impacto del ser humano sobre el planeta.

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