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Sociedad

Tercer Milenio

Un novato en la Antártida

A partir de hoy mismo, establecemos línea directa con la campaña antártica. El geofísico Javier Galeano parte este viernes rumbo a una aventura científica que compartirá con todos nosotros desde el blog de Tercer Milenio. Durante un mes, cambiará las aulas de la Escuela de Ingeniería Técnica Agrícola de la Politécnica de Madrid por los paisajes antárticos, un auténtico laboratorio natural. ¿Te vienes?

Miembros del Instituto Andaluz de Geofísica instalando una estación sísmica en la Isla Decepción
antartida
IAG

UN VIAJE INOLVIDABLE

“Se buscan hombres para viaje peligroso. Salario reducido. Frío penetrante. Largos meses de completa oscuridad. Constante peligro. Dudoso regreso sano y salvo. Honor y reconocimiento en caso de éxito”.

Si hacemos caso al llamamiento publicado por Ernest Shackleton en el 'Times' para su expedición polar el 29 de diciembre de 1913, parece raro que alguien respondiese a su nota. Pero el deseo de aventura es atávico en media humanidad. ¿Por qué se va alguien a la Antártida? En mi caso, la respuesta está clara: mi pasión por viajar me domina y pisar un sitio donde solo unos pocos pueden llegar no tiene precio. Desde el punto de vista del trabajo, ¿se le puede ocurrir a alguien un mejor laboratorio natural? Así que, a pesar de mis cuarenta y pocos tacos, como diría Joaquín Sabina, dentro de muy poco seré novato en la Antártida.

Como las cosas importantes en esta época, todo empezó con un email. En él, un colega me decía que había una plaza para ayudarle en sus trabajos en la base española Gabriel de Castilla, en una de las islas Shetland del Sur, Antártida,... y me apunté a la aventura.

En abril de 2010, me encontraba realizando una estancia en un laboratorio de la Università degli Studi di Roma 3, para aprender a trabajar con modelos de laboratorio de tectónica de placas, cuando recibí un email en copia. Mi amigo y colega Antonio Villaseñor, del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), me proponía como su ayudante para trabajar en el proyecto de detección de actividad sismovolcánica de Decepción, una de esas pequeñas islas que se ven antes de tocar la península Antártica. El mensaje iba dirigido a la investigadora principal del proyecto, Inmaculada Serrano, del Instituto Andaluz de Geofísica. El viaje se ponía en marcha.

En pocos meses, todo fue una locura: correos electrónicos, curriculums vitae, exámenes médicos con doce especialistas, análisis de orina y de sangre, cinco vacunas y una ecografía de los riñones, comprar ropa térmica, reuniones... Ahora, pocos días antes de irme, todo está mucho más tranquilo.

La pregunta que más escucho estos días entre mi familia, amigos y compañeros es: “¿Pero qué vas a hacer en la Antártida?”. La respuesta es más o menos siempre la misma: “Voy a monitorizar y estudiar la sismicidad volcánica de la isla Decepción”.

La isla Decepción es, como su forma circular predice, la cima de un volcán. De hecho, es el volcán activo más grande en la zona del estrecho de Bransfield, que nos separa de la península Antártica. Más del 50% de la isla está cubierta por glaciares y, el resto, por los piroclastos que se generan en las erupciones. Lo de las erupciones volcánicas no es baladí: la más importante ocurrida en tiempos modernos, el 4 de diciembre de 1967, destruyó las dos bases chilenas y la británica.

Mi trabajo en la Antártida tiene que ver con el carácter volcánico de esta isla. Desde 1994, el Instituto Andaluz de Geofísica (Universidad de Granada) viene encargándose de mantener el registro de la actividad sismovolcánica de Decepción. Nuestra labor será mantener la instrumentación en perfecto estado y revisar los datos sísmicos, para que los registros puedan seguir efectuándose. Estos datos nos permitirán detectar cualquier cambio en el régimen sismovolcánico y poder alertar del riesgo sísmico. Esta alerta es realmente importante para la base y para toda la isla. La isla Decepción es uno de los emplazamientos antárticos más visitados por el turismo, así que es realmente importante la vigilancia del volcán a través del registro de su sismicidad.

Igual que históricos expedicionarios llevaron un diario de sus andanzas, a partir de hoy relataré las mías en formato blog.

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