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Sociedad

Tercer Milenio

Aquellos maravillosos inventores

Camillo Olivetti, el inventor de la primera máquina de escribir italiana

Más de 3.000 piezas de acero, fabricadas y montadas manualmente, componían la que fue la primera máquina de escribir italiana. Veinte kilos de belleza y elegancia al servicio de la funcionalidad. Puro diseño industrial italiano de la mano de Camillo Olivetti que, en lugar de imitar o copiar, se lanzó a crear un modelo propio, inspirado en las prestigiosas máquinas Underwood, pero justamente para superar sus limitaciones con novedosas soluciones que aportaron versatilidad y rapidez.

Máquina de escribir Olivetti modelo M20, el segundo en salir al mercado hace ahora cien años, en 1920.
Máquina de escribir Olivetti modelo M20, el segundo en salir al mercado hace ahora cien años, en 1920.

Camillo Olivetti nació el 13 de agosto de 1868 en la pequeña localidad e Ivrea, en el noroeste de Italia, a escasos 50 km de Turín, en el seno de una familia judía. Tras graduarse como ingeniero eléctrico en la Escuela Técnica para Ingenieros de Turín, completó su formación en Londres, donde trabajó un año en una fábrica de instrumentos eléctricos. Posiblemente por su conocimiento del idioma, su antiguo profesor Galileo Ferraris le invitó a acompañarlo al Congreso Eléctrico que se celebraba en Chicago en 1893. Allí tuvo ocasión de conocer a su ídolo, Thomas Edison, una oportunidad que Camillo no iba a desaprovechar.

Acabado el congreso, optó por permanecer un curso en Estados Unidos tras conseguir un puesto de asistente electrotécnico en la Universidad de Stanford, lo que le permitió ampliar su formación en física e ingeniería. En Estados Unidos nació asimismo su fascinación por las máquinas de escribir, que comenzaban a irrumpir con fuerza en el mercado.

Empresario

En 1894 retornaba a Italia, a su localidad natal, y se asociaba con unos antiguos camaradas de estudios para fundar una empresa. Tras valorar, por iniciativa de Camillo, la posibilidad de dedicarse a la importación y venta de máquinas de escribir, finalmente optaron por establecer una fábrica de instrumentos eléctricos de medición. El incremento de la producción les llevó a trasladarla primero a Milán, en 1905, pasando a denominarse C.G.S (Centimetro, Grammo, Secondo), y luego a Monza.

Sin embargo, en 1908 Camillo Olivetti decidía abandonar la compañía, al parecer por desavenencias con sus socios en cuanto a la inversión en investigación y desarrollo. Una vez más, volvía a su Ivrea natal para fundar su propia compañía, la Ing. C. Olivetti & C., ahora sí, dedicada a la fabricación de máquinas de escribir. En su maleta viajaban ya los bocetos iniciales del que iba a ser el primer modelo de máquina Olivetti. La fábrica se instaló en un modesto edificio de ladrillo rojo en mitad de un descampado a las afueras de Ivrea, con un capital inicial de 350.000 liras y apenas cuatro trabajadores.

La producción se demoraría tres años porque, a finales de 1908, Camillo viajaba a EE. UU., esta vez con el objetivo de estudiar y familiarizarse con el funcionamiento de las factorías de máquinas de escribir estadounidenses y adquirir la maquinaria y equipos necesarios para su fábrica.

Un diseño propio

A su vuelta, Camillo dedicó el siguiente par de años a diseñar y fabricar la primera Olivetti, con un diseño propio inspirado en las prestigiosas Underwood, , estudió y analizó su funcionamiento y limitaciones y se centró en desarrollar novedosas soluciones que las salvaran y la hiciesen más versátil y rápida. Puso el foco fundamentalmente en el mecanismo del carro, para que operase a mayor velocidad, y en los materiales para su fabricación, apostando por el acero fundido, más elástico y a la vez resistente que el hierro de sus competidoras. 

Por fin, en 1911, en la Exposición Universal de la Industria y el Trabajo de Turín, la compañía Olivetti presentaba los dos primeros ejemplares de la M1: la primera máquina de escribir italiana, un ejemplo de belleza y elegancia al servicio de la funcionalidad.

Y la M1 se ajustaba a ese ideal: con un teclado estándar de 4 filas y un carro con capacidad para un rollo de papel de 33 cm que permitía líneas de 110 caracteres; con una cinta de dos colores y con un ágil y fluido mecanismo de retorno automático. Construida en acero, pesaba aproximadamente 20 kg y contaba con más de 3.000 piezas fabricadas y montadas manualmente, incluidas cada una de las 42 teclas.

Menos de un mes después de la clausura de la feria, la compañía Olivetti suscribía un contrato con el Ministerio Naval italiano para el suministro de 100 de sus máquinas. Al que siguió otro con el Servicio Postal italiano para la entrega de 50 ejemplares. En 1912, la modesta fábrica de 500 m2 en las afueras de Ivrea contaba con 20 trabajadores y producía 20 máquinas a la semana. Ese mismo año abría una nueva factoría en Milán, a la que seguirían otras en Génova, Roma y Nápoles. En 1914, la empresa empleaba a un centenar de operarios y producía cuatro máquinas al día. Tras el obligado paro motivado por la I Guerra Mundial, en 1920 la producción alcanzaba las 6.000 unidades. 

Elegante y funcional

Ese mismo año salía al mercado su segundo modelo, la M20, con el que la elegancia en el diseño y la funcionalidad se convertían definitivamente en seña de identidad. De hecho, Olivetti iba a ser una de las impulsoras y máximos exponentes del reconocido y reconocible diseño industrial italiano. No podía ser de otro modo cuando la firma, ya desde sus inicios, impulsó un novedoso programa de diseño que, a lo largo de los años, contó con los más prestigiosos profesionales. Abarcaba tanto la forma de las máquinas como sus tipografías y las campañas publicitarias. Una fórmula que ya había puesto en práctica en el lanzamiento de la original M1, con un anuncio diseñado por el publicista Teodoro Ferrari que mostraba al escritor más importante de las letras italianas, Dante Aligheri, con una de esas máquinas.

Dante aparecía en un anuncio de la original M1, diseñado por el publicista Teodoro Ferrari
Dante aparecía en un anuncio de la original M1 diseñado por el publicista Teodoro Ferrari

Camillo Olivetti se significó políticamente toda su vida. De ascendencia judía y afín al socialismo, aprovechó su creciente fama y prestigio para difundir sus ideas con artículos de opinión en periódicos, donde defendía los derechos de los trabajadores, convicciones que implantó en sus propias fábricas. Tras el ascenso de Mussolini, no dudó en criticar el nuevo régimen. Sin embargo, hubo de aparcar su beligerante actividad política ante la amenaza de que el régimen fascista tomase represalias contra sus fábricas. Cuando Mussolini aprobó sus leyes antisemitas, no le quedó más remedio que emigrar con su familia a la fronteriza ciudad suiza de Biella. Localidad en la que fallecía en 1943 y donde se celebró su funeral, al que asistieron muchos trabajadores de sus fábricas, desafiando al régimen fascista.

Antes, en 1932, había delegado la dirección de la compañía en su hijo Adriano, quien le dio un nuevo y definitivo impulso. Sorteando su ascendencia judía en la Europa de la época y la II Guerra Mundial, Adriano potenció el programa de diseño; sublimó las medidas a favor de los trabajadores y el amor a la localidad natal de su progenitor invirtiendo y transformando Ivrea; e introdujo nuevos campos de producción: en 1948, Olivetti lanzaba la primera calculadora eléctrica. En 1959, el primer ordenador eléctrico. Ese mismo año adquiría la prestigiosa firma Underwood, la misma cuyas máquinas habían inspirado a su padre. Y, en 1978, junto a Casio Co. introducían la primera máquina de escribir electrónica. Finalmente, en 1999 la compañía Olivetti, arrastrada por la vorágine de los nuevos tiempos y mercados se integraba en una sociedad de compañías multinacionales.

Miguel Barral Técnico del Muncyt

Esta sección se realiza en colaboración con el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología

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