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Sociedad

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¿Tenemos suficiente empatía con nuestros hijos?

La falta de entendimiento con nuestros hijos e hijas es causa de enfrentamientos y conflictos frecuentes que dificultan el proceso educativo e incluso complican la convivencia. Nos falta empatía.

Young parents lie with their son on the bed
Young parents lie with their son on the bed
Freepik

Llamamos empatía a la sensibilidad personal para atender y comprender la vida emocional de los demás, buscando una perspectiva afectiva y global, al margen de que compartamos el enfoque de su situación.

La falta de entendimiento con nuestros hijos e hijas es causa de enfrentamientos y conflictos, que dificultan el proceso educativo e incluso complican la convivencia. En ocasiones, es la falta de empatía la que nos imposibilita poder argumentar adecuadamente, la que nos dificulta para convencer, de manera eficaz, a nuestros hijos. Así pues, si conocemos los motivos que generan determinados comportamientos, es decir, si comprendemos bien las emociones que subyacen bajo sus argumentos, estaremos allanando el camino hacia el diálogo.

De manera recíproca, fomentaremos el desarrollo de su empatía por imitación, dando ejemplo, y, a la vez, estaremos educándoles en una herramienta emocional tremendamente eficaz, que permite disfrutar de las relaciones sociales, participando más con nuestras amistades; una herramienta que ayuda a sentirse personalmente mejor, a solucionar conflictos, a ayudar a los demás, que incrementa la autoestima y que, además, es consustancial en el desarrollo de otras competencias tan importantes como la comunicación, el liderazgo, la negociación o el trabajo en equipo, entre otras.

Pautas de conducta

Como mejor se potencian las competencias es con un entrenamiento personal. Así pues, para reforzar nuestra empatía debemos ir trabajándola con ejercicios específicos que nos permitirán incrementarla progresivamente. En este caso, una buena práctica consiste en intentar entender una conversación, sin escuchar las voces de los interlocutores, para llevar, centrar, nuestra atención hacia el lenguaje no verbal. El objetivo final es que, por un lado, seamos más capaces de leerlo, lo que nos permitirá entender las emociones que se encuentran detrás de las palabras, y, por otro, conseguir aplicarlo a nuestros actos comunicativos, pues facilitará a la otra parte el entendimiento, ya que, de esta manera, el mensaje es percibido antes y más fácilmente que con el mensaje verbal.

También deberemos centrar nuestros esfuerzos en mostrar interés y cercanía, creando siempre ambientes que favorezcan una comunicación abierta con nuestros hijos e hijas.

Cuando estemos conversando con ellos, pondremos en práctica nuestra empatía . ¿Como?, pues sin interrumpir sus exposiciones; mirándoles directamente a la cara; tendiendo a dar muestras de que comprendemos lo que nos están trasmitiendo, con independencia, claro está, de que luego nosotros rebatamos o contraargumentemos, lo que, por otra parte, es totalmente lógico e imprescindible.

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