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¿Por qué me pasa?

Por qué no adelgazo aunque deje de comer

El cerebro cuenta con un eficaz mecanismo de seguridad que se activa si comemos poco. Pero hay un modo de quemar grasas.

Elena Sanz 10/03/2018 a las 05:00
No has perdido ni un solo gramo. ¿Cómo es posible?Jodi Green

"Voy a ponerme a régimen", decides. Ni corto ni perezoso, te sometes a una dieta estricta. Restringes tu alimentación concienzudamente. Sin saltártela ni un solo día. Sometiendo tu fuerza de voluntad a una dura prueba. Pero cuando una semana después, henchido de orgullo, te subes a la báscula para comprobar el resultado, tu disgusto es descomunal. Porque resulta que no has perdido ni un solo gramo. ¿Cómo es posible?

La ciencia te da razones para, a pesar del descalabro, no tirar la toalla. Y señala claramente al culpable: nuestro cerebro. Al parecer cuenta con un eficaz mecanismo de seguridad que hace que, si comemos poco, el metabolismo compense, regule el termostato interno y queme menos calorías, para que al final el balance entre consumo y gasto dé cero. Un sabotaje en toda regla. Aunque eso sí, bienintencionado.

Clemence Blouet y sus colegas de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) decidieron desenmascarar a las neuronas responsables de este estropicio. Su atención se centró en un grupo de células nerviosas del hipotálamo que producen la proteína r-Agouti (AgrP). Neuronas que nos empujan a engullir comida cuando se activan, y que si se desconectan hacen que el apetito se esfume hasta incluso sumirnos en la más absoluto anorexia. En experimentos con ratones consiguieron encontrar un interruptor molecular para apagar las neuronas AgrP.

Ahí dieron con la clave: cuando se ponían en 'off' no solo bajaba la ingesta, sino que estas mismas células nerviosas también daban la orden de ahorrar energía, detener la quema de grasas y limitar el número de calorías que lanzamos a las calderas del metabolismo. Así de rotundo. A veces, durante semanas. Una garantía de supervivencia para nuestros antepasados cuando escaseaban los alimentos, sí. Y también una faena para la sociedad occidental actual, sobrealimentada, cuando intenta ponerse a dieta.

La buena noticia es que estas neuronas no pueden impedir la quema de grasas cuando la dieta se combina con ejercicio. "Hasta que desarrollemos terapias para reducir la obesidad basándonos en nuestros hallazgos, la única solución es simultanear la reducción de calorías consumidas con actividad física", concluyen los autores del estudio.

 

 





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