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Las diferencias entre caducidad y consumo preferente en los alimentos, según la OCU

La estrategia ‘Farm to fork’ (de la granja al tenedor) de la Comisión Europea quiere reducir el desperdicio de alimentos.

Huevos. Comida. Alimentación.
Si se separan las fases del huevo, tiene un olor raro o se corta el cocinado hay que desecharlo.
Pixabay

Dentro de la agenda 2030 de la Comisión Europea ha cobrado importancia la iniciativa ‘Farm to fork’ (de la granja al tenedor), que busca una toma de conciencia sobre los desperdicios de comida y pretende reducir su incidencia en la región en un 50% dentro de una década. En este esfuerzo se ha hecho hincapié en diferenciar con claridad dos conceptos: fecha de caducidad y consumo preferente. Es una cuestión de normativa renovada, y también de aprendizaje para los consumidores.

Fecha de caducidad

Este concepto afecta sobre todo a productos frescos, como carnes o pescados. De hecho, la fecha de caducidad marca un riesgo claro de intoxicación si no se respeta adecuadamente, ya que identifica la aparición potencial de bacterias patógenas. Si no se va a consumir antes de la fecha de caducidad, lo inteligente es congelar y consumir más adelante, sin volver a congelar en caso de que no se ingiera por completo.

Fecha de consumo preferente

Aquí hay más flexibilidad, porque la información es orientativa. No hay un riesgo microbiológico inminente, aunque sí supone pérdida de calidad en el producto. Si esa fecha es muy reciente, hay que aplicar una prueba fundamental: ver, oler y valorar. Si procede, a la basura; si no, a la boca. Hay pistas claras: en bollería, el producto puede estar algo más reseco, o rancio cuando hay aceites y grasa (embutidos, por ejemplo). En algunos casos (como el huevo) hay otra prueba definitiva: cocinarlos y comprobar su comportamiento. Si se separan las fases o se corta el cocinado, hay que desechar el producto.

En general, esa fecha de consumo preferente se puede estirar en función de la vida normal del producto: si dura tres semanas fresco, no hay que pasarse más de dos o tres días, y si es cuestión de conservas con años por delante hasta la fecha de consumo preferente, se puede apurar algo más. No obstante, determinados grupos de población deben limitar el riesgo: niños pequeños, ancianos, embarazadas o personas con inmunosupresión.

La correcta conservación (especialmente en cuanto a no romper la cadena del frío) también es fundamental para que el producto dure en buen estado el tiempo que se le presupone, ya sea refrigerado o almacenado en un lugar fresco y seco. Es importante leer el etiquetado del producto a consumir. Otro dato fundamental: cuando el producto se abre, la fecha de caducidad ya no tiene relevancia.  

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