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Cinco errores que cometemos con la crema solar en verano (y deberíamos evitar)

Según la Academia Española de Dermatología y Venereología, el 88% de la población es consciente de que una exposición al sol excesiva aumenta el riesgo de cáncer de piel, pero sólo el 18% se protege adecuadamente.

La numeración de los protectores solares varía dependiendo del tono de la piel. Además de ese indicador es necesario tener en cuenta la protección UVA, un símbolo que a veces está un poco escondido en los envases.

Con la llegada del verano, las ganas de lucir una piel morena aumentan. Así, con la excusa de ir a refrescarse a piscinas urbanas (o alguna de las naturales que salpican nuestro paisaje), son muchos los que se arman de crema solar, bronceador y un taper hasta arriba de zanahorias (por eso de que los beta-carotenos son aliados del moreno) y se postran bajo el sol durante horas en pos de lograr su misión: bronceado rápido y duradero sin muchos esfuerzos. Pero, rara vez suele conseguirse este binomio, pues las quemaduras, el problema dermatológico más común en verano, son las primera aparecer.

Según la Academia Española de Dermatología y Venereología, el 88% de las personas es consciente de que una exposición al sol excesiva aumenta el riesgo de cáncer de piel, pero sólo el 18% se protege adecuadamente. Por ello, los expertos recomiendan extremar las precauciones y cuidar especialmente la piel durante los meses de calor para nutrirla y que esté sana, así como ser cuidadoso con la forma en la que lo hacemos, ya que no siempre sabemos darnos crema como es debido.

Crema solar: cinco errores que no deberías cometer

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1

Echar poca cantidad

La obsesión por lucir un buen color de piel en verano nos lleva, en ocasiones, a racanear con la protección solar. Este uno de los errores más frecuentes, ya que, teniendo el índice de protección contempla una cantidad suficiente como para poder cubrir la piel de forma homogénea. Cabe destacar que cualquier momento, bien sea en casa o en la playa, es bueno para volvernos a hidratar, pues lo importante es la frecuencia con la que lo hacemos, no el lugar que elegimos.

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2

Cambiarla por el bronceador

No hace falta estar bajo el sol diez horas para conseguir un color bonito y, lo que es más importante, saludable; y, tampoco, embadurnarse de bronceador con poco (o ningún) índice de protección. Conviene no perder de vista que la crema no impide que nos pongamos morenos, aunque sí que esto ocurra de manera rápida y controlada, lo que disminuye las posibilidades de quemarnos y padecer enfermedades de la piel. 

Cielo nublado en la playa.
3

Si no hay sol... ¡no hay crema!

La radiación solar está presente en todo momento y, por tanto, nuestra piel en peligro. Por eso, aunque el día de piscina o playa haya salido nublado, y no tengamos la sensación de calor de los días soleados, hay que protegerse adecuadamente.

Chica poniéndose crema en la cara en la playa.
4

Cara y cuerpo, mismo producto

Si bien es cierto que el principio activo de la crema es el mismo, ya sea facial o corporal, también lo es que si elegimos una específica para cada parte del cuerpo, además de protegernos, estaremos mimando nuestra piel

Envase de crema solar en la playa.
5

De un año para otro

Entre los muchos mitos que rodean el mundo de la protección (e hidratación veraniega) destaca el que asegura que hay que tirar las cremas pasada la temporada, ya que su uso puede perjudicar la salud de nuestra piel. Pero, nada más lejos de la realidad. Si las conservamos bien cerradas, sin arena en las juntas y a la temperatura adecuada, no tenemos por qué deshacernos de los productos solares de un año para otro.

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