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Una alimentación personalizada puede mejorar el tratamiento oncológico

Entre los efectos secundarios del tratamiento del cáncer se encuentra la falta de apetito, la alteración del sentido del gusto o los vómitos.

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Pixabay

La nutrición personalizada está vinculada a la efectividad de los tratamientos oncológicos, ya que estos pueden acarrear la pérdida de masa muscular, también conocida como sarcopenia, lo que repercute negativamente, tanto en la evolución clínica del paciente oncológico como en las complicaciones que le pueden afectar, según ha explicado la investigadora especializada en nutrición oncológica en Fundación QUAES, Blanca Muresan.

La correcta alimentación siempre es importante para la salud, pero lo es aún más en estos pacientes, por este motivo la Fundación Quaes ha diseñado un protocolo para evitar la desnutrición en pacientes con cáncer y mejorar su calidad de vida, un avance que puede beneficiar a más del 50 por ciento de los pacientes.

Este procedimiento se centra en la alimentación como aspecto fundamental en el proceso terapéutico del cáncer, ya que algunos de sus efectos secundarios, tales como falta de apetito, náuseas, vómitos, malabsorción o la alteración del sentido del gusto, conllevan una fuerte pérdida de proteínas, componente esencial de los músculos y principal soporte para resistir el fuerte impacto de los tratamientos. De esta manera, la creación de dietas específicas ayuda a optimizar la terapia, disminuye la astenia y recorta los periodos de ingreso hospitalario.

El método se basa en aprovechar el TAC de planificación, necesario para diseñar el volumen de irradiación y la planificación de la terapia oncológica, para analizar con precisión la composición corporal de cada persona. Desde el punto de vista de los expertos, este procedimiento, ya en fase de estudio avanzado, está arrojando resultados muy positivos.

"Esto permite recabar toda la información necesaria para crear un programa nutricional personalizado, que se adapta a la condición física del paciente y tiene en cuenta factores como el tipo de tumor que se le ha detectado. Se usan cortes específicos del TAC, como el del tercer lumbar (L3), que es un método recientemente validado en oncología, a los que se aplican fórmulas de medición para obtener una imagen detallada del cuerpo", ha señalado la experta.

En la misma línea, el responsable de la unidad de resonancia magnética y TAC y jefe de servicio de Oncología Radioterápica ERESA en el Hospital General de Valencia, José López Torrecilla, ha resaltado que "esta tecnología permite estudiar el estado nutricional del paciente sin necesidad de realizar nuevas pruebas específicas, valorando mediante un postprocesado en el propio centro hospitalario la cantidad de tejido muscular y adiposo del enfermo".

Los especialistas en la unidad de oncología radioterápica de ERESA en el Hospital General de Valencia, Ana Hernández Machancoses y Enrique García Miragall han afirmado que "puede incluso llegar a ser un predictor de la tolerancia y la respuesta al tratamiento, de tal forma que ya se está viendo que los pacientes con un estado nutricional adecuado tienen mejores resultados desde el punto de vista de toxicidad y de control tumoral".

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